Michaelis Cue y sus declaraciones más polémicas: el arte, la burocracia y el ego en la actuación cubana

Foto: Portal de la TVC
“El arte transformó mi vida”: una declaración que interpela el origen social
Cue se define a sí mismo como “un modesto guajirito de la provincia de Granma” al recordar su ingreso a la Escuela Nacional de Teatro en 1967. Aunque dicha afirmación ha sido recibida con admiración, también reabre el debate sobre el papel del arte como vía de movilidad social y la responsabilidad de las instituciones culturales en garantizar ese acceso hoy.
“El arte me abrió todos los poros, me llenó de belleza, de vida, de amor por la humanidad”, expresó el actor, una frase que ha sido compartida ampliamente en redes sociales y que coloca al arte no solo como profesión, sino como un acto transformador de conciencia.

Foto: Portal de la TVC
La crítica directa a la burocracia cultural
Uno de los momentos más comentados de la entrevista ocurre cuando Michaelis Cue revela que, durante años, los actores teatrales no podían trabajar en televisión debido a trabas burocráticas.
“Era una época en que, por cuestiones burocráticas, los actores teatrales no podíamos hacer televisión”, afirmó, señalando una práctica que hoy resulta impensable, pero que marcó profundamente la relación entre el teatro y el audiovisual en Cuba.
Esta declaración ha sido interpretada como una crítica directa a decisiones institucionales del pasado, que limitaron el desarrollo integral de muchos artistas y fragmentaron los públicos.

Foto: Portal de la TVC
Vicente Revuelta: “mi verdadera escuela”
Al referirse al maestro Vicente Revuelta, Cue afirma que trabajar con él no fue una segunda escuela, sino “mi verdadera escuela”. La frase, aunque cargada de respeto y admiración, también ha generado debate sobre las carencias de la formación académica frente al aprendizaje práctico, una discusión recurrente en los ámbitos teatrales y audiovisuales.
Revuelta es descrito como “un genio” y “una enciclopedia”, lo que reafirma la importancia de los grandes maestros en la transmisión del saber artístico más allá de los programas docentes formales.

Foto: Portal de la TVC
El ego como enemigo del actor
Otra de las declaraciones que más reacciones ha provocado es su postura frontal contra el ego en la actuación:
“No es vanidad, ni narcisismo, ni egocentrismo, pues creo que estas características humanas son el enemigo número uno de los actores”.
En un medio donde la visibilidad pública suele confundirse con éxito personal, Cue propone una ética del actor basada en la humildad, el rigor y la entrega, una visión que contrasta con ciertas dinámicas contemporáneas del espectáculo.
El riesgo permanente del arte
Para Michaelis Cue, el arte nunca es una zona de confort. Define cada nuevo proyecto como “estar sobre el filo de una navaja”, una metáfora que resume su concepción del trabajo actoral como riesgo constante, incluso después de décadas de experiencia.
Esta afirmación cuestiona la idea de que la veteranía elimina la inseguridad y coloca el proceso creativo como un espacio de vulnerabilidad permanente.

Foto: Portal de la TVC
Enrique Chiquito: un personaje que marcó generaciones
Aunque se reconoce como un actor formado en el teatro clásico, Cue acepta que para muchos será siempre Enrique Chiquito, personaje del programa infantil La sombrilla amarilla. Lejos de renegar de ello, lo asume como otra de sus grandes escuelas, reivindicando el valor del arte para niños, un género que considera especial y difícil.
Su confesión de que abordó el personaje “como un niño más” revela una metodología actoral que privilegia la honestidad emocional sobre cualquier artificio técnico.
Michaelis Cue: Un legado que sigue generando conversación
Las declaraciones de Michaelis Cue no buscan la provocación, pero sí invitan a la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro del arte cubano. Su mirada crítica, serena y profundamente humana explica por qué, más allá de los personajes, su voz sigue teniendo peso en el debate cultural.
En tiempos donde el ruido suele imponerse al pensamiento, entrevistas como esta confirman que el verdadero impacto no siempre está en la polémica estridente, sino en la palabra que deja huella.
