Mariela Castro se sube a la carroza del Convoy Nuestra América y su «turismo ideológico» desata burlas: «Hasta el antimperialismo le salió al revés»

Imagen/ Cunadebate
La directora del Cenesex se sumó a la caravana de activistas internacionales que llegó a Cuba con ayuda humanitaria, pero un video publicado por Mario J. Pentón la mostró gritando “¡Abajo el antimperialismo!” y luego corrigiéndose, en una escena que las redes convirtieron en el meme del día. Mientras los cubanos sufren apagones de 20 horas, la hija de Raúl Castro posa para las fotos con Pablo Iglesias y Jeremy Corbyn
La caravana solidaria “Nuestra América Convoy a Cuba” llegó a La Habana con bombos y platillos. Más de 600 activistas de 33 países, entre ellos el expolítico español Pablo Iglesias y el exlíder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn, desembarcaron en la isla con cinco toneladas de insumos médicos y la promesa de aliviar la crisis humanitaria que asfixia al país . Pero la visita, presentada por la propaganda oficial como un gesto de solidaridad internacionalista, tuvo un invitado de lujo que terminó robándose el show: Mariela Castro, la hija del “Carnicero de Artemisa” y sobrina de Fidel.
La directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) se subió a la carroza del convoy con la desenvoltura de quien lleva décadas haciendo “turismo ideológico” en eventos internacionales, mientras el país que dice defender se desmorona a su alrededor. Las imágenes la muestran sonriente, abrazando a los visitantes extranjeros, posando para las fotos que luego inundarían las redes oficiales. Pero fue un video publicado por el periodista independiente Mario J. Pentón el que desató la tormenta .
“¡Abajo el… antimperialismo!”: el lapsus que se volvió viral
En la grabación, que rápidamente se convirtió en el meme del día en redes sociales, se ve a Mariela Castro arengando a la multitud desde lo alto de la caravana. Con el puño en alto y la voz exaltada, la hija de Raúl Castro intenta lanzar una de las consignas más sagradas del credo revolucionario. Pero algo sale mal. “¡Abajo el… antimperialismo!”, grita, antes de detenerse en seco, corregirse y lanzar el “¡Abajo el imperialismo!” que pretendía .
El lapsus, apenas unos segundos, fue suficiente. En las redes sociales, la escena se repitió cientos de veces, acompañada de comentarios que mezclaban la sátira con la indignación. “Hasta el antimperialismo le salió al revés”, escribió un usuario en X. Otro fue más directo: “Mariela se confundió y dijo la verdad sin querer. Porque lo que debería estar abajo es el antimperialismo que usan para justificar décadas de represión y miseria” .
El turismo ideológico de los Castro
La aparición de Mariela Castro en el convoy no fue una improvisación. La directora del Cenesex ha construido una carrera internacional como “activista de derechos LGTB”, un perfil que le ha permitido viajar por medio mundo, recibir premios y posar como la “izquierda buena” del régimen, mientras en Cuba las libertades siguen siendo un lujo que pocos pueden permitirse.
Pero este fin de semana, el contraste entre su imagen pública y la realidad cubana fue demasiado evidente para ignorarlo. Mientras Mariela Castro subía a la carroza del convoy, a pocas cuadras de distancia, en barrios como Santos Suárez y Marianao, los vecinos golpeaban calderos en protesta por los apagones que ya superan las dos semanas consecutivas . En Morón, Ciego de Ávila, aún humean los recuerdos de la noche en que manifestantes incendiaron la sede del Partido Comunista . Y en algún lugar de La Habana, Kevin Samuel Echeverría, el adolescente de 15 años herido de bala durante las protestas, se recupera de un disparo que la propaganda oficial insiste en llamar “caída en estado de embriaguez”.
“Mariela se toma fotos con Pablo Iglesias mientras el pueblo se muere de hambre. Eso no es solidaridad, es turismo ideológico”, escribió un usuario en Facebook, en un comentario que se volvió viral.
El convoy que vino a mirar
La caravana “Nuestra América” llegó a Cuba con un propósito declarado: llevar ayuda humanitaria y denunciar el bloqueo de Estados Unidos. Sus organizadores, entre ellos figuras de la izquierda internacional, han insistido en que su gesto es un acto de solidaridad con el pueblo cubano. Pero para muchos cubanos, la visita de estos activistas en medio de la peor crisis energética de la historia de la isla ha tenido un regusto amargo.
“Vienen, se toman las fotos, declaran contra el imperialismo y se van”, resumió un comentario en redes. “Mientras tanto, nosotros nos quedamos aquí, con los apagones, sin comida, sin medicinas. Ellos vuelven a sus casas con luz y agua caliente. Nosotros nos quedamos en la oscuridad” .
El propio Pablo Iglesias, uno de los principales impulsores del convoy, publicó en sus redes sociales imágenes de su visita a un hospital pediátrico en La Habana, donde destacó la “resistencia” del pueblo cubano. Pero sus palabras fueron recibidas con escepticismo por una población que ve cómo los hospitales operan a oscuras y los pacientes oncológicos esperan meses por tratamientos que no llegan .
El antimperialismo de los que nunca pagan el precio
El lapsus de Mariela Castro, más allá de la anécdota, puso el dedo en la llaga de una contradicción que los cubanos conocen bien. El “antimperialismo” que predican los Castro y sus allegados es un discurso que ellos mismos no parecen tomarse en serio. Mientras la hija de Raúl Castro se pasea en carrozas y posa para las fotos con activistas internacionales, sus hijos viven en Miami, disfrutando del “american way of life” que su madre y su abuelo tanto demonizan.
“El antimperialismo de Mariela es como su defensa de los derechos LGTB: una pose”, escribió un usuario en X. “En Cuba, los gays y las trans siguen siendo perseguidos, y el antimperialismo solo sirve para justificar que los Castro tengan a sus familias en Miami mientras nosotros nos quedamos aquí a sufrir las consecuencias”.
El economista cubano Pedro Monreal, en un análisis publicado recientemente, señaló que la élite cubana ha desarrollado una “doble moral” que le permite predicar el antimperialismo mientras sus familias disfrutan de las libertades y comodidades que niegan al resto del país. “Es un sistema de castas donde los de arriba tienen una vida y los de abajo otra muy distinta. Y el discurso antimperialista es el pegamento que mantiene unido el edificio”, escribió.
La carroza y los calderos
Mientras Mariela Castro subía a la carroza del convoy, en las calles de La Habana los calderos seguían sonando. Los vecinos de Santos Suárez, Marianao, El Vedado y otros barrios de la capital llevan más de dos semanas protestando contra los apagones que mantienen a la ciudad a oscuras . En los hospitales, los pacientes esperan cirugías que no pueden realizarse por falta de electricidad. En las casas, las familias cocinan con leña porque el gas no llega.
El contraste no podía ser más brutal. Por un lado, la élite del régimen, sus invitados internacionales, la carroza, las fotos, el discurso. Por otro, el pueblo, la oscuridad, el hambre, la represión. Y en medio, un lapsus que, sin querer, dejó al descubierto lo que muchos ya saben: que el antimperialismo de los Castro es un espectáculo montado para consumo externo, mientras en Cuba el único imperio que oprime es el que ellos mismos han construido.
“Mariela gritó ‘abajo el antimperialismo’ y se corrigió. Pero en realidad, sin querer, dijo la verdad”, escribió un usuario en Facebook. “Porque lo que debería estar abajo es ese antimperialismo de mentira que usan para oprimirnos”.
