«La Risa por Delante»: el humor que florece en medio de la peor crisis de Cuba y se convierte en fenómeno de taquilla
En un rincón de los antiguos almacenes de la Avenida del Puerto, en La Habana Vieja, una vez al mes unos 150 espectadores llenan la sala de la Nave Oficio de Isla para olvidarse, durante dos horas y media, de los apagones, la escasez y la inflación. No es un mitin político ni una asamblea de vecinos. Es «La Risa por Delante«, un espacio de monólogos humorísticos que se ha convertido en un fenómeno de público en medio de la peor crisis económica y energética que ha enfrentado la isla en décadas.
Reír para sobrevivir
«Es un ejercicio de vida: reímos los que estamos vivos, los muertos no pueden reírse. Entonces estar vivos en medio de toda esta circunstancia, de esta crisis tan grande que nos ha golpeado, creo que es el mejor ejercicio que podemos hacer y, sobre todo, reír en grupo», asegura a EFE el actor Osvaldo Doimeadiós, promotor de la iniciativa y uno de los monologuistas habituales.
Desde hace año y medio, cada edición reúne a reconocidos humoristas y actores cubanos que, con ironía y sagacidad, convierten las dificultades cotidianas en material de comedia. La respuesta popular ha sido tan abrumadora que en la última función casi 50 personas se quedaron en la puerta por falta de espacio.

Imagen/ El Vidrio
La realidad como materia prima del humor
Uno tras otro, los monólogos abordan sin tapujos la realidad que vive la isla: el colapso del turismo, la escasez de divisas, los apagones, la inflación. Doimeadiós provoca carcajadas cuando cuenta, con asombro, que «vieron caminando por la Catedral de La Habana a un extranjero», en una mordaz referencia al desplome del sector turístico, antaño motor de la economía cubana.
El actor Alejandro Phillips bromea con la falta de dólares en los bancos y se inventa un supuesto «Trastorno de no encontrar un dólar» (TRD), jugando con las siglas de las estatales Tiendas de Recaudación de Divisas, donde los productos se venden en moneda convertible, inaccesibles para la mayoría.
El escritor Jorge Bacallao, habitual del espacio, explica a EFE que la vida cotidiana de los cubanos «es caldo de cultivo para los comediantes». Aunque aclara que el programa no se limita a la crítica social: «Aquí se trata costumbrismo… hay humor de todo tipo».
¿Dónde están los límites del humor?
Pese a la libertad creativa que se respira en el escenario, los artistas admiten que el humor tiene límites. En la última edición, por ejemplo, evitaron abordar temas como las tensiones con Washington o la posibilidad de una invasión militar de Estados Unidos, un asunto que en las últimas semanas ha copado los titulares y los rumores callejeros.
«No todo vale», parece ser la consigna implícita. Pero dentro de esos márgenes, los comediantes han logrado construir un espacio donde la risa se convierte en un mecanismo de resistencia y catarsis colectiva.
El público: «Nos reímos hasta de lo que nos está pasando»
Entre el público, la percepción es unánime. Tania García, una habanera jubilada de 64 años, sonríe mientras describe a EFE los efectos del espectáculo. «Venir aquí todos los meses es una maravilla. Esto es un espectáculo que relaja mucho (…) porque nosotros los cubanos somos así: nos reímos hasta de las cosas que nos están pasando», señala.
«La Risa por Delante» no soluciona los apagones, no llena las neveras vacías ni devuelve los medicamentos a las farmacias. Pero durante unas horas, en una sala de La Habana Vieja, decenas de cubanos olvidan el sufrimiento y se permiten reír. Y en un país donde la esperanza escasea, ese acto de resistencia cotidiana es, quizás, la mejor de las terapias.
