«El pueblo no tiene la culpa de los complejos antinorteamericanos»: sacerdote cubano pide diálogo con EE.UU. para aliviar el sufrimiento de la població

Imagen/ FB Alberto Reyes
En medio de una crisis que ahoga a la población entre apagones, escasez y desesperanza, el sacerdote cubano Alberto Reyes Pías lanzó una dura apelación pública: que el gobierno de Cuba se siente a dialogar con Estados Unidos, no por soberanía ideológica, sino por puro instinto de supervivencia. Su mensaje, difundido en Facebook, pone el foco donde pocos se atreven: en el pueblo, que nada tiene que ver con los «complejos antinorteamericanos» de quienes gobiernan .
Reyes critica que la mayoría de los análisis sobre la relación entre Washington y La Habana se centran exclusivamente en los gobiernos, ignorando la realidad de una población que, según sus palabras, «no se identifica con el gobierno y vive secuestrada bajo un sistema autoritario» . Para el párroco, la discusión debería desplazarse del terreno ideológico al humanitario: ¿de qué sirve mantener posiciones de principios si la gente se muere de hambre?
La metáfora del niño que sufre bullying
En un intento por hacer comprensible la asimetría de fuerzas, Reyes empleó una metáfora desgarradora: comparó la relación entre el pueblo cubano y su gobierno con la de un niño de ocho años que sufre acoso escolar de alguien más fuerte. Nadie esperaría, dijo, que ese niño se defienda solo. «El pueblo cubano ha intentado enfrentar la represión, sin ayuda externa, haciendo lo que ha podido», afirmó.
La imagen es poderosa porque describe con crudeza la vulnerabilidad de una sociedad «desprotegida, sin Estado de derecho, con un entramado civil minuciosamente desarticulado a lo largo de casi 70 años, vulnerable a merced de represores que tienen mucho poder».
Contra la hipocresía de las ideologías
El sacerdote también cuestionó la hipocresía de quienes protestan contra cualquier acercamiento con Estados Unidos tachándolo de injerencia. Recordó ejemplos históricos como la intervención norteamericana en la Segunda Guerra Mundial, que fue decisiva para derrotar a la Alemania nazi, y preguntó: si existen países que se proclaman democráticos, ¿no deberían tener «la decencia y el valor» de defender la libertad real de los cubanos, en lugar de anteponer ideologías al hambre y la miseria que afronta la mayoría de la población? .
«El pueblo cubano no tiene la culpa de los complejos antinorteamericanos, y el que los tenga, que los canalice de otro modo y no anteponiendo su ideología al hambre y a la miseria de todo un pueblo», sentenció .
Un llamado a secundar la propuesta de EE.UU.
Reyes fue más allá y sugirió que «esta sería precisamente la hora de secundar la propuesta de Estados Unidos, y de demostrar que las naciones que se autoproclaman democráticas tienen la decencia y el valor de defender la libertad y la verdadera soberanía de la gente de a pie» .
Su declaración coincide con un clima de máxima tensión y expectativa política en Cuba, tras la presión de la administración de Donald Trump, que ha señalado su intención de acelerar la caída del régimen en la isla . Las sanciones energéticas, la paralización de industrias clave, la suspensión de vuelos y la crisis humanitaria han creado un escenario donde las voces que piden un cambio de postura se vuelven cada vez más audibles.
«Hundirnos más y más, hasta morir»
El sacerdote concluyó su mensaje con una advertencia escalofriante: «Sin la ayuda de alguien más fuerte, sólo nos queda hundirnos más y más, hasta morir y ver morir a nuestros hijos, mientras escuchemos a esos que hoy demonizan a los que están haciendo algo por nuestra libertad decir, desde un bar de copas en Londres o en París: ‘¡Oh, qué admirable el pueblo de Cuba, como resistió hasta el final!'» .
Es la imagen de un país que se desangra mientras el mundo observa, y que necesita, según Reyes, algo más que solidaridad retórica: necesita que quienes pueden ayudar lo hagan, sin complejos y sin demora.
Una voz incómoda en tiempos difíciles
Alberto Reyes Pías no es un recién llegado a la crítica. Con una trayectoria de pronunciamientos públicos contra el régimen, su postura se suma a las voces internas que demandan un cambio de sistema y ponen de relieve la crisis económica, social y política que vive el país . En un contexto donde el gobierno insiste en la narrativa del bloqueo como causa única de todos los males, su llamado a mirar más allá de la ideología y enfocarse en el sufrimiento humano resuena como una piedra en el zapato.
Mientras tanto, en las calles de La Habana, la gente sigue haciendo colas, cocinando con leña y esperando un cambio que no llega. Y la pregunta de Reyes flota en el aire, incómoda y necesaria: ¿vale la pena mantener los principios si el precio lo paga un pueblo entero?
