Temporada ciclónica 2026 en Cuba: menos actividad en el Atlántico, pero mayor riesgo de impacto para la isla.

Foto:HCH
El pronóstico del INSMET advierte que, aunque el número de ciclones será inferior al promedio, las probabilidades de afectación directa a Cuba aumentan, manteniendo en alerta a la población y a la Defensa Civil.
El inicio de la temporada ciclónica 2026 en Cuba llega con un panorama que, a primera vista, podría parecer menos preocupante debido a una previsión de menor actividad en la cuenca del Atlántico Norte.
Sin embargo, el reciente pronóstico presentado por el Instituto de Meteorología de Cuba (INSMET) revela un escenario que mantiene encendidas las alarmas: aunque se esperan menos sistemas tropicales, las probabilidades de que Cuba sea impactada por tormentas o huracanes están por encima de la media histórica.
Según el informe oficial, durante esta temporada podrían formarse 11 ciclones tropicales, de los cuales cinco alcanzarían categoría de huracán y, al menos dos, podrían convertirse en huracanes intensos con categoría tres o superior en la escala Saffir-Simpson.
La distribución estimada ubica ocho de estos fenómenos en el Atlántico, dos en el mar Caribe y uno en el golfo de México, una configuración que coloca nuevamente al Caribe como zona clave de vigilancia para la región cubana.
Temporada ciclónica 2026 en Cuba: menos actividad en el Atlántico, pero mayor riesgo de impacto para la isla.
Las cifras de riesgo son claras y preocupantes.
El INSMET calcula un 75 % de probabilidad de que al menos una tormenta tropical afecte al territorio nacional, mientras que la posibilidad de impacto directo de un huracán asciende al 40 %, superando el promedio histórico de 35 %.
A esto se suma un 65 % de probabilidad de formación de huracanes en el Caribe, una cifra que refuerza la necesidad de preparación temprana, especialmente en provincias orientales que históricamente han sido las más vulnerables a estos eventos meteorológicos extremos.
Entre los factores climáticos que influirán en la temporada destaca el enfriamiento reciente de las aguas del Atlántico, aunque los especialistas prevén un incremento de las temperaturas superficiales del mar entre agosto y octubre, justamente en la etapa pico de actividad ciclónica. Paralelamente, la posible llegada de un evento de El Niño moderado o fuerte entre junio y julio podría actuar como un elemento que reduzca parcialmente la formación de ciclones, aunque los expertos advierten que esto no significa ausencia de peligro.
La historia reciente demuestra que una sola tormenta intensa puede provocar daños devastadores.
El ejemplo más fresco es el huracán Melissa, protagonista de la temporada ciclónica 2025 y considerado uno de los ciclones más destructivos en la historia reciente de Cuba. Melissa alcanzó categoría 5 mientras avanzaba por el Caribe y tocó tierra en Santiago de Cuba el 29 de octubre como categoría 3, dejando una estela de destrucción en el oriente del país.
Más de 215 mil viviendas resultaron dañadas, cerca de 645 mil personas fueron afectadas directamente, 642 centros de salud sufrieron daños estructurales y unas 158 mil hectáreas de cultivos quedaron devastadas, golpeando duramente la economía agrícola de la región.
Además, más de 735 mil personas fueron evacuadas y alrededor de tres millones estuvieron expuestas a situaciones de alto peligro para la vida.
Las provincias de Santiago de Cuba, Granma, Holguín y Guantánamo fueron las más castigadas por Melissa, dejando lecciones importantes sobre la necesidad de reforzar infraestructuras, planes de evacuación y sistemas de respuesta rápida.
Con la temporada ciclónica oficialmente comenzando el próximo 1 de junio y extendiéndose hasta el 30 de noviembre, las autoridades meteorológicas y la Defensa Civil insisten en la importancia de mantenerse informados a través de canales oficiales y cumplir las orientaciones de protección.
En un país con alta vulnerabilidad ante huracanes, la preparación sigue siendo la herramienta más efectiva para minimizar pérdidas humanas y materiales.
