¿Oportunidad o trampa? Gobierno cubano abre la puerta a inversiones de emigrados en la isla en medio de la peor crisis energética

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Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y sobrino-nieto de los hermanos Castro, anuncia que los cubanos residentes en el exterior podrán ser propietarios de empresas privadas y participar en grandes proyectos de infraestructura. La medida, interpretada como una concesión a la presión de Trump, llega mientras la isla acumula tres meses sin recibir petróleo y los apagones colapsan la vida cotidiana
Mientras Cuba enfrenta su peor crisis energética en décadas, con apagones que superan las 20 horas diarias y tres meses sin recibir ni una gota de petróleo, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha anunciado un giro histórico en su política hacia la diáspora. Por primera vez desde el triunfo de la Revolución, los cubanos residentes en el exterior —incluyendo aquellos que viven en Estados Unidos— podrán invertir en empresas privadas, ser propietarios de negocios y participar en proyectos de infraestructura en la isla .
El anuncio fue realizado por Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, en una entrevista exclusiva con NBC News y posteriormente ampliado en el programa oficial Mesa Redonda . Pérez-Oliva, sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro, aseguró que «Cuba está abierta a tener una relación comercial fluida con empresas estadounidenses» y «también con cubanos residentes en Estados Unidos y sus descendientes» .
El detalle de las medidas: qué pueden hacer los emigrados
Según explicó el funcionario, las nuevas disposiciones permitirán a los cubanos en el exterior participar como socios o propietarios de empresas privadas en el país, no solo en pequeños negocios, sino también en proyectos de mayor envergadura, particularmente en infraestructura . Los sectores prioritarios incluyen turismo, minería y energía, este último clave para intentar rescatar un sistema electroenergético colapsado .
Los emigrados también podrán acceder al sistema financiero cubano: podrán abrir cuentas bancarias en divisas en bancos de la isla, en igualdad de condiciones que los residentes en el país . Además, se contempla la posibilidad de obtener licencias para participar como proveedores de servicios de activos virtuales y la entrega de tierras en usufructo para dinamizar el sector agropecuario .
Otra disposición relevante es que, al amparo del Decreto-Ley 362, los emigrados podrán establecer instituciones financieras no bancarias, bancos de inversión y otras entidades, siempre con licencia del Banco Central de Cuba . Incluso se estudia facilitar a los cubanos residentes en el exterior la residencia y la compra de propiedades inmobiliarias, especialmente a aquellos que abandonaron el país antes de la reforma migratoria de 2013 .
El contexto: tres meses sin petróleo y la presión de Trump
El anuncio no ocurre en el vacío. Se produce después de que el presidente Miguel Díaz-Canel reconociera el pasado viernes, en cadena nacional, lo que durante semanas había negado: que Cuba mantiene conversaciones con la administración de Donald Trump . Las negociaciones, que habrían incluido encuentros entre Marco Rubio y el nieto de Raúl Castro en febrero, buscan destrabar una crisis humanitaria sin precedentes .
Desde el pasado 29 de enero, Trump declaró la emergencia nacional, amenazando con imponer aranceles a los países que envíen petróleo a Cuba. La medida, efectiva, ha logrado que durante tres meses no llegue ni un barril a la isla . «Si a finales de marzo no se ve la chimenea de un tanquero en el horizonte, llegó la hora cero para Cuba», advirtió Jorge Piñón, experto en energía de la Universidad de Texas .
La falta de combustible ha agravado los problemas de la obsoleta red eléctrica cubana, provocando apagones casi constantes en toda la isla, hospitales que posponen cirugías y una ola de protestas que ya suma más de diez noches consecutivas, incluyendo la quema de la sede del Partido Comunista en Morón .
Un giro histórico tras décadas de hostilidad hacia la diáspora
La decisión de permitir a los emigrados invertir en la isla representa un cambio radical en la postura histórica del régimen hacia los que abandonaron el país. Desde el triunfo de la Revolución, los cubanos que se marchaban eran calificados como «gusanos» y perdían la mayoría de sus derechos, incluyendo la propiedad de sus bienes .
En la década de 1960, muchos salieron temiendo los fusilamientos, perdiendo todas sus propiedades al partir. En 1980, más de 125.000 emigraron por el puerto del Mariel. Una década después, unos 35.000 llegaron a Estados Unidos en balsas artesanales, una práctica que nunca se ha detenido por completo . Desde 2021, aproximadamente dos millones de personas han abandonado la isla, el éxodo más masivo en seis décadas .
