Cuba insiste en el diálogo mientras enfrenta su peor crisis energética

Foto: Estereocentro
El reciente pronunciamiento del vicecanciller cubano, Carlos Fernández de Cossío, vuelve a poner en evidencia la desconexión entre el discurso oficial y la realidad que enfrenta la población en la isla.
En medio de una profunda crisis energética, escasez de alimentos y un creciente malestar social, el gobierno insiste en proyectar una imagen de firmeza, soberanía y control, mientras evita asumir responsabilidades internas.
Cuba insiste en el diálogo mientras enfrenta su peor crisis energética
Durante una entrevista, el funcionario afirmó:
“Francamente, no sé de qué habla, pero te puedo decir que Cuba es un país soberano. Tiene derecho a ser un país soberano y a la autodeterminación. Cuba no aceptará ser un estado vasallo o dependiente de otro país o superpotencia. Esperamos que no haya ninguna acción militar y francamente no vemos una razón para ello. Nuestro ejército siempre está listo y se está preparando estos días para la posibilidad de una agresión militar. Seríamos muy inocentes si no lo hiciéramos, viendo lo que está pasando en el mundo. Pero esperamos realmente que eso no suceda… Estamos preparados para lo que venga».
El énfasis en una supuesta amenaza externa contrasta con la urgencia de los problemas internos.
Mientras el gobierno habla de preparación militar, millones de cubanos enfrentan apagones prolongados y una inflación descontrolada.
La narrativa de “resistencia” parece más un recurso político que una estrategia efectiva para mejorar las condiciones de vida.
En cuanto al diálogo con Estados Unidos, Fernández de Cossío aseguró:
“En las conversaciones con Estados Unidos la naturaleza del gobierno cubano, su estructura e integrantes no son parte de la negociación. Eso no es algo que un país soberano negociaría”. Sin embargo, esta postura rígida limita cualquier posibilidad de reformas profundas que podrían aliviar la crisis.
El vicecanciller también expresó:
“Nuestro objetivo es tratar de construir una relación respetuosa… Nuestra prioridad es salvar a nuestro pueblo de ser dominado por una potencia extranjera, una Cuba que superamos hace mucho tiempo. Una Cuba de la cual la gente no recuerda muy bien, solo muy pocos. Y para proteger a nuestra gente, la paz que tenemos en nuestro país, la tranquilidad de nuestro país, la justicia social que hay en Cuba, el sentido de solidaridad, esa es la naturaleza de Cuba y es nuestra prioridad protegerla”. No obstante, esa visión idealizada choca con la realidad de una población que cada vez tiene menos acceso a bienes básicos y más razones para emigrar.
En un intento por mostrar apertura, agregó:
“El gobierno actual de Estados Unidos ha dicho que quiere Make America Great Again. No tenemos objeción con eso. Que quieren fronteras más seguras. No tenemos objeción. Incluso, podemos ayudarlos con eso. Que no quieren migración ilegal en su país y no tenemos objeción con eso. De hecho, podemos ayudarlos. Podemos pelear juntos contra el tráfico de drogas. El crimen organizado en nuestra región. También podemos hablar de negocios. Hay cambios en Cuba en estos momentos. En nuestra política de inversiones, en la estructura de propiedad en Cuba, de tal manera que haya diferentes formas de propiedad en Cuba, lo cual puede ser interesante para Estados Unidos y los estadunidenses que no pueden hacer negocios con Cuba hoy porque su propio gobierno se los prohíbe”.
A pesar de estas declaraciones, la falta de transparencia y garantías jurídicas continúa siendo un obstáculo clave para cualquier inversión extranjera significativa.
Finalmente, el funcionario defendió la postura del gobierno ante la crisis afirmando:
“No puedes culpar al gobierno si tienes a la nación más poderosa del mundo, dedicando muchos recursos, para crear ese escenario. Espero que los estadunidenses sepan que no está bien que se amenace a una nación de la manera en que Estados Unidos lo está haciendo con nosotros”.
Este argumento, repetido durante décadas, ya no convence a muchos ciudadanos dentro y fuera de la isla.
Si bien el embargo influye, atribuirle toda la responsabilidad resulta cada vez más insostenible frente a la ineficiencia estructural y la falta de reformas profundas. Cuba parece atrapada entre un discurso que apela al pasado y una realidad que exige cambios urgentes.