Accidente en escuela primaria de Plaza de la Revolución reaviva preocupaciones sobre el estado constructivo de los centros educativos

Foto: Pedro Lizardo Garcés
Un nuevo incidente en una institución educativa vuelve a encender las alarmas sobre el estado de la infraestructura escolar en la capital cubana.
En la mañana de este martes, en la Escuela Primaria Carlos Hernández Fernández, conocida como “Chiqui Hernández”, ubicada en el municipio Plaza de la Revolución, se desprendió un plafón en un aula de sexto grado, provocando lesiones a dos estudiantes.
El centro, situado en Calzada y H, en el Consejo Popular Rampa, fue escenario de un hecho que, aunque catalogado oficialmente como “fortuito”, deja más preguntas que respuestas.
Los menores fueron trasladados al Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, donde recibieron atención médica inmediata.
Uno de ellos necesitó tres puntos de sutura y ambos fueron sometidos a pruebas diagnósticas que arrojaron resultados negativos.
Posteriormente, comenzaron el proceso de alta médica.
Si bien el desenlace fue favorable desde el punto de vista clínico, el suceso no puede analizarse únicamente desde esa perspectiva.
Accidente en escuela primaria de Plaza de la Revolución reaviva preocupaciones sobre el estado constructivo de los centros educativos

¿Hecho aislado o síntoma de un problema mayor?
Tras el accidente, acudieron al lugar autoridades políticas y educacionales del municipio, quienes anunciaron la evaluación de todos los plafones del centro y aseguraron que estos “se encuentran en buenas condiciones”, incluido el que cayó.
Esa afirmación genera inquietud lógica: si estaba en buen estado, ¿qué provocó entonces su desprendimiento en un aula ocupada por niños?
En un contexto donde numerosas escuelas del país presentan deterioro constructivo acumulado por años, resulta inevitable que la ciudadanía cuestione si realmente se están realizando inspecciones preventivas sistemáticas o si estas solo se refuerzan después de que ocurre un incidente.
Calificar lo sucedido como un simple accidente puede minimizar una realidad más compleja: la falta de recursos para mantenimiento, el envejecimiento de edificaciones y la sobrecarga de instalaciones que requieren inversiones sostenidas.
Seguridad escolar: más que una reacción puntual
La presencia inmediata de dirigentes del Partido y autoridades municipales demuestra la sensibilidad política que generan estos hechos.
Sin embargo, la comunidad educativa necesita algo más que visitas tras la emergencia.
Padres y vecinos esperan transparencia en la información técnica, cronogramas claros de revisión estructural y garantías reales de seguridad.
El desprendimiento de un plafón en un aula de primaria no es un detalle menor.
Se trata de niños en pleno horario docente, en un espacio que debería ofrecer absoluta protección.
Aunque en esta ocasión las consecuencias no fueron graves, el incidente funciona como advertencia.
La seguridad escolar no puede depender de la suerte. Requiere inversión, control constante y rendición de cuentas.
Lo ocurrido en la “Chiqui Hernández” debería impulsar una revisión más amplia del estado constructivo de los centros educativos en La Habana y en el resto del país, antes de que un próximo “hecho fortuito” tenga un desenlace menos favorable.
