El Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil informó que la provincia de Santiago de Cuba ha sido declarada en “fase de normalidad” después del paso del huracán Melissa, que azotó la región oriental a finales de octubre con categoría tres en la escala Saffir-Simpson.
Sin embargo, la proclamada normalidad contrasta con la dura realidad que enfrentan miles de santiagueros: viviendas destruidas, apagones constantes, escasez de alimentos y agua potable, y promesas de ayuda que nunca llegan.
El discurso oficial vs. la realidad en los barrios

La Defensa Civil asegura que los “servicios vitales” han sido rehabilitados y que las autoridades locales trabajan en la reconstrucción.
Pero en los barrios, los testimonios son contundentes: techos improvisados con nailon y cartón, familias que dependen de pipas de agua, y apagones diarios que hacen imposible hablar de normalidad.
La pregunta que se repite en las calles es: ¿normalidad para quién? Porque mientras los partes oficiales hablan de disciplina y solidaridad, los damnificados denuncian abandono y falta de apoyo real.
Las pérdidas humanas y materiales
El huracán Melissa dejó un saldo devastador en Santiago de Cuba: miles de viviendas dañadas, infraestructuras colapsadas y servicios básicos interrumpidos durante semanas.
Aunque algunos servicios se han restablecido, la recuperación es lenta y desigual. Los más afectados son, como siempre, los sectores más pobres, que carecen de recursos para reconstruir por sí mismos.
Solidaridad ciudadana vs. indiferencia estatal

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La verdadera respuesta ha venido de la solidaridad entre vecinos y familiares, que comparten lo poco que tienen y ayudan a levantar techos improvisados.
En contraste, el gobierno cubano ha mostrado una indiferencia alarmante: las promesas de materiales de construcción y ayudas económicas se han quedado en palabras.
Los santiagueros critican que mientras se habla de “esfuerzo colectivo”, las donaciones internacionales se pierden en el camino o son desviadas. No son pocos los testimonios que denuncian el robo de donaciones, que nunca llegan a los más necesitados.
La propaganda como cortina de humo

El anuncio de la “fase de normalidad” parece más una estrategia propagandística que una descripción fiel de la situación. El régimen busca proyectar una imagen de control y eficiencia, cuando en realidad la población sigue sumida en la precariedad.
La narrativa oficial invisibiliza las críticas de los santiagueros, quienes denuncian que el gobierno utiliza el huracán como excusa para justificar carencias que ya existían antes del ciclón: apagones, escasez de alimentos y falta de agua potable.
La voz de los santiagueros

AFP
En redes sociales y en conversaciones cotidianas, los habitantes de Santiago de Cuba expresan su frustración:
– “Hace dos meses que pasó el huracán y todavía no han dado nada de materiales para los damnificados”.
– “Normalidad es tener un techo seguro y comida en la mesa, no sobrevivir con cartón y nailon”.
Estas críticas reflejan un sentimiento generalizado de desconfianza hacia las instituciones y de cansancio ante las promesas incumplidas.
La declaración de la Defensa Civil sobre la “fase de normalidad” en Santiago de Cuba es un espejismo político. La realidad es que la provincia continúa en crisis, con miles de familias luchando por sobrevivir en condiciones precarias.
El huracán Melissa no solo dejó destrucción material, sino que expuso una vez más la ineficiencia del gobierno cubano y la corrupción en la gestión de ayudas. Mientras la propaganda habla de disciplina y solidaridad, los santiagueros denuncian abandono, robo de donaciones y promesas vacías.
La verdadera normalidad en Santiago de Cuba llegará solo cuando los ciudadanos puedan vivir con dignidad, sin depender de discursos oficiales que maquillan la miseria.
