Nicolás Maduro, en plena caída y desprestigio dentro y fuera de Venezuela, continúa desplegando su teatrillo para cubrir sus propias debilidades políticas y económicas.
Ante la escalada en el con Estados Unidos, bajo el mandato de Donald Trump, Maduro ha respondido no con soluciones ni autocrítica, sino con un circo mediático y militarista que busca distraer y justificar su permanencia en el poder.
Denuncia una “guerra no declarada” de Washington y se arroga el papel de víctima heroica, mientras su pueblo se hunde en la miseria y la represión.
El ataque de la flota norteamericana a embarcaciones venezolanas —las cuales supuestamente estaban vinculadas con el narcotráfico — es usado por Maduro como pretexto para radicalizar su discurso y movilizar a sus aliados, pero no para enfrentar los graves problemas internos ni para detener la corrupción rampante que él mismo fomenta desde 2013.
La narrativa de que Estados Unidos busca un “golpe petrolero” es una cortina de humo que busca mantener a la población sometida al miedo y al odio contra el “enemigo externo,” un clásico mecanismo de gobiernos autoritarios que no rinden cuentas a su gente.
Cuba y otros aliados de Maduro: ¿solidaridad o cadena de dependencia?

RFI
Entre los aliados que Maduro enarbola como soporte están Cuba y otros regímenes totalitarios de la región, que a cambio reciben prebendas ideológicas y económicas, pero que en el fondo contribuyen al aislamiento y deterioro de Venezuela.
Cuba, como socio histórico del chavismo, envía delegados como Roberto Morales Ojeda, del Buró Político del Partido Comunista Cubano, para reafirmar la “solidaridad” y fortalecer la alianza estratégica entre ambos gobiernos en salud, seguridad e inteligencia, justo cuando la presión internacional crece y las sanciones afectan a ambos países.
La visita de Morales Ojeda viene a ser más un acto de relumbrón político que una solución pragmática a los problemas de fondo. Se enmarca en la retórica integracionista bolivariana y martiana, pero sirve sobre todo para legitimar la dictadura venezolana ante la comunidad internacional.
La alianza entre Cuba y Venezuela, lejos de ser una fuerza de emancipación regional, se ha convertido en un matrimonio enfermizo donde ambos regímenes sostienen sus grotescos aparatos represivos y mantienen a sus pueblos en la miseria.
El propósito real de Morales Ojeda en Caracas

Telesur
La agenda oficial de Morales Ojeda incluye reuniones para dar seguimiento a acuerdos bilaterales firmados años atrás y coordinar apoyo logístico y político para la defensa del proyecto chavista frente a la “guerra multiforme” que según Maduro libra Estados Unidos contra la revolución bolivariana.
Pero más allá del protocolo, la visita ejecuta el guion de fortalecer la cohesión entre dictaduras, promover la formación de nuevos líderes afines y blindar la narrativa antiimperialista que Maduro necesita para sostenerse ante la crisis interna y la desconfianza internacional.
Este tipo de visitas no representan cambios sustanciales ni alternativas reales para los pueblos, sino la defensa acrítica de un estatus quo autoritario que dirime sus luchas de poder internas mientras el pueblo sufre la inflación, la inseguridad y la falta de libertades básicas.
La derecha, la verdadera amenaza para los pueblos

El País
Aunque Maduro y su séquito acusan a Trump y a la derecha internacional de “fascistas” y “neonazis”, la realidad es que son estos mismos gobiernos autoritarios y corruptos los que han destruido los pilares democráticos en Venezuela.
La derecha que tanto señalan es solo un espejo distorsionado que usan para legitimar su autoritarismo.
La verdadera amenaza para los pueblos latinoamericanos es el régimen chavista que, bajo la excusa de la resistencia antiimperialista, se enriquece, reprime y somete a su población.
El llamado de Maduro a un “socialismo humanista” y a la “segunda independencia” latinoamericana es pura retórica para disfrazar alianzas con oligarquías militares-policiales correlacionadas con mafias y corrupción.
La defensa que hace de Cuba y Venezuela como ejemplos de lucha ignora que ambos países están entre los más golpeados por el autoritarismo y el empobrecimiento masivo.
Maduro utiliza las acciones estadounidenses como cortina para ocultar su gestión fracasa y su complicidad con una cúpula que se beneficia del desastre nacional.
La alianza con Cuba y la visita de Morales Ojeda solo inscriben ese circo mayor que es ese régimen, incapaz de dar soluciones a su pueblo, pero hábil en montar espectáculos de odio y victimización para mantener su indefendible dominio.
El verdadero enemigo está en Caracas, no en Washington. La izquierda crítica debe denunciar este circo antes que convertirse en cómplice de una dictadura carente de futuro y colmada de errores.