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"El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba": Silvio Rodríguez critica el modelo económico, pero defiende al sistema y rechaza a la oposición

«El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba»: Silvio Rodríguez critica el modelo económico, pero defiende al sistema y rechaza a la oposición

by Fred
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«El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba»: Silvio Rodríguez critica el modelo económico, pero defiende al sistema y rechaza a la oposición

"El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba": Silvio Rodríguez critica el modelo económico, pero defiende al sistema y rechaza a la oposición

Imagen/ Radio Pichincha

El trovador cubano rompe su silencio en una entrevista con el diario español El País donde cuestiona la ineficiencia económica de la isla, pero deja claro que no desea un cambio político. «No deseo que gane la oposición», sentencia, mientras Cuba vive su peor crisis energética en décadas con apagones de hasta 20 horas y el AKM que le regaló el régimen sigue generando polémica

En medio de la peor crisis energética que ha enfrentado Cuba en décadas, con apagones que han dejado a millones de personas sin electricidad durante semanas y una ola de protestas que ya ha dejado heridos de bala y sedes del Partido Comunista incendiadas, el trovador Silvio Rodríguez ha roto su silencio. Pero no para condenar la represión ni para solidarizarse con los manifestantes. Lo ha hecho para decir, en una entrevista con el diario español El País, que el modelo económico cubano «no funciona», pero que su lealtad al sistema sigue intacta .

«El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba», afirmó el cantautor de 79 años, en una declaración que busca distanciar al gobierno de La Habana de las potencias occidentales mientras reconoce, implícitamente, que en la isla también hay un régimen que concentra el poder. La frase, que ya circula por redes sociales, ha sido interpretada como una defensa cerrada del sistema castrista en un momento en que las críticas internas y externas se multiplican.

«No deseo que gane la oposición»: el mensaje a los disidentes

El momento más polémico de la entrevista llegó cuando el trovador, considerado uno de los fundadores de la Nueva Trova y durante décadas un símbolo de la cultura revolucionaria, se refirió explícitamente a la oposición interna. «No deseo que gane la oposición», declaró sin ambages, dejando claro que, pese a sus reservas sobre la gestión económica, no está dispuesto a apoyar un cambio político en la isla.

La declaración ha sido recibida con indignación por los sectores opositores, especialmente después de que la semana pasada Rodríguez protagonizara una ceremonia organizada por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) donde le fue entregado un fusil de asalto AKM, un gesto que muchos interpretaron como un respaldo explícito al régimen en medio de la crisis. Las imágenes del trovador empuñando el arma circularon por todo el mundo, generando una ola de críticas que el artista no había respondido hasta ahora.

Las críticas al modelo económico: «La ineficiencia es un lastre»

Rodríguez no escatimó en críticas al modelo económico cubano, al que calificó de «ineficiente» y aseguró que «lastra el desarrollo del país». El trovador se refirió a los problemas estructurales que han llevado a Cuba a una crisis sin precedentes, con escasez de alimentos, medicinas y combustible, y un sistema eléctrico que colapsa una y otra vez.

Pero sus palabras, en lugar de ser interpretadas como una autocrítica necesaria, fueron acompañadas de un rechazo explícito a cualquier cambio en el sistema político. La combinación —crítica económica sí, cambio político no— ha sido calificada por sus detractores como una postura cómoda que le permite mantener su legitimidad como artista crítico sin romper con el poder.

El episodio del AKM: «Cobarde e hipócrita», según la oposición

La entrevista con El País no pudo evitar abordar el escándalo de la semana pasada. Las imágenes de Silvio Rodríguez con el fusil AKM, recibido de manos de altos mandos militares en medio de una ceremonia que la prensa oficial calificó como un acto de «unión entre el arte y la defensa de la Patria», generaron una tormenta de críticas que el trovador no ha respondido directamente.

El opositor José Daniel Ferrer, excarcelado y exiliado en Estados Unidos, fue uno de los más duros. «Silvio es un cobarde y un hipócrita», declaró en redes sociales, ridiculizando el gesto como propaganda del régimen mientras el país se desmorona. «Mientras los cubanos se apagan en la oscuridad, él posa con un fusil como si la guerra fuera contra el pueblo que se muere de hambre», escribió Ferrer, cuyas palabras fueron replicadas miles de veces .

Varios artistas cubanos dentro y fuera de la isla también se sumaron a las críticas, acusando a Rodríguez de prestar su imagen a una «operación de comunicación del régimen» en medio de apagones de hasta 20 horas y escasez generalizada de alimentos. La cantante y activista Gema Corredera, radicada en España, publicó: «Silvio se ha convertido en lo que juró destruir: un símbolo del poder que oprime».

Bad Bunny y Hawái: la otra polémica

En la entrevista, Rodríguez también tuvo palabras de elogio para el cantante puertorriqueño Bad Bunny, a quien calificó como «un tipo valiente» por interpretar «Lo que le pasó a Hawái» durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, celebrado el pasado 8 de febrero en Nueva Orleans .

La referencia a Bad Bunny, sin embargo, no pasó desapercibida. Mientras el trovador elogiaba al reguetonero por su postura política en defensa de Puerto Rico, en Cuba decenas de jóvenes artistas enfrentan hostigamiento, detenciones y censura por expresar opiniones críticas, como es el caso de los integrantes del proyecto El4tico, detenidos recientemente por «propaganda contra el orden constitucional» .

El silencio sobre la represión

Lo que no aparece en la entrevista de El País es una sola palabra sobre las protestas que han sacudido Cuba en las últimas semanas. Ni sobre los cacerolazos en La Habana, ni sobre el adolescente de 15 años herido de bala en Morón, ni sobre los presos políticos que llevan años en las cárceles del régimen.

En su lugar, el trovador prefiere hablar de su admiración por Bad Bunny y de cómo el mundo está gobernado por «un régimen autoritario, belicista y ladrón» que, según él, no es Cuba. La omisión ha sido interpretada como un silencio cómplice que, para muchos, ya no puede atribuirse a la ingenuidad.

«No es Cuba»: la frase que condensa una contradicción

El mensaje final de Rodríguez, encapsulado en la frase «El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba», ha sido objeto de innumerables análisis en redes sociales. Para algunos, es una defensa cerrada del sistema castrista que, en su lectura, no puede ser equiparado a las potencias occidentales. Para otros, es una muestra de cinismo: mientras el mundo mira a Cuba, el trovador prefiere señalar hacia fuera.

Un comentario en Facebook resumió el sentir de muchos: «Silvio tiene razón: el mundo está dirigido por un régimen autoritario. Pero el que oprime a los cubanos también lo es. Y ese está en La Habana».

Una figura que ya no representa a nadie

Silvio Rodríguez ha sido durante décadas una figura icónica de la cultura cubana, un artista que supo construir un puente entre la revolución y la sensibilidad popular. Pero en los últimos años, su imagen se ha ido desgastando. Para los jóvenes que hoy protestan en las calles de Morón y La Habana, el trovador de 79 años representa un pasado que ya no les pertenece. Para la oposición, es un símbolo de la hipocresía de un sistema que usa el arte como escudo mientras reprime con balas.

La entrevista en El País, con sus críticas al modelo económico y su fidelidad al sistema político, deja a Silvio Rodríguez en un lugar incómodo: el de un hombre que ve los problemas pero no quiere soluciones que alteren el poder. O, como escribió un usuario en X, «Silvio quiere que Cuba funcione, pero no que cambie. Y eso, en 2026, es la definición perfecta del inmovilismo».

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