Este miércoles 12 de noviembre, un derrumbe parcial en la entrada de la Sala Clínica Alta del Hospital Universitario Calixto García, en La Habana, volvió a poner en evidencia el alarmante deterioro de la infraestructura hospitalaria en Cuba.
Un hospital emblemático en ruinas

Martí Noticias

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El Hospital Calixto García no es cualquier centro médico. Fundado en 1896, es uno de los hospitales docentes más importantes del país, vinculado a la Universidad de La Habana y a la formación de generaciones de médicos cubanos.
Su prestigio histórico contrasta con su estado actual: techos que se desploman, paredes agrietadas, falta de iluminación y condiciones higiénicas deplorables.
El derrumbe de este miércoles causó pánico entre pacientes y acompañantes. “La sala está en muy mal estado”, declaró un testigo a Martí Noticias. Las imágenes difundidas muestran escombros en el acceso principal, una escena que refleja no solo el abandono físico del edificio, sino también el abandono institucional del sistema de salud.
¿Y si este es uno de los mejores?
Si el Calixto García, considerado uno de los hospitales de referencia en Cuba, se encuentra en estas condiciones, ¿qué puede esperarse de los demás centros de salud del país? ¿Qué queda para los policlínicos de barrio, los hospitales provinciales o rurales, donde los recursos son aún más escasos y la supervisión estatal más laxa?
La situación no es nueva. En mayo de este año, el youtuber español Juanjo Dalmau publicó un video recorriendo el interior del Calixto García, describiéndolo como “una pesadilla”. Mostró salas insalubres, escasez de medicamentos y falta de mantenimiento. El personal médico, aunque comprometido, trabaja en condiciones que rozan lo inhumano.
Una crisis estructural y política

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Este derrumbe no es un hecho aislado. En septiembre, otro colapso parcial en un edificio residencial de La Habana dejó tres heridos. La infraestructura en Cuba, tanto pública como privada, está al borde del colapso. La falta de inversión, el desvío de recursos, y la opacidad del gobierno en la gestión de fondos agravan una crisis que ya es crónica.
El gobierno cubano continúa promoviendo una imagen de excelencia médica en el exterior, mientras los hospitales nacionales se desmoronan —literalmente— sobre los ciudadanos. La exportación de servicios médicos ha sido una fuente de ingresos para el Estado, pero a costa del abandono de la atención interna.
El derrumbe en el Calixto García debe ser una llamada de atención urgente. No se trata solo de infraestructura, sino de vidas humanas. El miedo que sintieron los pacientes este miércoles es el mismo que sienten miles de cubanos cada vez que cruzan la puerta de un hospital: miedo a no encontrar atención, a enfermarse más, o a que el techo se les caiga encima.
La salud pública en Cuba necesita más que reformas cosméticas. Necesita transparencia, inversión real, y sobre todo, voluntad política para priorizar el bienestar de los ciudadanos por encima de la propaganda.
