Los seguros de salud en Estados Unidos evidencian que el costo de la salud en vuelve a colocarse en el centro del debate público. Las primas de los seguros médicos —los pagos mensuales que los ciudadanos realizan para acceder a cobertura— están aumentando a un ritmo más acelerado que los salarios y la inflación. Y lo que hoy ya se percibe como un gasto insostenible para millones de familias, podría convertirse en una verdadera bomba económica en 2026, cuando se proyectan incrementos de hasta el 66 % en algunas regiones del país, como el estado de Nueva York.
El dato, revelado por análisis de mercado y anticipado por aseguradoras, pone en evidencia un problema estructural: el sistema de salud estadounidense es cada vez más costoso, y la brecha entre ingresos y gasto médico amenaza con dejar a más personas sin protección adecuada.
Una escalada que supera a la inflación y los salarios

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En los últimos años, los estadounidenses han visto cómo los precios de productos básicos como los alimentos y la vivienda suben sin freno. Sin embargo, el costo de los seguros de salud avanza a un ritmo incluso mayor.
Según expertos del sector, mientras la inflación nacional ha rondado entre el 3 % y el 5 % anual, las primas han aumentado en promedio entre un 7 % y un 12 % anual, dependiendo del estado y del plan.
Este desfase se traduce en un escenario preocupante: el salario promedio no alcanza a cubrir el alza constante de las pólizas, lo que obliga a muchas familias a destinar una parte cada vez mayor de sus ingresos al seguro de salud.
Para trabajadores de ingresos medios y bajos, esta situación implica tener que elegir entre pagar su cobertura médica o atender otras necesidades esenciales como la renta, la educación o la alimentación.
El caso de Nueva York: un aumento récord del 66 %
El ejemplo más alarmante se vive en Nueva York, donde se proyecta que para 2026 las primas de ciertos planes individuales y familiares aumenten hasta un 66 %.
Un trabajador de Brooklyn, entrevistado por medios locales, explicó que actualmente paga alrededor de 1.200 dólares mensuales por un seguro familiar; con el aumento previsto, esa cifra podría superar los 2.000 dólares al mes, un monto equivalente a lo que muchos pagan por alquiler en la ciudad. “Es como tener una segunda hipoteca, pero sin la posibilidad de dejar de pagarla”, lamentó.
El impacto se sentirá no solo en familias, sino también en pequeñas empresas que ofrecen cobertura médica a sus empleados. Para muchas, absorber un incremento de esta magnitud será imposible, lo que podría derivar en recortes de beneficios o incluso en la eliminación de planes de salud para los trabajadores.
¿Por qué suben tanto las primas?
Las aseguradoras justifican los aumentos por el crecimiento de los costos hospitalarios, el precio de los medicamentos y los tratamientos especializados, que cada vez son más sofisticados, pero también más caros.
La pandemia de COVID-19 y sus secuelas a largo plazo incrementaron la demanda de servicios médicos, y los nuevos medicamentos para enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad —algunos con costos que superan los 1.000 dólares mensuales por paciente— han añadido presión al sistema.
Otro factor es la concentración del mercado: en muchos estados, pocas aseguradoras controlan la oferta, lo que reduce la competencia y permite imponer tarifas más elevadas sin temor a perder clientes.
Las voces de alarma: un sistema al borde del colapso

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Organizaciones defensoras de consumidores han advertido que estos aumentos son “insostenibles” y podrían dejar a millones de estadounidenses en situación de vulnerabilidad. Si bien programas como Medicare y Medicaid ofrecen apoyo a personas mayores y de bajos recursos, la clase media trabajadora se encuentra atrapada en un limbo: gana demasiado para recibir ayuda, pero no lo suficiente para afrontar las nuevas tarifas.
Un analista del Instituto de Políticas de Salud de Harvard señaló:
“El sistema está empujando a las familias a un abismo financiero. La gente tendrá que endeudarse para pagar un seguro, o, peor aún, quedarse sin cobertura y enfrentar los riesgos de una emergencia médica sin protección”
Consecuencias sociales y económicas
Las repercusiones no se limitan al ámbito personal. La economía nacional también sufre: cuando una gran parte del salario se destina a seguros de salud, el consumo en otros sectores se reduce, afectando el crecimiento.
Además, empresas pequeñas y medianas pierden competitividad frente a las grandes corporaciones, que tienen mayor capacidad de negociar mejores planes con aseguradoras.
En términos sociales, la desigualdad se profundiza. Quienes pueden pagar seguirán accediendo a servicios de calidad, mientras que los más vulnerables verán restringidas sus opciones. Esto genera un círculo vicioso de exclusión y precariedad sanitaria.
Diversos expertos sugieren reformas urgentes:
- Mayor regulación estatal para controlar los aumentos de las aseguradoras.
- Subsidios ampliados para familias de ingresos medios, que hoy no califican para ayuda federal.
- Fomento de la competencia, facilitando la entrada de nuevas aseguradoras en el mercado.
- Inversión en prevención y salud pública, reduciendo la dependencia de tratamientos costosos.
En el debate político, resurgen propuestas de sistemas universales o mixtos de cobertura que reduzcan la dependencia del mercado privado.
Sin embargo, implementar estas soluciones requiere consenso político y un enfrentamiento directo con los grandes intereses económicos que dominan la industria de la salud.
Lo que está claro es que, de concretarse los aumentos proyectados para 2026, el panorama será crítico. Nueva York es solo el ejemplo más visible, pero analistas señalan que estados como California, Florida y Texas también verán incrementos notables.
En un país donde una simple visita a emergencias puede costar miles de dólares y donde las bancarrotas médicas son una realidad cotidiana, el encarecimiento de las primas representa mucho más que un problema financiero: es una amenaza a la estabilidad de millones de hogares estadounidenses.
En resumen…
El aumento de hasta un 66 % en las primas de seguros de salud** es una señal de alerta sobre la fragilidad del sistema sanitario de Estados Unidos.
La población se enfrenta a un dilema doloroso: pagar tarifas impagables o arriesgarse a vivir sin cobertura. La discusión no es solo económica, sino también ética y social: ¿puede una de las economías más poderosas del mundo permitir que la salud se convierta en un privilegio de pocos?