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Ernesto Brieva Sempé, la sexta víctima del 11J: un preso político muere de inanición en las mazmorras de La Habana

Ernesto Brieva Sempé, la sexta víctima del 11J: un preso político muere de inanición en las mazmorras de La Habana

by Fred
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Ernesto Brieva Sempé, la sexta víctima del 11J: un preso político muere de inanición en las mazmorras de La Habana

Ernesto Brieva Sempé, la sexta víctima del 11J: un preso político muere de inanición en las mazmorras de La Habana

Imagen/ Facebook

El disidente de 48 años falleció en el Combinado del Este en un estado «grave de desnutrición», con sus derechos anulados y su sentencia revocada, pero encarcelado por «mantener una postura crítica». Organizaciones de derechos humanos denuncian que la Seguridad del Estado vigiló su entierro para intimidar a los familiares. Es la sexta muerte de un manifestante del 11J bajo custodia estatal y la vigésima en lo que va de año.

El círculo se cierra con la muerte de un inocente. La organización de derechos humanos Cubalex confirmó este lunes la noticia que ha estremecido a los familiares de los presos políticos en la isla: Ernesto Brieva Sempé, detenido tras las protestas del 11 de julio de 2021, falleció en la madrugada del 12 al 13 de mayo en la prisión de máxima seguridad Combinado del Este, en La Habana. Tenía 48 años.

Según el parte oficial de Cubalex, el disidente se encontraba en un «estado severo de desnutrición» cuando perdió la vida, consumido lentamente por un sistema penitenciario que, en medio de la peor crisis económica del país, ha comenzado a racionar la comida a los presos como si fueran piezas de un tablero que estorban .

«Es el sexto preso político del 11J que muere bajo custodia del Estado desde 2021», denunció Cubalex en un comunicado difundido por sus redes sociales . El documento advierte que la institución carcelaria operaba bajo un contexto de «drásticas reducciones de las raciones de alimentos para sus reclusos» .

⚖️ El «crimen» de Ernesto: seguir pensando diferente

La historia judicial de Brieva Sempé es un espejo del cinismo jurídico del régimen. Originalmente, fue condenado a cinco años de trabajo correccional sin internamiento por su participación en las protestas en la zona conocida como El Toyo, en el municipio de Diez de Octubre .

Sin embargo, fuentes cercanas a Cubalex confirmaron un giro macabro: «La sanción fue revocada, y él permaneció encarcelado por mantener una postura crítica hacia el sistema» .

Es decir, aunque un juzgado le retiró la sentencia original, el aparato represivo encontró la manera de mantenerlo encerrado utilizando figuras como la «peligrosidad social» o acusaciones genéricas de «desacato». Este patrón ha sido documentado por Prisoners Defenders, que señala cómo la dictadura utiliza una legislación ambigua para mantener detenidos a quienes considera «enemigos», incluso si ya han cumplido sus condenas formales .

En 2021, Brieva había sido condenado junto a otros 14 manifestantes en un juicio donde la Fiscalía pedía 12 años de cárcel para varios de ellos por delitos que iban desde la «sedición» hasta el «desacato», un abanico jurídico que la comunidad internacional ha calificado como herramienta de represión selectiva .

☠️ El entierro vigilado: ni en la muerte hay paz para los disidentes

Si la vida de Ernesto fue una pesadilla tras las rejas, su muerte no fue muy diferente. Cubalex denunció que agentes de la Seguridad del Estado se apostaron en el cementerio durante el sepelio, vigilando a los pocos familiares que se atrevieron a despedirle .

Esta práctica de intimidación a los familiares de las víctimas es habitual en Cuba. Justo esta semana, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) documentó casos similares en otras provincias, donde los agentes toman fotografías y toman nota de los asistentes a los funerales de presos políticos.

El informe de Cubalex, publicado este lunes, es lapidario: la muerte de Ernesto Brieva Sempé eleva a 20 el número de fallecidos en las cárceles cubanas en lo que va de 2026, una cifra que las autoridades oficiales se niegan a reconocer .

📉 El efecto dominó de la crisis: ¿quién cuida a los presos cuando el estado se desmorona?

La muerte de Brieva no es un hecho aislado, sino un síntoma de la descomposición general del sistema penitenciario cubano. La combinación de la crisis energética, que ha paralizado también los sistemas de bombeo de agua en las prisiones, y la falta de alimentos en el mercado nacional, ha golpeado con especial saña a los reclusos .

Las organizaciones de derechos humanos llevan meses advirtiendo de la «rápida descomposición» de las condiciones de vida en las cárceles de la isla. A los cortes de agua se suman las interrupciones en el suministro eléctrico (imprescindibles para la ventilación en un país tropical) y la limitación de las visitas familiares, que eran el único conducto por el que los presos recibían alimentos y medicinas. Antes de su muerte, Brieva Sempé había sufrido un deterioro físico irreversible, probablemente agravado por su condición de salud preexistente .

⛓️ El patrón de impunidad: ni el hambre ni la muerte conmueven al régimen

El caso de Brieva Sempé es el sexto eslabón de una cadena de horror que comenzó con el estallido social del 11 de julio de 2021 . En febrero de 2026, otro preso del 11J, Luis Miguel Oña Jiménez, de apenas 27 años, murió en circunstancias similares: una isquemia cerebral que no fue tratada, una liberación a destiempo bajo «licencia extrapenal», y un fallecimiento al tercer día de libertad, cuando ya era demasiado tarde .

Ernesto Brieva Sempé no levantó barricadas. No portaba armas. Pidió lo mismo que millones de cubanos en el 2021: comida, medicinas y fin de los abusos del poder. Por eso lo encerraron. Por eso lo dejaron morir de hambre. Y por eso la Seguridad del Estado sigue vigilando sus cenizas, como si los muertos pudieran hablar o, peor aún, como si temieran que, incluso en el olvido, la verdad pueda salir a flote.

Cubalex exigió este lunes una «investigación independiente e imparcial» y el fin de las represalias contra quienes ejercen su derecho a la libertad de expresión . Pero en las mazmorras del socialismo, la única independencia que se conoce es la de los jueces que firman las condenas y la de los verdugos que racionan el pan.

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