Fernández de Cossío juega a la estadística: agradece los 2,5 millones, pero exige coordinación para no «politizar» las bolsitas
El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, describió este miércoles la ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos tras el huracán Melissa como «bolsitas individuales de alimentos y aseo más otros materiales que siempre se agradecen», una declaración que busca minimizar el impacto de los envíos estadounidenses en medio de la peor crisis humanitaria que enfrenta la isla en décadas.
La declaración de Cossío, publicada en sus redes sociales, parece una respuesta directa a las palabras del secretario de Estado Marco Rubio, quien un día antes había declarado en la Casa Blanca que Washington está «dispuesto a enviar más ayuda humanitaria a Cuba a través de la Iglesia», pero que es el régimen cubano el que lo impide. «No nos dejan dar más ayuda humanitaria a su propio pueblo», afirmó Rubio, quien anunció que llevará el tema a su reunión con el papa León XIV en el Vaticano, prevista para este jueves.
Cifras y contradicciones: 9 millones de dólares frente a «bolsitas»
Fernández de Cossío reveló que, de los 3 millones de dólares prometidos por Washington en octubre de 2025 —tras el paso del huracán de categoría 3 por el oriente cubano—, han llegado al país bienes valorados en 2,5 millones de dólares, y que «pronto se completará el resto». El funcionario también mencionó que EE.UU. amplió su ayuda con otros 6 millones de dólares, anunciados «desde hace meses», elevando el total comprometido a 9 millones, todos a distribuirse a través de la Iglesia Católica.

Imagen/ Cibercuba
Lo que llama la atención es la precisión con la que Cossío maneja las cifras, afirmando saber que lo recibido equivale a 2,5 millones de dólares, pese a que toda la ayuda llega directamente a Cáritas Cuba y la red parroquial, sin pasar por el gobierno cubano. El tono del texto no es de gratitud, sino de condescendencia calculada: «Se espera, como es habitual, que se proceda con la debida coordinación con las autoridades nacionales y el respeto a las leyes de nuestro país, sin politización y atendiendo a los más necesitados».
Una ayuda que alivia, pero no es suficiente
La ayuda, distribuida en las diócesis de Holguín-Las Tunas, Bayamo-Manzanillo, Santiago de Cuba y Guantánamo-Baracoa, ha beneficiado a unas 6,000 familias —hasta 24,000 personas— en una región que aún no se recupera del huracán Melissa. Sin embargo, el contexto es devastador: apagones de hasta 25 horas diarias en más del 55% del territorio cubano, escasez generalizada de alimentos y medicinas, y un sistema de salud al borde del colapso. La ayuda de EE.UU., por más que el régimen la minimice, representa un alivio para miles de familias que el gobierno de Díaz-Canel ha abandonado a su suerte.

Imagen/ Cáritas Cuba
El Departamento de Estado fue explícito en febrero: «El régimen rendirá cuentas ante Estados Unidos y su propio pueblo por cualquier interferencia». Mientras tanto, Rubio insistió en que Washington está dispuesto a hacer más, pero que la dictadura cubana bloquea la entrada de asistencia humanitaria.
Estrategia de desprestigio
No es la primera vez que el régimen adopta esta postura ambivalente. Desde que el gobierno cubano denunció los fines oportunistas de la ayuda de EE.UU. en enero de 2026, el MINREX ha aceptado los bienes materiales mientras cuestiona el método de distribución y acusa a Washington de «manipulación política». La estrategia de Cossío parece ser la de reencuadrar la narrativa oficial: presentar al régimen como cooperador y receptivo, mientras reduce semánticamente los envíos a simples «bolsitas», en contraste con los 9 millones de dólares comprometidos por Washington.
Mientras el régimen juega a la retórica, los cubanos siguen haciendo colas para comprar un pedazo de pan, sobreviviendo a oscuras y viendo cómo sus hijos se marchan en busca de un futuro digno. La ayuda de EE.UU., por más que la llamen «bolsitas», es para ellos una tabla de salvación en medio del naufragio.
