El New York Times revela la condición de Trump para un acuerdo con Cuba: la salida de Díaz-Canel

Imagen/ BBC
Según fuentes familiarizadas con las negociaciones, la administración estadounidense ha comunicado a los representantes cubanos que el mandatario debe dimitir para avanzar en cualquier entendimiento. La exigencia, que no implica desmantelar el sistema ni tocar a la familia Castro, llega mientras la isla acumula tres meses sin petróleo y las protestas se multiplican
La revelación ha sacudido los cimientos de unas negociaciones que hasta ahora se habían mantenido en secreto. Según publicó este lunes The New York Times citando a cuatro personas familiarizadas con las conversaciones, la administración de Donald Trump ha planteado a los negociadores cubanos una condición innegociable para alcanzar cualquier acuerdo: el presidente Miguel Díaz-Canel debe abandonar el poder .
El mensaje, según el diario, no se ha formulado como un ultimátum, sino como «un paso positivo que allanaría el camino para acuerdos productivos» . Sin embargo, la exigencia es clara: Estados Unidos «ha dado a entender que no se puede llegar a ningún acuerdo mientras él esté al mando» .
Una cabeza simbólica que no implica cambio de sistema
Lo más revelador de la información del Times es que la demanda de Washington no busca desmantelar el régimen comunista que gobierna Cuba desde hace más de 65 años. Según las fuentes consultadas, los representantes estadounidenses han dejado en manos de las autoridades cubanas los pasos posteriores y, por ahora, no están presionando para que se tomen medidas contra miembros de la familia de Fidel Castro, quienes continúan siendo figuras influyentes dentro del aparato de poder del país .
La propuesta implicaría apartar a Díaz-Canel, pero no necesariamente modificar la estructura del actual sistema político . En la visión de algunos funcionarios estadounidenses, la salida del jefe de Estado podría facilitar cambios económicos estructurales que, en su opinión, el actual mandatario cubano —considerado un intransigente por la administración Trump— difícilmente respaldaría .
El objetivo, de acuerdo con las fuentes, es obtener una victoria simbólica que permita a Trump decirle al público estadounidense que derrocó al líder de un gobierno de izquierda, como ya hizo en Venezuela, mientras se abren las puertas a reformas económicas .
El contexto: tres meses sin petróleo y un país que se desmorona
La filtración del Times ocurre en un momento de máxima vulnerabilidad para Cuba. Desde el pasado 29 de enero, Trump impuso un bloqueo petrolero que ha logrado que durante tres meses no llegue ni un barril a la isla . El propio Díaz-Canel admitió el viernes, por primera vez, que ambos gobiernos mantienen conversaciones, y atribuyó la crisis energética que vive la isla a esa medida. «La culpa recae en el bloqueo energético que se nos ha impuesto», afirmó .
Un día después de esas declaraciones, la red eléctrica colapsó y todo el país quedó a oscuras, en el sexto apagón nacional en los últimos 18 meses . La situación ha desatado una oleada de protestas que ya suma más de diez noches consecutivas, incluyendo la quema de la sede del Partido Comunista en Morón y heridos de bala como Kevin Samuel Echeverría, un adolescente de 15 años.
Trump, por su parte, ha intensificado su retórica. Este lunes afirmó que sería «un gran honor» para él «tomar Cuba», y cuando fue consultado sobre si se trataría de una acción diplomática o militar, respondió: «Creo que puedo hacer lo que quiera con ello» .
El papel de la familia Castro y los negociadores ocultos
Según el Times, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como Raulito o El Cangrejo, ha sido uno de los principales negociadores con Estados Unidos y ha hablado directamente con el secretario de Estado Marco Rubio . De producirse la salida de Díaz-Canel, Rodríguez Castro seguiría ejerciendo poder entre bastidores mientras otra persona, que no llevaría el apellido Castro, ocuparía formalmente la Presidencia, según una de las fuentes consultadas por el diario .
El Times señala que el gobierno cubano parece estar barajando candidatos para la sucesión. Como indicio, el diario destaca que Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro nombrado viceprimer ministro a finales del año pasado, concedió el lunes una inusual entrevista a una cadena estadounidense en la que habló sobre la apertura de Cuba a la inversión extranjera y a la participación de los emigrados .
Las reacciones: silencio oficial y declaraciones encontradas
El gobierno cubano declinó hacer comentarios al New York Times . El Departamento de Estado remitió las preguntas a las recientes declaraciones de Trump sobre la isla .
Mientras tanto, Díaz-Canel ha confirmado a medios locales que hay contactos con EE.UU. para «buscar soluciones por la vía del diálogo a las diferencias entre ambos Gobiernos», algo que ya Trump había adelantado, pero que la isla había negado . El canciller Bruno Rodríguez, representante del ala dura del régimen, publicó en X que las conversaciones «no se refieren a asuntos internos, marcos constitucionales o modelos políticos, económicos y sociales de los dos países» .
Ricardo Zúniga, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional de la administración Obama que participó en las negociaciones secretas que derivaron en el deshielo diplomático de 2014, lo resumió con crudeza: «El capitán se hunde con el barco, y este barco se está hundiendo. Para mí tiene todo el sentido del mundo; eso es lo que yo habría hecho» .
Un futuro incierto
La estrategia estadounidense apunta, según el Times, a convertir Cuba en una suerte de estado satélite con economía abierta a empresas y empresarios de Estados Unidos, a cambio de victorias políticas simbólicas para Trump. Como parte de esa agenda, Washington también presiona por la liberación de presos políticos y la destitución de funcionarios veteranos vinculados al legado de Fidel Castro .
Mientras tanto, millones de cubanos continúan a oscuras, preguntándose si este pulso entre Washington y La Habana traerá algún alivio a su sufrimiento cotidiano. Por ahora, lo único seguro es que las negociaciones han entrado en terreno inexplorado, y que la cabeza de Díaz-Canel se ha convertido en la pieza central de un tablero geopolítico que podría redefinir el futuro de la isla.
