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Queman oficina de reclutamiento militar en Contramaestre, Santiago de Cuba: la rebelión contra el servicio obligatorio que el régimen no puede ocultar

by Fred
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Queman oficina de reclutamiento militar en Contramaestre, Santiago de Cuba: la rebelión contra el servicio obligatorio que el régimen no puede ocultar

Queman oficina de reclutamiento militar en Contramaestre, Santiago de Cuba: la rebelión contra el servicio obligatorio que el régimen no puede ocultar

Imagen/Facebook

Un cóctel molotov lanzado a través de una persiana incendió el Comité Militar Municipal en el reparto Lumumba. La Seguridad del Estado desplegó perros rastreadores y detuvo a varios jóvenes sospechosos mientras los vecinos respaldan en silencio el acto de rebeldía. Es el episodio más reciente de una ola de desobediencia civil que sacude a Cuba, donde las madres ya no quieren que sus hijos vayan a la guerra

La noche del viernes 20 de marzo, mientras el gobierno cubano intentaba proyectar una imagen de normalidad con la llegada del convoy solidario “Nuestra América” a La Habana, en el municipio de Contramaestre, Santiago de Cuba, ardía un símbolo del poder castrista. La oficina de reclutamiento del Comité Militar Municipal, ubicada en la calle 13 del reparto Lumumba, fue alcanzada por un cóctel molotov lanzado a través de una persiana, en un acto de rebeldía que evidencia el creciente rechazo al Servicio Militar Obligatorio (SMO) .

Según testimonios recogidos por medios independientes, personas aún no identificadas prendieron fuego al interior del local, destruyendo documentos relacionados con el alistamiento de jóvenes para cumplir el servicio militar . El incendio, intencional y calculado, desató una rápida movilización de la Seguridad del Estado y la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), que desde las primeras horas del sábado mantenían un amplio despliegue en la zona .

Perros rastreadores y detenciones: la respuesta del régimen

Un vecino que reside cerca del lugar relató que los agentes permanecieron en el área mientras avanzaban las pesquisas sobre el origen del siniestro. Según su testimonio, las autoridades utilizaron perros rastreadores para buscar huellas en las cercanías del edificio . Varios jóvenes fueron recogidos tras ser señalados por los animales y permanecerían en calabozos mientras continúan las investigaciones, aunque las autoridades no han confirmado oficialmente estas detenciones .

Las imágenes difundidas en redes sociales muestran daños visibles en la instalación y apuntan a la posible destrucción de expedientes vinculados al reclutamiento. El hecho ha generado comentarios entre los residentes de Contramaestre, donde persiste el temor a nuevas detenciones y a un aumento de la vigilancia en el municipio .

«Las madres no quieren que los hijos vayan a la guerra»

El incendio en la oficina de reclutamiento no es un acto aislado de vandalismo, como intenta presentarlo la prensa oficial. Es la expresión más cruda de un rechazo profundo y creciente al Servicio Militar Obligatorio en Cuba, un sistema que durante años ha sido denunciado por familias, activistas y ciudadanos .

«Las madres no quieren que los hijos pasen el Servicio Militar obligatorio porque dicen que los están preparando para la guerra», afirmó una residente identificada como Mercedes Aguilar . La declaración resume el sentir de miles de familias cubanas que ven cómo sus hijos son enviados a unidades militares con condiciones precarias, donde han ocurrido muertes por negligencias en el uso de armas, falta de atención médica o violencia por parte de los responsables .

En los últimos años, las denuncias se han multiplicado. Jóvenes que regresan con secuelas físicas y psicológicas, familias que nunca obtienen respuestas sobre lo que realmente ocurre dentro de los cuarteles, madres que hacen colas interminables para solicitar información sobre sus hijos. El servicio militar obligatorio, lejos de ser un deber patriótico, se ha convertido para muchos en una condena .

El contexto: una isla que arde

El incendio en Contramaestre no es un hecho aislado. Se suma a una ola de desobediencia civil que ha sacudido a Cuba en las últimas semanas, en medio de la peor crisis energética de la historia de la isla. El 13 de marzo, en Morón, Ciego de Ávila, manifestantes irrumpieron en la sede municipal del Partido Comunista de Cuba durante protestas por los apagones. En medio de la manifestación, un agente disparó e hirió a un joven .

En semanas recientes también se han registrado cacerolazos, manifestaciones nocturnas y quema de basureros en barrios de La Habana, señales de un descontento social que ya no puede ocultarse tras la propaganda oficial. Los apagones que superan las 20 horas diarias, la escasez de alimentos, la falta de combustible y el colapso de los servicios básicos han llevado a la población al límite .

En este contexto, el ataque a la oficina de reclutamiento adquiere un significado especial. No es solo una protesta contra las condiciones de vida, sino un rechazo explícito al aparato militar del Estado, a la lógica de la guerra y al reclutamiento forzoso que obliga a los jóvenes a servir a un sistema que no les ofrece nada a cambio.

La respuesta oficial: silencio y represión

Hasta el momento, el gobierno cubano no ha emitido declaraciones oficiales sobre el incendio en Contramaestre. Ni el Ministerio del Interior (Minint) ni las autoridades locales han informado sobre las detenciones ni sobre el estado de los jóvenes apresados. El silencio oficial contrasta con la rapidez con que se movilizaron las fuerzas de seguridad y con el despliegue de perros rastreadores para identificar a los responsables .

La prensa oficial, por su parte, ha minimizado el hecho. El diario provincial Sierra Maestra aún no ha publicado una línea sobre lo ocurrido, en una estrategia de ocultamiento que busca negar la existencia del descontento social. Pero en Contramaestre, como en Morón, como en La Habana, la realidad se impone sobre la propaganda .

Un símbolo que arde

La oficina de reclutamiento en Contramaestre era, como todas las de su tipo en Cuba, un espacio donde se gestionaba el destino de miles de jóvenes. Allí se archivaban los expedientes, se tramitaban las prórrogas, se ejercía la presión sobre las familias para que cumplieran con el servicio militar obligatorio. Ahora, sus documentos están reducidos a cenizas.

El cóctel molotov que atravesó la persiana no fue solo un acto de vandalismo. Fue un mensaje, dirigido a un sistema que ha perdido toda legitimidad. Y mientras la Seguridad del Estado busca a los responsables, en los barrios de Contramaestre, en las conversaciones entre vecinos, en los grupos de WhatsApp, el mensaje ha sido recibido con un silencio que es, en sí mismo, un respaldo.

«Las madres no quieren que los hijos vayan a la guerra», dijo Mercedes Aguilar. En Contramaestre, al menos por una noche, las madres ganaron. Y su grito, aunque silenciado por la censura oficial, sigue resonando.

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