Proeza Laboral en tiempos de crisis: fábrica de sarcófagos en Santiago de Cuba recibe reconocimiento por mantener la producción, mientras en otras provincias los muertos se entierran en cajas de cartón

Imagen/ Web Periódico Sierra Maestra
En un país donde hasta morirse se ha convertido en un problema logístico, la Fábrica de Sarcófagos de Santiago de Cuba recibió la condición de «Proeza Laboral» por sus jornadas extendidas y el mantenimiento de la producción. El reconocimiento, otorgado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Administración Pública, fue celebrado por el periódico oficialista Sierra Maestra como un ejemplo de sacrificio y compromiso .
Según la publicación, el colectivo ha garantizado la vitalidad de los servicios necrológicos en los nueve municipios de la provincia, incluso en medio de contingencias energéticas y eventos hidrometeorológicos . La administradora de la entidad aseguró que se mantiene el aseguramiento de las principales materias primas, aunque reconoció irregularidades en la disponibilidad de algunas medidas de puntillas, necesarias para reforzar los ataúdes . El medio resaltó que la fábrica ha llegado a confeccionar más de mil sarcófagos en determinados meses y que, gracias a jornadas laborales extendidas, ha sostenido la distribución hacia los distintos territorios con respaldo de combustible y transporte .
La otra cara del reconocimiento
Mientras en Santiago se celebra la proeza, en otras provincias la realidad de los servicios funerarios dibuja un panorama desolador. En 2025, un video difundido en redes sociales mostró un féretro presuntamente fabricado con cartón en el cementerio de Santa Ifigenia, en la propia Santiago de Cuba, lo que generó críticas hacia la empresa de Comunales . Más recientemente, en Velasco, municipio de Gibara, en Holguín, familiares denunciaron que tuvieron que improvisar un ataúd con cartón y cinta adhesiva ante la falta total de féretros en la funeraria local . En diciembre pasado, también circularon imágenes desde Guantánamo donde se observaba un ataúd con un cristal roto colocado de forma improvisada .
Las denuncias en redes sociales sobre la escasez o deficiente fabricación de ataúdes se multiplican, y contrastan con el discurso oficial de que la producción se mantiene. Para muchas familias cubanas, despedir a un ser querido se ha convertido en una odisea marcada por la improvisación, la falta de recursos y la angustia de no poder ofrecer un entierro digno .
Un contexto de precariedad generalizada
La fábrica de Santiago, que ahora recibe honores, opera en el mismo contexto de crisis que el resto del país. La falta de combustible, los apagones y la escasez de materias primas afectan a todos los sectores, y los servicios funerarios no son la excepción. La propia administradora de la entidad reconoció «irregularidades» en la disponibilidad de insumos básicos como las puntillas, un detalle que, en cualquier otro contexto, pasaría inadvertido, pero que aquí revela hasta qué punto la precariedad alcanza todos los rincones de la vida —y de la muerte— en Cuba .
El reconocimiento como «Proeza Laboral» llega en un momento donde la palabra «proeza» parece haberse devaluado. Mantener la producción en medio de la crisis es, sin duda, un esfuerzo digno de reconocimiento. Pero cuando ese esfuerzo contrasta con las imágenes de ataúdes de cartón en Holguín o cristales rotos en Guantánamo, la celebración oficial suena más a consigna que a reflejo fiel de la realidad .
Morir en Cuba
Morir en Cuba, hoy, implica sortear obstáculos que van más allá del duelo. La familia que no encuentra un féretro, la funeraria que no tiene transporte para llevarlo, el cementerio que carece de personal para cavar la tumba. En ese escenario, la noticia de que una fábrica en Santiago ha logrado producir más de mil ataúdes en un mes debería ser motivo de alivio. Pero lo es solo a medias, porque mientras en Santiago se produce, en otras provincias la gente sigue enterrando a sus muertos como puede, con cartón, con cinta adhesiva, con lo que encuentre.
La «Proeza Laboral» de la fábrica de sarcófagos de Santiago de Cuba es, sin duda, un mérito para sus trabajadores. Pero también es un síntoma de los tiempos que corren: en un país donde mantener la producción de ataúdes se considera una hazaña, la dignidad de la muerte se mide en la misma escala que la de la vida: en carencias, en improvisación y en la lucha cotidiana por sobrevivir —o por despedirse— con lo poco que hay.
