El engaño de los «conocidos»: así operan las estafas digitales que desangran los bolsillos de los cubanos
A través de Transfermóvil y la suplantación de identidad, delincuentes vacían cuentas bancarias aprovechando la confianza vecinal, los apagones y la vulnerabilidad del sistema. Las víctimas denuncian, pero el dinero no se recupera

Imagen/ Periódico Escambray
El mensaje llegó por texto, como tantos otros. Era de una muchacha del barrio, alguien conocida, de esas con las que se cruza uno en la cola de la bodega o en la parada de la guagua. Pedía ayuda: necesitaba que le hicieran una transferencia urgente porque estaba en un lugar donde solo aceptaban ese método de pago. Fla Gaché, una cubana que prefiere mantener su nombre de usuario en redes para no exponerse más, confió. «Era alguien conocido y por eso confié», relató en un video que se ha vuelto viral en Instagram desde el pasado 26 de febrero .
Lo que no sabía es que detrás de ese número estaba un estafador. Alguien había hackeado la línea de su vecina y, desde esa identidad prestada, estaba tejiendo la red para vaciarle la cuenta. «Me estafaron y vengo a contarles sobre esto para que no les pase», advirtió Gaché, iniciando un relato que cientos de cubanos reconocen como propio .
La operación fue rápida. Con la urgencia que imponen los apagones —en su zona el internet se corta cuando se va la luz—, Fla realizó la transferencia sin verificar. Cuando logró contactar a su conocida por teléfono, la respuesta fue demoledora: le habían hackeado el número. La estafa estaba consumada .
El «Ghost Pairing» y la vulnerabilidad del sistema
El método no es nuevo, pero se ha perfeccionado. Los delincuentes utilizan una técnica conocida como «Ghost Pairing» (emparejamiento fantasma), que les permite vincular el número de teléfono de la víctima a otro dispositivo. Para ello, necesitan obtener el código de verificación que la persona, engañada, termina compartiendo sin saber que está entregando las llaves de su cuenta .
Una vez dentro, los estafadores contactan a los conocidos de la víctima solicitando transferencias urgentes. Explotan la confianza interpersonal, el recurso más valioso en una sociedad donde la solidaridad vecinal sigue siendo un salvavidas. Y lo hacen con una precisión quirúrgica: estudian a sus objetivos, saben a quién escribirle y cómo hacerlo .
Cuando Fla Gaché acudió al banco para intentar revertir la operación, se encontró con un muro burocrático. Las instituciones financieras cubanas, que operan con Transfermóvil y EnZona, no pueden reembolsar fondos sin una orden judicial o una prueba fehaciente de error técnico. La policía, por su parte, desestimó la denuncia con una pregunta que resume la impotencia del sistema: «¿Y tú no sabías que esto estaba pasando?» .
Las múltiples caras del fraude digital
El caso de Fla Gaché es solo la punta del iceberg. En el primer bimestre de 2026, Cuba enfrenta una guerra silenciosa que se libra a través de la pantalla de un móvil. El auge del comercio electrónico, la masificación de pasarelas de pago y el valor casi de divisa que ha adquirido el saldo telefónico han convertido a los cubanos en blancos predilectos de una nueva generación de delincuentes digitales .
Entre los métodos más extendidos se encuentra la estafa del «falso oficial del MININT». Delincuentes que se hacen pasar por tenientes coroneles llaman a las víctimas para informarles que un familiar directo ha sido detenido. La única forma de evitar el proceso penal es realizar una transferencia urgente a un número de tarjeta. La presión psicológica, en un contexto donde el temor a la policía es real, suele funcionar .
Otra modalidad recurrente es la suplantación de «administradores» de Transfermóvil o del «departamento comercial» de ETECSA. Los estafadores contactan a sus víctimas por WhatsApp alegando problemas técnicos, necesidad de actualizar datos o promociones de premios. Solicitan códigos de verificación que, una vez entregados, vacían las cuentas bancarias .
El timo de la «recarga por error» también ha hecho estragos. La víctima recibe un mensaje que parece ser de Cubacel informando de una transferencia de saldo entrante. Minutos después, un desconocido llama para explicar que se equivocó de número y pide la devolución. Lo que no sabe la víctima es que el mensaje inicial no provenía de Cubacel, sino del número del estafador, manipulado para aparecer como «Cubacel» en el terminal .
El drama de los que no pueden perder
Lo más desgarrador del testimonio de Fla Gaché es su reflexión final: «He pensado mucho en que si es un viejito que lo que tiene son 4 mil pesos que le pagaron de un salario para vivir el mes entero y eso se lo quitan, no sé qué se va a hacer» .
La pregunta resuena en un país donde el salario medio mensual ronda los 4.000 pesos cubanos. Una estafa de esa magnitud no es solo un robo: es la condena a un mes de hambre, de medicinas que no se pueden comprar, de necesidades básicas que quedan insatisfechas. Y lo peor es que, una vez consumado el fraude, las posibilidades de recuperar el dinero son mínimas.
Las autoridades, desbordadas
El Banco Central de Cuba ha emitido múltiples alertas advirtiendo que ningún administrador oficial de Transfermóvil, EnZona o bancos contacta a clientes por mensajes privados . ETECSA también ha denunciado el incremento de estafas vinculadas a recargas internacionales mediante sitios web clonados que imitan la identidad visual de la compañía .
En abril de 2025, las autoridades cubanas lograron capturar a estafadores en Sancti Spíritus y Holguín que operaban con este mismo método, recuperando 230.000 pesos. Sin embargo, estos casos de éxito son la excepción en un panorama donde los delincuentes perfeccionan sus engaños más rápido de lo que el sistema puede reaccionar .
La combinación es letal: crisis energética que interrumpe las comunicaciones en el peor momento, urgencia de las víctimas por resolver, confianza interpersonal que los delincuentes explotan sin piedad, y un sistema bancario que no puede —o no sabe— responder con agilidad. En ese caldo de cultivo, el fraude digital se ha convertido en una epidemia silenciosa.
Cómo protegerse en 2026
Ante este escenario, especialistas consultados en redes sociales recomiendan una combinación de sentido común y verificación obsesiva: desconfiar de ofertas y premios, cortar llamadas de extraños, no compartir códigos de verificación bajo ninguna circunstancia, verificar dos veces antes de devolver una recarga «por error» y, sobre todo, no hacer pagos a desconocidos de manera digital sin antes realizar una videollamada que permita confirmar la identidad del interlocutor .
«La frontera entre lo digital y lo cotidiano en Cuba se ha desdibujado, y con ello, la estafa se ha vuelto más personal. Estar informado se ha convertido en la mejor defensa», advierte un análisis publicado en redes sociales que ha circulado ampliamente entre los usuarios .
Fla Gaché lo resumió con sencillez al final de su video: «Están haciendo cosas que realmente no sabemos ni cómo se están haciendo, pero cuídense mucho, muchísimo» .
Mientras tanto, en los barrios de La Habana, en las colas de las bodegas, en los portales donde los vecinos se reúnen a tomar fresco cuando la luz se va, el mensaje corre de boca en boca: «No confíes, aunque te escriba tu vecina. Primero llámala. Luego transfiere. O mejor, no transfieras nada». La solidaridad, ese valor tan cubano, se ha convertido también en un riesgo.
