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El colapso silencioso: la crisis azucarera en Cuba no es un caso aislado, es el síntoma de un país en coma farmacológico

El colapso silencioso: la crisis azucarera en Cuba no es un caso aislado, es el síntoma de un país en coma farmacológico

by Fred
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El colapso silencioso: la crisis azucarera en Cuba no es un caso aislado, es el síntoma de un país en coma farmacológico

El colapso silencioso: la crisis azucarera en Cuba no es un caso aislado, es el síntoma de un país en coma farmacológico

Imagen/ Escambray

No es un caso local. No es una sequía. Es la metástasis de un sistema que se desangra en cada uno de sus sectores productivos. La paralización de la Destilería Paraíso en Tuinucú, que ha dejado en vilo el suministro de alcohol medicinal a hospitales de todo el país, no es una excepción en el archipiélago; es la regla.

Mientras la industria del alcohol se detiene por falta de materia prima , el resto del entramado industrial cubano se desmorona al unísono, arrastrado por una crisis energética sin precedentes y una caída del Producto Interno Bruto que, según proyecciones de la CEPAL, será del 7,2% solo en 2026 .

La isla, que alguna vez fue el mayor exportador mundial de azúcar con más de seis millones de toneladas anuales, se ha visto forzada a importar el endulzante para su propio consumo . La producción nacional de azúcar cayó por debajo de las 150.000 toneladas en la última cosecha, la peor cifra en más de un siglo .

La UEB Paraíso: microcosmos de un macrofracaso

Antes de extender la mirada al resto del país, es crucial entender lo que ocurre en la UEB Derivados de la Empresa Agroindustrial Azucarera Melanio Hernández. Sin la caña, no hay miel; sin miel, no hay alcohol; sin alcohol, los hospitales colapsan. Su director, el ingeniero Humberto Pérez Ramos, ha sido testigo de primera línea de este proceso de descomposición.

La zafra pasada, el central que abastece a la destilería apenas generó 17 días de vapor . «Este año arrancamos y a los 22 días tuvimos que parar. Sin zafra, la destilería queda atada de pies y manos», confesó recientemente a la prensa oficial . Pero su propia supervivencia no es lo que está en juego; lo que está en juego es la salud de 11 millones de cubanos.

La comercializadora Estatal de Medicamentos (Encomed) es la única que garantiza la distribución de alcohol antiséptico en todo el país . Sin producción en Paraíso, las farmacias y los hospitales de la nación enfrentan un desabastecimiento que, según una corriente paralela de denuncias en redes sociales, se ha cronificado: no solo falta el alcohol, las familias ya deben llevar su propio algodón y hasta sus propias gasas para atender a sus enfermos . La «gratuidad» del sistema no es más que una ilusión propagandística sostenida sobre la espalda de los pacientes.

El desplome industrial: la agonía se extiende a todo el país

Paraíso no está solo en su calvario. El mapa productivo cubano se parece a una UCI donde, en cada sala, los enfermeros (los trabajadores) esperan sin sueldo a que el paciente (la industria) dé el último suspiro.

Centrales azucareros y derivados (varias provincias) – «Sangre de dragón que no corre»

Las 71 fábricas cerradas en 2002 fueron solo el principio.

En Las Tunas, la UEB Derivados Jobabo ha frenado la producción de alcohol por lo menos en dos ocasiones en 2025. En Cienfuegos, en la propia refinería «Sergio Soto», se están quemando desechos petrolíferos para intentar reemplazar el combustible en las calderas. En Guantánamo, la destilería no inició siquiera su campaña. No hay maquinaria, no hay repuestos, no hay divisas para importar nada.

El experto Omar Everleny, citado por medios internacionales, fue contundente: el costo de producción del azúcar en Cuba es altísimo y el precio en el mercado mundial ha caído . El negocio dejó de dar ganancias hace tiempo, pero el dogma ideológico impide pivotar hacia otros cultivos.

Hospitales y Centros de Investigación: el eslabón final de la cadena de desabastecimiento

Mientras las fábricas se detienen, el sistema nacional de salud se desangra lentamente. La falta de alcohol en los centros quirúrgicos es solo una de las aristas de una crisis que abarca la escasez de anestesia, antibióticos y hasta de gasas. En enero de 2026, durante el pico de la crisis respiratoria, varios hospitales pediátricos de La Habana tuvieron que solicitar donaciones de alcohol a la población porque las UEB que los suministran estaban en cero.

La tormenta perfecta: petróleo y electricidad (el combustible de todo lo demás)

La crisis de la industria ligera y pesada en Cuba no es más que un síntoma de la parálisis del sistema energético.

· El «Apagón de los 20 días»: En las últimas semanas, las provincias de Camagüey, Las Tunas y Holguín acumularon cortes de más de 20 horas diarias . Sin electricidad, las máquinas no giran, los sistemas de refrigeración de las vacunas se caen y los paneles de control de las destilerías (como Paraíso) se vuelven inservibles.

· El bloqueo petrolero de Trump (Operación «Pie de barro»): Washington cortó los envíos desde Venezuela y amenazó a la flota mercante mundial . Sin crudo, no hay combustible para mover la caña, ni fuel para calentar las calderas.

· La caída del PIB y el colapso demográfico: La CEPAL advierte que Cuba y Haití fueron los únicos países de la región en contraer su economía en 2025 . Pero el problema demográfico es aún más grave que el financiero: desde 2020, la isla ha perdido más de 1,4 millones de habitantes; el talento joven se va, literalmente, a pie .

Conclusión: ¿Puede sobrevivir el ron y la medicina en una isla sin electricidad?

En la práctica, el colapso de la UEB Paraíso y de las destilerías asociadas es un parte de defunción de la agroindustria nacional. Ya no estamos hablando de cuánta azúcar se exporta, sino de cuánto alcohol se puede inyectar a un paciente moribundo.

Mientras la gerencia de la UEB Derivados promete seguir trabajando adaptando calderas para quemar desechos , el resto de los cubanos sabe la verdad: aunque la destilería de Tuinucú volviera a funcionar mañana, la caña no aparece por arte de magia. No hay diésel para los tractores, no hay neumáticos para los camiones y ni siquiera hay obreros jóvenes dispuestos a cortar caña bajo un sol de 40 grados por 2.000 pesos al mes.

Mientras el alcohol químico se mida con cuentagotas en las salas de urgencia, el régimen de Díaz-Canel insiste en celebrar «ferias del libro» y desfiles militares, demostrando una desconexión brutal entre la realidad de las fábricas y el discurso de la televisión estatal.

La salud de los cubanos, como el alcohol de Paraíso, se está evaporando. Y sin una reanimación urgente del sector energético y de la agroindustria, la isla no podrá seguir produciendo ni el ron para celebrar ni la medicina para curar sus heridas.

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