La respuesta pública de X Alfonso, fundador de Fábrica de Arte Cubano (FAC), tras las acusaciones de haber expulsado de manera discriminatoria a un joven cliente, no solo desmonta una narrativa oficial apresurada y malintencionada, sino que pone sobre la mesa un problema mucho más profundo: la forma en que las instituciones culturales dirigidas por el Gobierno cubano manipulan los hechos para desacreditar proyectos incómodos y controlar el discurso público.
El mensaje publicado por X Alfonso el 1 de enero de 2026 en Facebook es mucho más que una aclaración. Es un texto político, personal y cultural que revela tensiones acumuladas durante años entre artistas independientes y un sistema institucional incapaz de dialogar sin imponer.
El caso FAC: de un malentendido a una campaña oficial

Facebook de FAC
Según explica X Alfonso, el incidente ocurrido el 26 de diciembre, cuando Kevin y dos amigas no pudieron acceder a FAC, fue resultado de una confusión del personal de seguridad, que lo identificó erróneamente como una persona vinculada a robos dentro del local. El propio Alfonso reconoce el error, lo califica de “fatal” y explica que contactó personalmente al joven para disculparse.
Este detalle es clave y suele omitirse en la narrativa institucional: hubo una explicación directa, una disculpa y un entendimiento entre las partes. Sin embargo, días después, el hecho fue amplificado y reinterpretado por medios oficiales como una “absurda utilización del derecho de admisión”, transformándolo en una acusación pública contra FAC.
Aquí es donde el conflicto deja de ser un error puntual y se convierte en una operación política y mediática.
El derecho de admisión y la doble moral institucional

X Alfonso aclara algo que cualquier gestor cultural conoce: el derecho de admisión en FAC se utiliza para proteger al público y al personal, ante robos, acosos, consumo de drogas o comportamientos violentos. Además, señala una realidad incómoda: las instituciones han sido incapaces de controlar lo que ocurre fuera del local, dejando a FAC sola ante problemas que no ha creado.
Paradójicamente, son esas mismas instituciones las que ahora se erigen como garantes de la igualdad y la justicia social, repitiendo consignas vacías que contrastan con la experiencia cotidiana de millones de cubanos.
Como bien recuerda Alfonso, el “derecho de admisión” fue durante años una política sistemática del Estado cubano: hoteles prohibidos para cubanos, playas restringidas, tiendas inaccesibles, espacios reservados solo para militares o extranjeros. Y hoy, en 2026, la exclusión adopta nuevas formas: alimentos y productos básicos vendidos en monedas que la mayoría no gana.
¿Racismo o estrategia de descrédito?

Captura de pantalla de Instagram
La acusación de racismo contra FAC resulta, en palabras de Alfonso, “surrealista”. No solo por su historia personal —bisnieto de esclavos, nacido en un barrio humilde—, sino porque FAC ha sido, desde su fundación, uno de los espacios más diversos e inclusivos del panorama cultural cubano.
La campaña oficial no busca justicia ni verdad. Busca desacreditar a un proyecto que no se somete completamente al control institucional. FAC ha sido, desde 2018, una “espina en el zapato” del Ministerio de Cultura: un espacio vivo, crítico, plural, donde convergen artistas que no siempre encajan en el molde oficial.
Mal periodismo, censura y una sociedad fracturada
Uno de los pasajes más contundentes del mensaje de X Alfonso es su denuncia del mal periodismo, de los titulares sin investigación, del oportunismo digital y de los perfiles anónimos que amplifican discursos de odio. Todo esto, dice, es reflejo de una sociedad rota, dañada por décadas de censura, miedo y manipulación.
Cerrar FAC —advierte— es posible desde el punto de vista administrativo. Apagar lo que representa, no.
FAC como símbolo cultural y resistencia

Más allá del caso puntual, este episodio revela algo esencial: la cultura en Cuba sigue siendo un campo de batalla. FAC no es solo un local nocturno; es un símbolo de lo que ocurre cuando el arte intenta existir con autonomía en un sistema que desconfía de cualquier voz que no controle.
El respaldo a X Alfonso no es solo un gesto personal. Es una defensa del derecho a crear, a equivocarse, a dialogar sin ser criminalizado por el aparato institucional.
En tiempos de consignas huecas y campañas orquestadas, la respuesta de X Alfonso destaca por algo cada vez más escaso en Cuba: honestidad, memoria y dignidad.