Durante todo ese tiempo, los cubanos en el exterior no podían invertir en el emergente sector privado ni ser propietarios legales de negocios en el país. Tampoco podían votar . Ahora, la necesidad ha obligado al régimen a tender puentes con quienes durante décadas fueron considerados enemigos.
Las dudas: escepticismo entre la comunidad cubana en el exterior
A pesar de la magnitud del anuncio, las reacciones entre la diáspora cubana han sido mayoritariamente escépticas. Quienes en el pasado, durante el deshielo de Barack Obama, apostaron por invertir en la isla, terminaron con pérdidas, expropiaciones y, en algunos casos, tras las rejas .
El empresario cubanoamericano Hugo Cancio, propietario de Katapulk —una plataforma de comercio electrónico que opera en Cuba—, calificó la medida como «histórica» y aseguró que «podría ser el principio del desmantelamiento del embargo económico de EE.UU. a Cuba» . Sin embargo, reconoció que queda mucho por hacer y que existe «sospecha de ambos lados» .
La economista cubana Tamarys Bahamonde advierte que «el éxito de esa medida va a depender no solo de cómo Cuba la diseñe e implemente, sino también de las flexibilidades que se den en EE.UU.» . Para que los cubanoamericanos puedan invertir, necesitarán autorización de los departamentos del Tesoro y Comercio de Estados Unidos, que supervisan el cumplimiento de las sanciones. En última instancia, la decisión está en manos de Trump .
Los obstáculos legales: Helms-Burton y la falta de garantías
El camino no es sencillo. La ley Helms-Burton de 1996 impide al presidente levantar completamente el embargo hasta que un gobierno democráticamente electo esté en funcionamiento en la isla . Aunque Trump puede modificar regulaciones para aliviar las sanciones en respuesta a reformas económicas, el marco legal estadounidense sigue siendo un obstáculo mayor.
Del lado cubano, los problemas no son menores. El sistema legal y la Constitución ofrecen escasa protección para inversores y propiedad privada . «Lo que se necesita es el estado de derecho, garantías suficientes para los inversores que eviten confiscaciones arbitrarias, estabilidad monetaria y cambios macroeconómicos que aún no estamos viendo», advierte Carlos Saladrigas, empresario cubanoamericano y presidente del Cuba Study Group .
Saladrigas señala que algunos de los cambios necesarios son de naturaleza política: «Por ejemplo, un poder judicial independiente es un cambio esencial para dar confianza a los inversores en el país. Eso, para mí, es un cambio político. Tiene que haber paz y armonía nacional. Eso requiere cambios políticos» .
La posición de los halcones: «Cero inversión sin cambios políticos»
El congresista cubanoamericano Carlos Giménez, republicano de Florida, fue tajante en su reacción: «Habrá CERO inversión de EE.UU. a menos que haya un CAMBIO POLÍTICO IMPORTANTE en la isla» .
Mientras tanto, el canciller Bruno Rodríguez, representante del ala dura del régimen, publicó en X que las conversaciones con Estados Unidos «no se refieren a asuntos internos, marcos constitucionales o modelos políticos, económicos y sociales de los dos países» . El hecho de que el mensaje fuera solo en español sugiere que iba dirigido a audiencias domésticas, quizás para tranquilizar a los sectores más ortodoxos .
Un futuro incierto
El anuncio de estas medidas llega mientras la isla sigue sumida en un apagón generalizado. La noche del lunes, mientras Pérez-Oliva Fraga detallaba las nuevas disposiciones en la televisión nacional, millones de cubanos continuaban a oscuras, preguntándose si esta «apertura» llegará alguna vez a aliviar su sufrimiento cotidiano.
El presidente Díaz-Canel afirmó el viernes que es «responsabilidad del gobierno acoger, escuchar, atender y ofrecer un espacio de participación» a los cubanos en el exterior . Pero para la diáspora, que ha visto promesas incumplidas durante décadas, la pregunta sigue siendo la misma: ¿será esta vez diferente?
Cancio lo resume con esperanza y cautela: «Los cubanos de Miami no solo llegamos con un cheque, sino con nuestros valores, nuestros principios, nuestras convicciones, nuestra filosofía política. El gobierno cubano tiene que entender que podemos tener diferencias y respetar los criterios de cada uno» .
Por ahora, lo único seguro es que la crisis ha obligado al régimen a mover sus propias líneas rojas. Queda por ver si la diáspora —y Washington— están dispuestos a cruzar el puente que La Habana acaba de tender.
