El deterioro de los espacios públicos en Cuba: cuando la ruina se convierte en rutina

Foto: facebook
El deterioro de los espacios públicos en Cuba es un fenómeno tan visible como inevitable.
Parques llenos de maleza, instalaciones oxidadas, servicios inexistentes y precios desproporcionados forman parte del paisaje cotidiano para millones de cubanos.
Sin embargo, para algunos medios oficialistas, el colapso de estos espacios aún es motivo de sorpresa, como lo demuestra un reciente artículo del diario Juventud Rebelde, donde el periodista Yuniel Labacena Romero narra con asombro el estado actual del Zoológico de 26 y el Parque Forestal, conocidos puntos recreativos de La Habana.
Según su relato, lo que alguna vez fueron sitios emblemáticos de recreación infantil hoy presentan un aspecto desolador.
Jaulas vacías, estructuras despintadas, aparatos rotos y hierba crecida hasta el pecho revelan un nivel de abandono que no puede ser ignorado.
Incluso los famosos dinosaurios del parque, antaño símbolo de fantasía para los más pequeños, parecen haber sido víctimas de un “cataclismo, no precisamente natural”. La desidia ha reemplazado a la magia, y el deterioro físico se combina con la falta de ofertas accesibles para el disfrute familiar.
El deterioro de los espacios públicos en Cuba: cuando la ruina se convierte en rutina

Foto: herald Cuba
Una crisis que va más allá de lo material
Más allá del óxido y la hierba, lo que realmente duele es la pérdida del encanto.
Los parques, en especial aquellos dedicados a niños y adolescentes, ya no ofrecen ni siquiera lo básico para una experiencia agradable.
Labacena apunta a la falta de articulación entre el sector estatal y los nuevos actores privados como una de las causas de esta decadencia.
Mientras tanto, los precios de las pocas ofertas existentes resultan impagables para la mayoría, y la calidad, lejos de estar garantizada, es incierta.
El periodista reconoce las dificultades económicas del país, atribuyéndolas principalmente al embargo estadounidense. No obstante, admite que esto no justifica la dejadez institucional ni la falta de mantenimiento de espacios que deberían ser prioridad.
Porque si bien las sanciones externas pesan, la falta de gestión interna también tiene un alto costo.
El abandono ya no sorprende, indigna

Para buena parte de la población, la sorpresa del periodista resulta tardía.
La decadencia de los parques no es nueva, y forma parte de una larga lista de carencias que incluyen apagones, inflación, derrumbes y servicios públicos en ruinas.
En la calle, la sensación es de resignación, pero también de hartazgo: los ciudadanos no solo demandan espacios limpios y funcionales, exigen un Estado presente que garantice lo mínimo.
En definitiva, los parques abandonados de Cuba no son solo símbolos del descuido físico.
Son reflejos de una gestión fallida y de una desconexión cada vez más profunda entre la realidad vivida por la población y la narrativa de la prensa oficial.
Cuando lo que debería ser noticia se convierte en rutina, el verdadero problema ya no es el parque sin pintar, sino el país que ha dejado de asombrarse ante su propio deterioro.