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De campeón en la jaula a rehén en Villa Marista: el grito de «Spiderman» que el régimen intenta extinguir a golpes

De campeón en la jaula a rehén en Villa Marista: el grito de «Spiderman» que el régimen intenta extinguir a golpes

by Fred
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De campeón en la jaula a rehén en Villa Marista: el grito de «Spiderman» que el régimen intenta extinguir a golpes

De campeón en la jaula a rehén en Villa Marista: el grito de «Spiderman» que el régimen intenta extinguir a golpes

Imagen/ Facebook

El peleador cubano de MMA Javier Ernesto Martín Gutiérrez, conocido como «Spiderman», fue detenido violentamente el viernes en La Habana tras nueve días de protestas pacíficas frente a su vivienda en Marianao. Su esposa confirmó que fue golpeado por agentes de la Seguridad del Estado y trasladado a Villa Marista, donde será sometido a un «examen psicológico» para determinar si su conciencia crítica es el resultado de una enfermedad mental.

La imagen es familiar en la Cuba reciente: un hombre solo, de pie en un balcón, hablando frente a un teléfono. Pero cuando el hombre es Javier Ernesto Martín Gutiérrez, campeón cubano de artes marciales mixtas, la escena adquiere una dimensión distinta. Durante nueve días, «Spiderman» se asomó al mundo desde su vivienda en la calle 90 de Marianao para hacer lo que pocos se atreven: denunciar la podredumbre de un sistema que, según sus propias palabras, «tiene al país abandonado hace rato» .

No lo hizo con consignas aprendidas ni con discursos ensayados. Habló de lo que vio. De niños consumiendo drogas en las esquinas mientras los hijos de los poderosos gastaban «100.000 pesos como si nada» . De la violencia que crece, del deporte sumido en la precariedad, de una juventud sin futuro. Y, sobre todo, de una certeza: «Me tendrán que matar para que me calle la boca» .

La respuesta del régimen no tardó. El viernes 24 de abril, un grupo de hombres vestidos de civil interceptó a Martín Gutiérrez en la calle. Según testigos, no hubo diálogo. Hubo una golpiza, y luego un vehículo negro que se llevó al deportista . Su madre, Lourdes Gutiérrez, lo resumió con la impotencia de quien sabe que su hijo no volverá intacto: «Lo único que pedí fue que nunca le pusieran una mano encima, y según tengo entendido, le dieron golpes. Si eso es cierto, esto va a terminar mal» .

Villa Marista: la antesala del olvido

Horas después, la familia supo lo peor: Javier no estaba en una comisaría común, sino en Villa Marista. El nombre, para los cubanos, no necesita presentación. Se trata del Centro de Investigaciones de la Seguridad del Estado, el principal centro de detención e interrogatorio de la policía política en La Habana . A diferencia de una prisión ordinaria, aquí no se cumplen condenas; se preparan los expedientes de quienes el régimen considera una amenaza.

Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado que en este recinto se practican torturas psicológicas, incomunicación prolongada y presiones sistemáticas para obtener confesiones . Pero en el caso de «Spiderman», hay un añadido que los expertos consideran una táctica recurrente: la intención de las autoridades de someterlo a una evaluación psicológica para determinar si sus protestas «son por voluntad propia o responden a algún tipo de trastorno mental» .

«No se sabe por cuánto tiempo lo van a tener ahí», declaró angustiada Lisandra Cuza, su esposa. Las autoridades le comunicaron que podrá verlo recién el próximo 29 de abril .

La «locura» de decir la verdad

La estrategia de desacreditar a los disidentes acusándolos de enfermedad mental es un recurso documentado en la maquinaria represiva cubana. «Es un atleta de alto rendimiento. Si ha estado tan cuerdo y coherente como para competir y representar a Cuba en el deporte, también lo está en sus convicciones», afirmó la periodista Camila Acosta, quien entrevistó a Javier días antes de su arresto . «Su única ‘locura’ es decir la verdad».

Javier lo sabía. En una de sus transmisiones, previendo lo que se le venía encima, confesó: «Yo sé que me van a recoger, lo presiento» . Aún así, no se arrepintió. «Me tendrán que matar para que me calle la boca», repitió .

Un símbolo que incomoda

La historia de «Spiderman» no es la de un activista profesional ni la de un político de carrera. Es la de un ciudadano común que, desde la humildad de su barrio, decidió que el silencio era cómplice y que había llegado la hora de hablar. Su detención y su traslado a Villa Marista envían un mensaje aterrador para cualquier cubano que se atreva a seguir sus pasos: alzarse contra el sistema no solo cuesta la libertad, cuesta la salud, la integridad y, muchas veces, la cordura.

Mientras tanto, en la jaula de Villa Marista, un campeón espera. No hay jueces, no hay cargos formales, no hay fecha de juicio. Sólo la incertidumbre y un «examen psicológico» que intentará convertir su conciencia en un síntoma, y su verdad, en una patología.

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