La reciente noticia del reinicio de la venta de gas licuado en las provincias occidentales de Cuba, especialmente en La Habana, Artemisa y Mayabeque, ha sido recibida con una mezcla de alivio y escepticismo entre la población.
Tras meses de interrupciones prolongadas y racionamientos arbitrarios, el gas licuado vuelve a los puntos de venta oficiales.
Sin embargo, la realidad que enfrentan miles de familias cubanas es mucho más compleja que un simple anuncio oficial, y pone en evidencia la persistente inestabilidad del suministro, agravada por los interminables apagones eléctricos que parecen dejar sin alternativas a quienes dependen de este combustible para cocinar.
Gas licuado en Cuba: una necesidad vital en medio de apagones constantes

Cubanoticias
En un país donde el acceso a la electricidad es irregular y las tarifas para alternativas como las hornillas eléctricas o cocinas a carbón resultan prohibitivas, el gas licuado es la base para la preparación de alimentos en la mayoría de los hogares cubanos.
Durante meses, la falta del producto ha obligado a numerosas familias a cocinar con métodos alternativos que no solo son más costosos sino también menos seguros y eficientes.
La escasez prolongada ha coincidido con una crisis energética más amplia que mantiene apagones de varias horas al día, como se ha informado oficialmente en La Habana y otras provincias. De hecho, la reducción intermitente del servicio eléctrico ha incrementado la demanda de gas licuado, provocando un círculo vicioso donde la inestabilidad de ambos recursos deja a la población en una situación crítica.
Las familias enfrentan la paradoja de que, ante la falta recurrente de electricidad, el gas debería ser la alternativa principal, pero su suministro es errático y limitado, dejando a la mayoría sin una forma confiable de cocinar.
Anuncio oficial y la problemática en la distribución
La Empresa de Gas Licuado, perteneciente a la estatal Unión Cuba-Petróleos (CUPET), anunció que se reiniciaría la venta en los puntos habituales de La Habana, Artemisa y Mayabeque, tras recibir el producto en el puerto. Se implementará una planificación diaria para atender a los clientes con prioridad a quienes no pudieron comprar gas en ciclos anteriores, estableciendo un límite de un cilindro por cliente para evitar acaparamientos y especulación.
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Sin embargo, desde la experiencia de los consumidores, la distribución parece lejos de ser equitativa u organizada. En La Habana, las colas para comprar gas licuado se extienden por días y persisten denuncias de corrupción, donde administradores venden turnos a precios exorbitantes a revendedores, quienes luego ofrecen el gas en el mercado informal a precios desorbitados.
En algunos lugares se han reportado precios de hasta 33 mil pesos cubanos, o hasta 100 dólares por cilindro en el mercado negro, situación que golpea duramente el bolsillo de las familias más vulnerables.
El impacto insostenible en la vida cotidiana

Frank Andrés Mora denuncia los apagones en Cuba para cocinar. Esta denuncia fue realizada en su Instagram hace meses.
El suministro irregular del gas licuado, unido a los apagones prolongados, ha transformado una necesidad básica en una fuente constante de estrés y precariedad para los cubanos. Muchas familias, ante la imposibilidad de cocinar con gas o electricidad, recurren a cocinar con fogatas o leña, lo que además de afectar la salud, añade riesgos y trabajos extras en el día a día.
El incremento de la demanda eléctrica debido a la necesidad de alternativas para cocinar presiona aún más la ya frágil red eléctrica cubana, aumentando los apagones y dejando a muchas zonas en un ciclo sin fin de cortes y restricciones.
Crítica a la gestión gubernamental
La respuesta del Gobierno, a través de CUPET y las autoridades locales, ha sido insuficiente y tardía. Aunque se han anunciado planes para mejorar la distribución y transparencia mediante canales oficiales como Telegram y WhatsApp, la población sigue desconfiada ante la falta de información puntual, las largas esperas y la especulación con los precios.
El sistema demuestra una incapacidad para garantizar un suministro estable y justo, y las medidas solo parecen parchar un problema estructural mucho más profundo.
La crisis energética y la carencia de combustible licuado reflejan años de falta de inversión, obsolescencia tecnológica y una planificación ineficaz, agudizados por el contexto económico adverso.
Mientras tanto, los cubanos continúan pagando el costo de vivir en una realidad donde las necesidades básicas de alimentación y energía no se satisfacen con garantías.