Persiste la minería ilegal en Cuba. 10 personas capturadas en Imías que buscaban oro.

Imagen: Facebook Guantánamo y su Verdad
La minería ilegal sigue siendo un problema que crece sin control en el oriente de Cuba, y el último caso en el río El Plátano, municipio Imías, es una muestra clara de ello. En un operativo reciente, diez personas fueron sorprendidas en plena faena de extracción ilegal de oro, instaladas en campamentos improvisados y dedicadas a esta actividad durante varios días. A pesar de las advertencias y las consecuencias legales, estos buscadores no dudan en seguir arriesgando todo para obtener unas pocas partículas de oro., segú se informa en el perfil de Facebook Guantánamo y su Verdad
En otro operativo conjunto realizado por fuerzas del Ministerio del Interior, especialistas del CITMA y otros organismos, fueron sorprendidos diez ciudadanos en las márgenes del Río El Plátano, en el Consejo Popular Los Calderos, municipio Imías. De acuerdo con los reportes, debido a la multireincidencia en esta práctica ilegal, uno de los implicados enfrenta un proceso penal, mientras que el resto fue advertido y profilactado, además de que se les ocuparon los instrumentos utilizados para la extracción ilegal.

Imagen: Facebook Guantánamo y su Verdad
Extracción ilegal de oro: un reflejo de la crisis social y ambiental que enfrenta la región.
Lo llamativo no es solo que la minería furtiva persista, sino que quienes participan en ella provienen de municipios como Maisí y Baracoa, lo que indica que esta práctica se está extendiendo y desplazando hacia nuevas zonas. Esto refleja una realidad que no se puede ignorar: muchas personas recurren a la minería ilegal como una forma desesperada de sobrevivir, ante la falta de opciones reales para ganarse la vida en sus comunidades.
La destrucción ambiental que dejan a su paso estos buscadores es innegable. Ríos contaminados, suelos removidos y ecosistemas dañados son solo algunas de las consecuencias visibles. Pero más allá del daño ecológico, está el problema social: personas que arriesgan su salud y su libertad porque no encuentran otra salida. Mientras tanto, la respuesta oficial se limita a detenciones y advertencias, sin que se vean soluciones que ataquen las causas profundas de este fenómeno.



Este episodio en Imías muestra que la minería ilegal no es solo un problema de “delincuencia” o “orden público”, sino un síntoma de una crisis mucho más profunda. Sin alternativas económicas, sin desarrollo local y sin oportunidades dignas, la gente seguirá buscando en la tierra lo que el sistema no les ofrece. Y mientras tanto, la fiebre del oro clandestino seguirá extendiéndose, con todos los riesgos que eso implica para las personas y el medio ambiente.
