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En Matanzas, el sueño del emprendimiento se desvanece: los pequeños negocios cierran ante la caída de las ventas y una inflación que no da tregua

En Matanzas el sueño del emprendimiento se desvanece: los pequeños negocios cierran ante la caída de las ventas y una inflación que no da tregua

by Betty
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En Matanzas el sueño del emprendimiento se desvanece: los pequeños negocios cierran ante la caída de las ventas y una inflación que no da tregua

«Para los bolsillos de los cubanos la prioridad es la comida. Todo lo demás tiene que esperar». La frase, dicha por un pequeño comerciante de Matanzas, resume el momento crítico que atraviesan los emprendedores de la ciudad. Mientras la crisis económica y energética se profundiza en toda la isla, los negocios privados que alguna vez florecieron como alternativa al estado se desangran lentamente por falta de clientes dispuestos a gastar en lo que no sea indispensable.

A pocas cuadras de la Plaza de la Vigía, Yunia repasa una libreta donde los números están escritos con desgano. La suma no cuadra: apenas 2.200 pesos en toda la mañana. Detrás de ella, collares, pulseras y llaveros brillan bajo una luz tenue que no logra atraer compradores. «Por más que trato de promocionar los productos, la gente llega, mira y se va», dice, sin apartar la vista de la mesa. Su puesto, que alguna vez fue una garantía de ventas por su ubicación estratégica, hoy pende de un hilo. El dueño ya le ha insinuado que, si las ventas no mejoran, él mismo se pondrá detrás del mostrador. Para ella, eso significaría quedarse sin trabajo.

En Matanzas el sueño del emprendimiento se desvanece: los pequeños negocios cierran ante la caída de las ventas y una inflación que no da tregua

Imagen/ 14ymedio

La inflación, que no da tregua, ha ido empujando a estos pequeños comerciantes hacia una supervivencia diaria. El dinero pierde valor con la misma rapidez con que suben los precios, y lo que antes era un gasto menor —una cartera, un adorno, un perfume— hoy compite directamente con los alimentos.

«Ni en el 14 de febrero hubo grandes ganancias»

La escena se repite en otras calles del centro matancero. En una tienda de la calle Medio, una joven apoya la barbilla sobre la mano mientras observa la puerta. A su alrededor, mochilas, ropa interior y productos de aseo comparten espacio en estantes repletos pero estáticos. «Desde fin de año pasado no hace falta reponer nada», comenta. «Ni en fechas como el 14 de febrero hubo grandes ganancias».

Las cifras oficiales dan cuenta de un entorno hostil para el sector privado. Hasta noviembre de 2025, en la provincia de Matanzas se habían aplicado 2.842 multas por violaciones de precios, por un valor superior a los cinco millones de pesos, según informó Radio 26 de Matanzas. Más de 2.000 actores económicos habían cometido violaciones de precio, lo que llevó a 245 ventas forzosas y al cierre de establecimientos.

Pero la ofensiva estatal contra los precios elevados no ha logrado contener la inflación, ni tampoco ha reactivado el consumo. «La prioridad es la comida», repiten los comerciantes como una letanía.

Idael lo sabe bien. Durante años vendió ropa de mujer y zapatos de hombre en un local sobre la calle Medio, donde el tránsito constante aseguraba clientes. Hoy, ese mismo flujo se ha convertido en un desfile de miradas que calculan, comparan y se van con las manos vacías. «Era mucho el dinero que salía y muy poco el que entraba. Entre la renta, los impuestos y la mercancía, no daba la cuenta», explica. La decisión fue drástica: entregó la patente y se retiró.

La ciudad se ralentiza

En calles como Milanés o la Calzada de Tirry, el movimiento cae en picada después del mediodía. «Aquí lo poquito que se vende es hasta la una de la tarde. Después de esa hora esto se queda vacío», dice a este diario otra comerciante, quien comparte espacio en una amplia sala con otros oficios que han ido desapareciendo uno a uno. Primero fue el mecánico de celulares, afectado por los apagones que le impedían trabajar. Luego, el relojero. Después, el vendedor de joyería. Todos cerraron.

Ella ha resistido, pero a medias. Ha negociado pagar solo media jornada de renta del espacio y ha diversificado su oferta al límite de lo permitido. «En mi patente no está contemplada la venta de productos de aseo, pero si no me arriesgo me muero de hambre», admite. Así, entre carteras y billeteras, ofrece jabones, pasta dental y máquinas de afeitar que terminan siendo los productos más buscados.

