Avería en la Terminal 3 del Aeropuerto José Martí expone deterioro de la infraestructura en Cuba

Captura de pantalla
La noche del 22 de septiembre volvió a sacar a la luz el mal estado de las instalaciones del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, cuando una avería en una tubería de agua paralizó por varias horas el área de chequeo de Inmigración en la Terminal 3.
El incidente obligó a trasladar de urgencia los vuelos de las aerolíneas Conviasa, Copa y Neos hacia la Terminal 2, mientras se trabajaba en la reparación. La administración aseguró que los servicios se restablecieron alrededor de las 3:00 a.m. y pidió disculpas a los pasajeros, pero la crisis reabre el debate sobre la precariedad del principal aeropuerto cubano.
Una cadena de fallos en el Aeropuerto de La Habana

La avería hidráulica se suma a un historial de incidentes en la Terminal 3. En 2024 y 2025, varios apagones dejaron al aeropuerto a oscuras durante horas, interrumpiendo operaciones aéreas, obligando a retrasar vuelos y exponiendo la falta de sistemas de respaldo eléctrico.
Estos hechos confirman lo que viajeros denuncian desde hace tiempo: deficiencias estructurales graves, falta de mantenimiento y abandono oficial en una de las principales puertas de entrada y salida del país.
Quejas recurrentes de los usuarios por la Terminal 3

Facebook del Ministro de Transporte
Cientos de comentarios en redes sociales coincidieron en denunciar que la Terminal 3 es un espacio incómodo, con aire acondicionado deficiente, baños en mal estado, largas filas en Inmigración y poca claridad en la señalética.
Pasajeros describen la experiencia de llegada a Cuba como “caótica” y la despedida como un “trago amargo” que refleja la crisis nacional. Para muchos extranjeros, la primera impresión de La Habana no es el Malecón ni la ciudad colonial, sino un aeropuerto desorganizado y obsoleto.
El reflejo del deterioro del país
Cada apagón, fuga o desajuste en el Aeropuerto José Martí es un símbolo de la decadencia generalizada de la infraestructura cubana. Lo que debería ser la vitrina internacional del país funciona con las mismas carencias que afectan a hospitales, escuelas y barrios enteros.
La narrativa oficial intenta mostrar cada crisis como un hecho aislado, resuelto gracias al “arduo trabajo” de las autoridades. Sin embargo, la repetición constante de estas fallas revela una gestión deficiente y falta crónica de inversiones debido a la centralización absoluta de un Estado incapaz de garantizar condiciones mínimas.
El comunicado oficial del aeropuerto insistió en pedir disculpas por las “molestias causadas”. Pero para los usuarios frecuentes la frase se ha convertido en rutina: apagones, tuberías rotas y servicios decadentes se repiten sin soluciones reales.
El Aeropuerto de La Habana, que debería demostrar modernidad y confianza al visitante, se ha convertido en un espejo del país: un sistema envejecido, sin mantenimiento y bajo la administración de un gobierno que no responde a las necesidades de los ciudadanos.
