Irán ejecuta al joven Amirhossein Hatami en medio de la guerra con EE. UU. e Israel: el noveno preso ajusticiado desde el 28 de febrero
La República Islámica de Irán ejecutó en la madrugada del jueves 2 de abril de 2026 al joven de 18 años Amirhossein Hatami, detenido durante las protestas antigubernamentales del pasado mes de enero en Teherán. El ajusticiamiento, que tuvo lugar en la prisión de Ghezel Hesar, en las afueras de la capital, fue confirmado por el propio poder judicial iraní y ha sido condenado por múltiples organizaciones de derechos humanos en medio de una guerra abierta contra Estados Unidos e Israel.
Hatami fue acusado por las autoridades de participar en un ataque contra una base de la Guardia Revolucionaria (IRGC) en Teherán. El sitio web Mizan Online, vinculado al poder judicial, lo responsabilizó de haber actuado «en contra de la seguridad nacional» en beneficio de Israel y Estados Unidos, a quienes acusa de manipular a los jóvenes manifestantes.
Un proceso judicial marcado por la tortura y la ausencia de garantías
La condena y posterior ejecución de Hatami ha desatado una oleada de indignación internacional. Según la organización Iran Human Rights (IHRNGO), con sede en Oslo, el joven fue juzgado por el tribunal revolucionario de Teherán presidido por el juez Abolqasem Salavati, conocido como el «Juez de la Muerte» y sancionado por Estados Unidos en 2019 por su historial de imposición de penas capitales.

Imagen/ Mario Vallejo
El proceso judicial fue calificado de «extremadamente injusto» por IHRNGO y por Amnistía Internacional, que denunció que el juicio se basó en confesiones obtenidas bajo tortura. «Hatami fue sometido a tortura y sentenciado con base en confesiones forzadas en un juicio sumamente injusto», declaró Mahmood Amiry-Moghaddam, director de IHRNGO.
La defensa del joven, quien era músico, alegó que los acusados fueron encerrados en un edificio por las fuerzas de seguridad, quienes luego prendieron fuego al lugar, incriminándolos falsamente. Tras su arresto el 8 de enero, su caso fue remitido al Tribunal Revolucionario el 7 de febrero y al día siguiente fue condenado a muerte. La organización Iran Human Rights señala que transcurrieron apenas 84 días entre su arresto y su ejecución.
La guerra como telón de fondo de una represión intensificada
La ejecución de Hatami se produce en un contexto de máxima tensión bélica en Oriente Medio. El pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta que acabó con la vida del líder supremo iraní, Alí Jamenei.
En este escenario, el régimen iraní ha intensificado el uso de la pena de muerte como herramienta de represión política. Hatami es el cuarto manifestante ejecutado en relación con las protestas de diciembre-enero, y el noveno preso político ajusticiado desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. Las ejecuciones se han acelerado en las últimas dos semanas, en las que han sido ahorcados tres manifestantes y cuatro presos políticos.
«Cuando un régimen siente que pierde control, no corrige, castiga. Y casi siempre empieza por los más jóvenes», señala un análisis de la situación. «En Irán, la represión no solo llena cárceles; ahora también está levantando patíbulos».
La escalada represiva continuará
Las organizaciones de derechos humanos advierten que cientos de personas más corren el riesgo de ser ejecutadas en los próximos días y semanas. «En las últimas dos semanas, tres manifestantes y cuatro presos políticos han sido ejecutados, y cientos más permanecen en riesgo inminente», añadió Amiry-Moghaddam.
El ejecutivo iraní no ha dado señales de frenar la ola represiva. Las protestas, que comenzaron en diciembre de 2025 por el aumento del costo de la vida, se extendieron por todo el país en enero de 2026, siendo brutalmente reprimidas por las fuerzas de seguridad. Las organizaciones de derechos humanos cifran en varios miles los fallecidos durante la represión, mientras que Teherán reconoce oficialmente más de 3.000 muertos, incluyendo miembros de las fuerzas de seguridad.
La ejecución de Amirhossein Hatami, un joven de 18 años que soñaba con la música, se ha convertido en un nuevo símbolo de la brutalidad del régimen iraní, que utiliza la pena de muerte para sembrar el terror entre la población y silenciar cualquier atisbo de disidencia en medio de una guerra que amenaza con sumir a la región en un caos aún mayor.
