Francia exige reformas en Cuba y alerta sobre el riesgo de desestabilización en el Caribe ante el cerco petrolero de Trump

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El gobierno de Emmanuel Macron mantiene una postura ambivalente: mientras califica de «ilegal» el bloqueo estadounidense y reconoce su impacto humanitario, toma distancia del régimen de Díaz-Canel y condiciona su ayuda a la apertura política y al respeto a los derechos humanos. La amenaza de inestabilidad en el Caribe, donde Francia tiene presencia con sus territorios de ultramar, ha elevado la presión sobre París para que actúe
En medio de la peor crisis energética que ha enfrentado Cuba en décadas, Francia ha elevado el tono de sus críticas y exigencias hacia La Habana, mientras se debate entre la solidaridad humanitaria y la defensa de los principios democráticos. La postura, expuesta en sucesivas intervenciones parlamentarias y encuentros diplomáticos en los últimos dos meses, refleja la creciente preocupación de París por el impacto desestabilizador del cerco petrolero impuesto por Donald Trump en una región donde Francia tiene presencia a través de sus territorios de ultramar.
El pasado 4 de febrero, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, calificó el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba como «ilegal» y reconoció sus consecuencias para la vida de la población de la isla . En una sesión de preguntas y respuestas en la Asamblea Nacional, Lecornu señaló que Francia se opone cada año en la ONU a esa política de décadas, en su condición de integrante de la Asamblea General del ente multilateral y de miembro permanente de su Consejo de Seguridad .
Sin embargo, el matiz fue crucial: en sus palabras, Lecornu mencionó al pueblo cubano, pero tomó distancia del gobierno de la nación antillana . Esa ambivalencia define la posición francesa: ayuda humanitaria sí, pero no respaldo automático al régimen.
La amenaza a la estabilidad del Caribe: el factor Guadalupe, Martinica y Guayana Francesa
La preocupación de París no es meramente geopolítica. Tiene una dimensión territorial directa. Francia mantiene presencia en el Caribe a través de sus departamentos de ultramar de Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa, San Bartolomé y San Martín . La inestabilidad en Cuba, a solo unos cientos de kilómetros de estos territorios, es percibida como una amenaza directa.
El diputado comunista Stéphane Peu, presidente del grupo de la Izquierda Democrática y Republicana en la Asamblea Nacional, ha sido el portavoz más insistente de esta preocupación. En febrero, denunció ante Lecornu el impacto que tendrá la medida de Trump en sectores vitales de la población y «la inestabilidad que llevará al Caribe, región donde Francia tiene presencia con sus territorios de ultramar» .
Peu reclamó asistencia humanitaria para los cubanos y la activación de mecanismos de la Unión Europea que combatan la extraterritorialidad del bloqueo estadounidense, en particular el Reglamento 2271/1996, conocido como «ley de bloqueo», que protege a las empresas europeas de las sanciones extraterritoriales de Estados Unidos .
La carta de LFI: «Francia debe jugar un papel activo»
El 6 de marzo, cerca de 40 personalidades de La Francia Insumisa (LFI), encabezadas por su líder Jean-Luc Mélenchon, la eurodiputada Leïla Chaibi y el diputado Rodrigo Arenas, enviaron una carta abierta al presidente Emmanuel Macron y al canciller Jean-Noël Barrot exigiendo una respuesta más contundente .
Los firmantes advirtieron que el bloqueo impuesto por Washington por más de seis décadas constituye una «medida unilateral, sin el mandato de las Naciones Unidas» y pidieron a Francia que juegue un papel activo en el apoyo a la isla, aprovechando su proximidad geográfica a través de los territorios ultramarinos para facilitar la logística y el transporte de ayuda de urgencia .
También instaron al gobierno a condenar oficialmente el recrudecimiento del bloqueo y a fijar sin ambigüedades una postura de rechazo a su carácter extraterritorial, protegiendo a las empresas, los bancos y las organizaciones que decidan cooperar con Cuba .
El encuentro Barrot-Rodríguez: reformas económicas y derechos humanos sobre la mesa
El 19 de febrero, el canciller francés Jean-Noël Barrot recibió a su homólogo cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en el marco de la gira europea del funcionario cubano. Durante el encuentro, ambos ministros abordaron la situación económica y social en la isla, las perspectivas de estabilización, la situación de los derechos humanos y el avance de las reformas económicas .
En el comunicado oficial, el Ministerio francés de Exteriores subrayó que Barrot reiteró «el apego de Francia a las libertades fundamentales» y destacó que «los progresos en este ámbito constituyen un factor de confianza que contribuiría a una estabilidad duradera» . La advertencia fue implícita pero clara: sin reformas, la estabilidad de Cuba y del Caribe corre peligro.
El silencio sobre el gobierno y la memoria de los médicos cubanos
Un detalle revelador de la postura francesa es que, en todas sus intervenciones, Lecornu mencionó al «pueblo cubano» pero se abstuvo de referirse al gobierno de la isla . Esa distancia fue inmediatamente recordada por el diputado Peu, quien le replicó que durante la pandemia de la Covid-19, los médicos cubanos ayudaron a los territorios de ultramar de Francia .
El episodio resume la tensión que recorre el debate en París: la solidaridad con Cuba tiene un límite que no llega hasta el respaldo al régimen.
Lo que viene: ayudas humanitarias sí, ¿reformas políticas?
El gobierno francés ha confirmado que asistirá a Cuba cada vez que lo considere necesario, pero sin comprometerse a un plan de apoyo estructural más allá de la ayuda humanitaria . Mientras tanto, los parlamentarios de izquierda insisten en que Francia debe ir más allá: condenar oficialmente el bloqueo, activar los mecanismos de la UE para proteger a las empresas que comercian con Cuba y establecer un puente de asistencia urgente .
Para el régimen de Díaz-Canel, las declaraciones francesas son un arma de doble filo. Por un lado, París se suma a la condena internacional al bloqueo de Trump. Por otro, exige cambios políticos que La Habana no está dispuesta a conceder.
En el Caribe, mientras tanto, los apagones continúan, los calderos siguen sonando y los territorios franceses de ultramar observan con atención. Porque la inestabilidad en Cuba, advierte París, es también la inestabilidad de Guadalupe, Martinica y Guayana. Y ese es un riesgo que Francia no está dispuesta a correr en silencio.
