El repliegue silencioso: Cuba retira a sus agentes de inteligencia de Venezuela mientras Delcy Rodríguez consolida su poder
Un proceso de retirada progresiva de asesores de seguridad, personal de inteligencia y profesionales de la salud cubanos en Venezuela ha comenzado a tomar forma en las últimas semanas, en un movimiento que expertos y fuentes consultadas por Reuters interpretan como el posible inicio del desmantelamiento de la estructura de control militar e influencia que La Habana diseñó y mantuvo durante más de una década para apuntalar al chavismo.

Imagen/Díaz-Canel y Delcy Rodríguez
La salida no ha sido anunciada oficialmente por ninguno de los dos gobiernos, pero las evidencias se acumulan: vuelos de Cubana de Aviación que repatriaron a decenas de uniformados del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias; asesores apartados de posiciones clave dentro de la temida Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM); y un cambio significativo en la seguridad personal de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, quien habría reemplazado a sus tradicionales escoltas cubanos por guardaespaldas venezolanos.
El detonante: una operación militar que dejó 32 cubanos muertos
El punto de inflexión, según todas las fuentes, fue la operación militar estadounidense del pasado 3 de enero, que culminó con la captura del entonces presidente Nicolás Maduro y dejó un saldo de 32 efectivos cubanos muertos. La Habana, que durante años había negado sistemáticamente cualquier presencia militar directa en Venezuela, confirmó las bajas y las presentó como «héroes internacionalistas», un reconocimiento que contradijo décadas de desmentidos oficiales.
A partir de ese momento, la dinámica cambió. Once fuentes consultadas por Reuters coinciden en que Delcy Rodríguez, ahora al frente del gobierno interino, ha optado por distanciarse operativamente de la estructura de seguridad cubana, sin llegar a una ruptura declarada pero sí adoptando medidas que reducen la visibilidad y el control directo de los asesores de la isla.
La arquitectura del control: los acuerdos de 2008
Para comprender la magnitud de lo que está en juego, es necesario retroceder a 2008. Ese año, los ministerios de Defensa de Cuba y Venezuela firmaron dos acuerdos que otorgaron a La Habana un acceso sin precedentes al sector militar venezolano. Bajo esos pactos, oficiales venezolanos fueron entrenados en La Habana en técnicas de contrainteligencia, mientras instructores cubanos supervisaban la «modernización» del entonces servicio de inteligencia militar (DIM).
En 2011, el DIM fue rebautizado como DGCIM, y su misión se reorientó: dejó de enfocarse en amenazas externas para concentrarse en vigilar a los propios soldados, oficiales y comandantes venezolanos. Agentes entrenados por Cuba se infiltraron en cuarteles, interceptaron comunicaciones de altos mandos y promovieron un sistema de delación que sembró el miedo dentro de las fuerzas armadas. La DGCIM fue posteriormente señalada por Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos por prácticas que incluyen torturas, detenciones arbitrarias y tratos crueles.
Un repliegue parcial pero significativo
Según un exfuncionario de inteligencia venezolano citado por Reuters, algunos asesores cubanos han sido apartados de sus funciones dentro de la DGCIM. Paralelamente, en las últimas semanas se han registrado múltiples vuelos de Cubana de Aviación —especialmente el Ilyushin Il-96-300— con destino a La Habana, transportando principalmente a uniformados del MININT y las FAR, aunque también a personal sanitario. Estos movimientos, discretos pero constantes, refuerzan la hipótesis de un repliegue parcial bajo presión externa más que de una retirada total.
Las causas exactas de la salida siguen siendo objeto de versiones contrapuestas. Una fuente cercana al partido gobernante venezolano aseguró que responde directamente a órdenes de Rodríguez ante la presión de Washington. Otras fuentes no pudieron confirmar si se trata de una decisión de Caracas, de un movimiento voluntario de los cubanos o de una instrucción emanada desde La Habana.
Presión de Trump y alineamiento de intereses
La administración Trump ha colocado el eje La Habana-Caracas en el centro de su estrategia regional. El propio presidente lo expresó sin ambages el 11 de enero en su red Truth Social: «Cuba sobrevivió durante muchos años gracias al petróleo y el dinero de Venezuela… ¡pero ya no!».
Desde mediados de diciembre, Washington ha bloqueado los envíos de crudo venezolano a Cuba, y el 29 de enero firmó una orden ejecutiva que amenaza con aranceles a cualquier país que exporte petróleo a la isla. En este contexto, un funcionario de la Casa Blanca citado por Reuters afirmó que Estados Unidos mantiene una «muy buena relación» con el nuevo liderazgo venezolano y considera que los intereses de Rodríguez «se alinean» con los objetivos de Washington.
Un legado que permanece y un futuro incierto
Pese a las señales de distanciamiento operativo, ambos gobiernos han insistido públicamente en la continuidad de la alianza. El 8 de enero, la propia Rodríguez apareció en Caracas junto al canciller cubano Bruno Rodríguez durante un acto en memoria de las víctimas del ataque estadounidense. Días después, conversó telefónicamente con Miguel Díaz-Canel para reafirmar la «hermandad» bilateral.
Analistas consultados coinciden en que el repliegue responde más a un ajuste táctico que a una ruptura estratégica. Frank Mora, exembajador de Estados Unidos ante la OEA, considera que Rodríguez intenta mantener a los cubanos «a distancia» hasta consolidar su control del poder, sin romper completamente con La Habana. John Polga-Hecimovich, académico especializado en la región, subraya que la huella de la inteligencia cubana sigue profundamente incrustada en las estructuras de seguridad venezolanas, y que es probable que agentes encubiertos permanezcan en el país observando la evolución del escenario político.
La retirada parcial deja más interrogantes que certezas. Pero una conclusión parece inevitable: la «cubanización» del aparato de seguridad venezolano, que durante años fue un pilar del chavismo, ha comenzado a revertirse. El eje La Habana-Caracas, forjado en la época de Hugo Chávez y mantenido por Nicolás Maduro, atraviesa hoy su momento más frágil desde su creación.