La crisis ha empujado a muchos a reinventarse fuera de los espacios físicos. Idael, por ejemplo, ahora vende a través de redes sociales. «Tengo una gestora que publica en Facebook e Instagram. Le pago una comisión por cada venta», explica. Sin local, sin empleados fijos y sin los costos asociados, ha logrado mantenerse a flote. Pero reconoce que no todos corren la misma suerte. «Los que venden comida son los que más posibilidades tienen de sobrevivir».

Este fenómeno no es exclusivo de Matanzas. En todo el país, los emprendedores han migrado hacia lo digital. Según IPS Cuba, «cada vez son más los sitios digitales y grupos en redes sociales en los que se pueden adquirir productos, que a menudo están ausentes o escasos en las tiendas estatales cubanas». Emprendimientos como ThaliAfro, dedicado a la cosmética natural artesanal, han logrado crecer gracias a plataformas como Facebook e Instagram, aunque reconocen que la baja conectividad y los cortes eléctricos limitan su alcance.

La tormenta perfecta: apagones, desabastecimiento y presión externa

En un portal con columnas de ladrillo, un joven recorre con la mirada una mesa llena de perfumes, bisutería y pequeños artículos importados. Se detiene, toma un frasco, pregunta el precio y lo devuelve. Se repite el gesto en cada mostrador. El recorrido no es de compra, es de reconocimiento de límites. Afuera, la ciudad sigue su ritmo lento, con menos carros, menos gente y menos dinero circulando.

La crisis no es solo local. Cuba enfrenta su peor crisis energética en décadas. En apenas una semana, el país sufrió dos apagones nacionales totales . Según informes internacionales, la isla no ha recibido petróleo del exterior durante tres meses, tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela por fuerzas estadounidenses en enero y las amenazas del presidente Donald Trump de imponer aranceles a los países que suministren combustible a Cuba.

El gobierno cubano atribuye la crisis al embargo estadounidense, pero también reconoce la gravedad de la situación. El primer ministro Manuel Marrero confirmó los trabajos para restaurar el servicio tras el último apagón nacional del 21 de marzo . Mientras tanto, el canciller Bruno Rodríguez ofreció un «diálogo serio y responsable» con Estados Unidos, aunque descartó cualquier negociación sobre el sistema político cubano.

Pero para los pequeños comerciantes de Matanzas, las decisiones geopolíticas quedan lejos. Su batalla es cotidiana, y se libra en mesas vacías y libretas con números en rojo.

Esperanzas puestas en la dolarización

Entre los matanceros con familiares en el exterior, crece la expectativa de que la dolarización de ciertos comercios pueda reactivar el consumo. Según reportó 14ymedio, en mayo de 2023 se inauguró en Matanzas un centro comercial de la corporación militar Cimex para ventas en Moneda Libremente Convertible (MLC), pero «solo cuatro meses después la prensa oficial lo catalogaba como parte de la ‘vanguardia en la implementación del comercio electrónico’,» y hoy languidece con neveras vacías y problemas de conexión para los pagos electrónicos.

«Parecía que esto era lo que venía, que estos mercados iban a estar cada vez en más lugares y mejor surtidos», recuerda Moisés, un jubilado vecino de la Plaza que vio la llegada de la moneda en MLC como una oportunidad para comprar productos «cerca y con mejor calidad». Ahora solo tiene esperanzas en la dolarización total del comercio.

La posición ante la dolarización es, más que un tema económico, político. Mientras los que viven de su salario en moneda nacional y buena parte de los que todavía apoyan al régimen rechazan la irrupción del dólar en la vida nacional, la población que se beneficia de los envíos de dinero de sus parientes emigrados apuesta por la comodidad de poder pagar con los mismos verdes que recibe desde Miami.

Yunia cierra su libreta y guarda el bolígrafo. Mira otra vez la mesa, acomoda una pulsera, alinea unos aretes. El gesto es casi automático, una rutina que intenta mantener el orden en medio del desbalance. «Esto antes era una garantía de ventas», dice, refiriéndose a la ubicación del local. Hoy, apenas garantiza otra cosa: la certeza de que, en una economía donde el peso vale cada vez menos y los precios no paran de subir, no hay quien compre lo que no sea absolutamente necesario.

Afuera, la tarde avanza. Las calles de Matanzas, que alguna vez bullían con el ir y venir de compradores, se vacían. El ciclo de la crisis se repite: otro día que termina, otra jornada sin ventas, otra cuenta que no cierra. Y mañana, otra vez, los pequeños negocios volverán a abrir sus puertas, esperando que alguien, finalmente, se decida a comprar.

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