El Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) informó recientemente sobre el inicio de un nuevo ciclo de entregas de la canasta familiar normada en Santiago de Cuba, aún marcada por las secuelas del huracán Melissa.
La noticia, publicada por el semanario Sierra Maestra, detalla que las autoridades han desplegado un cronograma que combina productos pendientes con las asignaciones de fin de año. Sin embargo, lo que en apariencia es un esfuerzo organizativo revela, en el fondo, una crisis estructural: a estas alturas del calendario, cuando ya se transita hacia el último mes de 2025, ni siquiera la mitad de las entregas previstas se han cumplido.
El atraso no es un simple problema logístico. Es una muestra de cómo las decisiones gubernamentales se desconectan de las necesidades reales de la población. Mientras se habla de tandas de arroz, granos y aceite, el cubano de a pie sigue enfrentando colas interminables, incertidumbre y la angustia de no saber si podrá garantizar la comida de su familia.
La prioridad a los damnificados: canasta familiar, necesaria pero insuficiente

MINCIN
Es positivo que se piense en los afectados por el huracán Melissa, quienes han recibido apoyo incluso del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que envió ayuda a más de 900 mil personas en el oriente del país.
Sin embargo, esta asistencia internacional pone en evidencia la incapacidad del Estado cubano para responder con eficacia a una emergencia nacional. No basta con atender a los damnificados si, al mismo tiempo, se descuida al resto de las provincias.
La solidaridad debe ser integral y equitativa. El atraso en la distribución de alimentos no solo golpea a los territorios afectados por el huracán, sino que se extiende a toda la isla.
Provincias que no sufrieron directamente el desastre natural también padecen la escasez y el incumplimiento de las entregas. Esto genera una sensación de abandono y desigualdad que erosiona la confianza en las instituciones.
El contraste con hoteles y sectores privilegiados

Lo más indignante es que esta crisis no afecta a los hoteles ni a los sectores privilegiados del país. Mientras el ciudadano común espera por un litro de aceite o un paquete de arroz, los establecimientos turísticos continúan abastecidos, garantizando servicios de lujo para visitantes extranjeros.
Esta contradicción desnuda la lógica de un sistema que prioriza la imagen internacional y el ingreso en divisas por encima del bienestar de su propia población.
El discurso oficial insiste en la “organización” y el “control” de las entregas, pero la realidad es que el pueblo cubano vive una falta de respeto constante.
El atraso en los productos básicos no es solo un problema económico: es un problema ético y político. El Gobierno demuestra que los intereses de arriba pesan más que las necesidades de abajo.
El tiempo perdido y la deuda acumulada de la canasta familiar

Sierra Maestra
Estamos a las puertas de diciembre y el balance es desolador: menos de la mitad de las entregas previstas se han cumplido. Esto significa que miles de familias han pasado meses sin recibir los productos que les corresponden por derecho. El cronograma que ahora se anuncia no borra la deuda acumulada ni la frustración de quienes han esperado en vano.
La falta de transparencia también es evidente. No se ofrecen cifras claras sobre cuántos productos han sido distribuidos ni cuántos quedan pendientes. Se habla de “tandas” y “ajustes”, pero no se reconoce abiertamente el incumplimiento. Esta opacidad es parte de una estrategia que busca maquillar la crisis, pero que no logra ocultar la realidad palpable en cada barrio y cada bodega.
Una crítica necesaria
Es imposible no señalar que la distribución de alimentos en Cuba se ha convertido en un símbolo del fracaso gubernamental. El atraso constante, la desigualdad entre provincias y la prioridad a sectores privilegiados son pruebas de un modelo que no funciona.
La crítica no es un acto de oposición gratuita, sino una obligación ética frente a la verdad. El pueblo merece respeto, y ese respeto comienza por garantizar lo más básico: la comida. No se trata de discursos ni de cronogramas, sino de hechos concretos. Y los hechos, hasta ahora, muestran que el Gobierno ha fallado.
El atraso en la distribución de alimentos en Cuba es más que un problema logístico: es una falta de respeto hacia la población. Aunque se atienda a los damnificados del huracán Melissa, la mayoría de los cubanos siguen esperando por productos básicos que nunca llegan.
La desigualdad entre provincias, la prioridad a hoteles y sectores privilegiados, y la opacidad en la información oficial son síntomas de una crisis profunda.
