Primer secretario de Holguín acusa a El 4tico de agenda imperial: la represión que confirma cero libertad de expresión en Cuba

Imagen: Facebook Joel Queipo
En un mensaje cargado de acusaciones, Joel Queipo Ruiz, primer secretario del Partido Comunista en Holguín, ha tildado a los jóvenes del proyecto independiente El 4tico como «rostros que pintan de inocentes y tienen alma de traidores invasores». Su publicación, que circula ampliamente en redes, los presenta como agentes financiados por EE.UU. para desestabilizar la Revolución Cubana, justificando así su reciente detención. Pero detrás de esta retórica se esconde una realidad más cruda: la criminalización sistemática de la disidencia pacífica y la ausencia total de democracia real en la isla.
El Proyecto El 4tico: voces jóvenes que dicen la verdad
El 4tico no es una organización terrorista ni un complot imperial, sino un colectivo de jóvenes cubanos —como Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, detenidos el 6 de febrero de 2026 en Holguín— que usan redes sociales para crear videos, análisis y debates sobre la dura realidad cotidiana. Hablan de apagones interminables, colas por comida, éxodo masivo de talentos y la frustración de una generación atrapada entre promesas y penurias. No llaman a la violencia ni a invasiones; simplemente dicen lo que millones piensan en silencio. Criminalizarlos por exponer estas verdades no protege la soberanía, sino que la traiciona al silenciar al pueblo mismo.
La retórica de Queipo: pretexto para la represión
Queipo Ruiz, con su «No te digo CREE, te digo LEE y ANALIZA», insiste en que estos muchachos incitan a la desobediencia constitucional y apoyan intervenciones militares. ¿Pruebas? Ninguna pública. En cambio, su post con hashtags como #HonorHolguinero y #ACubaSeRespeta convierte la crítica en traición, equiparándola a «vender la patria». Esta narrativa oficial es el manual perfecto para justificar detenciones arbitrarias. Los jóvenes de El 4tico fueron sacados de sus casas sin explicaciones, recluidos en estaciones policiales y ahora enfrentan cargos nebulosos solo por pensar diferente.
Falta de democracia: un sistema que no tolera verdades incómodas
Cuba se autoproclama democrática, pero su «democracia» es un espejismo. La Constitución (Artículo 54) promete libertad de pensamiento y expresión, pero en la práctica, decir la verdad sobre la crisis —inflación galopante, migración récord, colapso de servicios básicos— se castiga como delito contra el orden público. No hay elecciones multipartidistas, no hay prensa independiente, no hay debate real en la Asamblea Nacional. Jóvenes como los de El 4tico llenan ese vacío con redes sociales, pero el régimen responde con cárceles en lugar de argumentos. Esta represión no es nueva: recuerda a los casos de los 11J, los artistas del 27N o los activistas de las Damas de Blanco. Criminalizar por opiniones pacíficas viola el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que Cuba firmó, y demuestra que la «soberanía» se defiende aplastando voces internas, no dialogando con ellas.
La juventud cubana: el verdadero motor del cambio
Estos muchachos no son «asalariados vende patria», como los llama Queipo. Son la generación que creció con el Período Especial 2.0: sin luz, sin medicinas, sin futuro prometido. Medina y Zayas, que incluso anticiparon su arresto en cartas públicas, representan a miles que no odian a Cuba, sino que la aman lo suficiente para exigirle más. ¿Qué patria se construye encarcelando a quienes dicen «hay que cambiar»? La verdadera traición es negarles el derecho a hablar, a crear, a soñar con una Cuba plural donde quepan todas las ideas. Organizaciones independientes, varias personalidades y la Embajada de EE.UU. han alzado la voz exigiendo su liberación inmediata y un juicio justo.
Liberación inmediata de Ernesto Ricardo Medina, Kamil Zayas Pérez y cualquier otro miembro de El 4tico. No son invasores; son cubanos valientes que dicen lo que duele oír. Cuba no necesita más líderes que etiqueten y encierren, sino espacios donde la verdad circule libremente. Pensar diferente no es delito: es el primer paso hacia una nación verdaderamente soberana y democrática.


