HARTOS DE LA OSCURIDAD: ANTILLA EXPLOTA Y EL RÉGIMEN RESPONDE CON DISPAROS Y MILITARIZACIÓN
El municipio costero de Antilla, en la provincia de Holguín, se convirtió en la madrugada del miércoles en el nuevo epicentro del malestar ciudadano que sacude a Cuba. Cansados de casi 24 horas continuas sin electricidad, cientos de vecinos tomaron las calles con cacerolas y ollas, coreando «¡Patria y Vida!» y enfrentándose a las fuerzas del orden. La protesta, que comenzó como un reclamo por los constantes apagones, escaló rápidamente hasta convertirse en una exigencia explícita del fin de la dictadura castrista.
Lo que comenzó en el reparto Flora como un cacerolazo tradicional terminó en una marcha multitudinaria que avanzó hasta el frente de la unidad de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron acalorados enfrentamientos verbales entre los manifestantes y los agentes del Ministerio del Interior (MININT). Para intentar contener a la multitud, los uniformados recurrieron a sus armas de fuego, disparando contra la población. Una fuente local, que pidió anonimato por temor a represalias, confirmó a Diario de Cuba que «la Policía está nerviosa, asustada» y que «hubo disparos de la Policía». Afortunadamente, hasta el momento no se reportan heridos, aunque varios vecinos han sido arrestados.

Imagen/ Mario J. Pentón
UNA RESPUESTA BRUTAL: MILITARIZACIÓN TOTAL Y ARRESTOS
La respuesta del régimen de Miguel Díaz-Canel no se hizo esperar. A las pocas horas de la movilización, Antilla amaneció tomada por tropas especiales y decenas de patrullas procedentes de otros municipios, en un claro intento por sofocar cualquier otro brote de descontento. Vecinos y activistas en el exilio denunciaron que «el pueblo está completamente vigilado», con una fuerte presencia de fuerzas de seguridad en las calles y cortes en las telecomunicaciones para impedir la difusión de la información.
Las fuerzas represoras no se limitaron a desplegarse. En las primeras horas de la mañana del miércoles comenzaron las detenciones selectivas. Hasta el momento han sido identificados seis manifestantes que permanecen en paradero desconocido: Eusebio Martínez Matos, Jacqueline Tope Infante, Braulio Cuenca, Jenni Mone, Jaime Bosh y José Alberto Linet Ramírez. Sin embargo, la cifra podría ser mayor, ya que los cortes de energía y las restricciones en los servicios de telefonía e internet impiden conocer la magnitud real de la represión en la zona.
UN GRITO DE AUXILIO: «AQUÍ HASTA LOS NIÑOS QUIEREN QUE VENGA TRUMP»
Lo que comenzó como un reclamo por la falta de electricidad expuso la podredumbre de un sistema que ya no puede satisfacer las necesidades más básicas de la población. La protesta en Antilla no es un hecho aislado, sino una nueva manifestación de la crisis estructural que vive el país, marcada por una inflación asfixiante, la escasez de alimentos y medicinas, y un colapso energético que mantiene a provincias enteras a oscuras durante más de 20 horas al día.
La fuente consultada por DIARIO DE CUBA reflejó el sentir popular: «Aquí hasta los niños chiquitos están locos porque venga Trump. Ya esto es inviable. Un país que está el día completo sin corriente, sin agua. Todo el mundo lo que quiere es que esto se acabe ya y que Trump lo resuelva, porque saben que esta gente no va a resolver nada». El descontento se ha vuelto tan profundo que muchos vecinos depositan sus esperanzas en una intervención externa, vista como la única manera de acabar con más de seis décadas de dictadura.
EL RÉGIMEN PERMANECE EN SILENCIO MIENTRAS CRECE LA TENSIÓN
Hasta el cierre de esta edición, las autoridades provinciales y nacionales no han emitido ningún comunicado oficial sobre los hechos ocurridos en Antilla. El silencio del régimen contrasta con la efectividad de su maquinaria represiva: en menos de 24 horas, el municipio fue tomado por tropas especiales, se ejecutaron arrestos y se aisló la zona para evitar que las imágenes y denuncias trascendieran al exterior. Este patrón se ha repetido en anteriores estallidos sociales, como las protestas de Morón en marzo de 2026, donde un adolescente fue herido de bala por la policía.
Mientras Cuba sigue sumida en la peor crisis energética de las últimas décadas y el gobierno de Estados Unidos intensifica su ofensiva diplomática con el despliegue del portaaviones USS Nimitz en el Caribe, la espiral de protestas y represión parece no tener fin. En Antilla, el eco de los cacerolazos aún resuena en las calles vacías, y el miedo vuelve a instalarse en los hogares, aunque la chispa de la rebeldía ya se ha encendido y amenaza con extenderse al resto del país.
