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Fallece Carlos Quinta

El actor Carlos Quintas pasó a la eternidad

El arte cubano despide a un titán de la escena

by Chela
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La noticia del fallecimiento de Carlos Quintas, uno de los actores más queridos y versátiles de Cuba, deja un vacío profundo en el mundo del teatro, la radio y la televisión nacional. Su partida, ocurrida en la noche del 24 de agosto de 2025, a los 83 años de edad, conmueve a todos los que vivieron y disfrutaron la cultura cubana durante las últimas seis décadas.

Carlos Quintas: un talento forjado en Santiago

Fallece el actor Carlos Quintas. El arte cubano despide a un titán de la escena

Carlos Hernández Quintas nació en Santiago de Cuba el 4 de noviembre de 1941. No tardó en descubrir su vocación artística: ya en 1959 debutó en la emisora Radio Hernández como conductor y declamador, y poco después conquistó los papeles protagónicos en exitosas radionovelas que cautivaban a la audiencia oriental.

Era el auge de la arquitectura radiofónica nacional y Santiago se tornaba epicentro de jóvenes talentos que, como Quintas, fundaron el Conjunto Dramático de Oriente e hicieron historia en el Primer y Segundo Festival de Teatro Latinoamericano con obras memorables: “Contigo pan y cebolla”, “Los invasores”, “Santiago 57” y “La invasión.

El salto a La Habana y la consagración

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En 1967, Carlos Quintas emprendió el viaje a La Habana, ese sitio donde los sueños de los actores cubanos suelen materializarse frente a los micrófonos y cámaras de la capital.

Pronto estuvo en las grandes emisoras, como Radio Progreso, CMQ y Radio Rebelde, encarnando personajes en novelas radiales, espacios humorísticos y programas dramáticos que marcaron época.

Su llegada a la Televisión Nacional lo convirtió en rostro familiar para varias generaciones de cubanos. Participó en series legendarias del espacio “Aventuras” como “Los mambises”, “Juan Quinquín en Pueblo Mocho”, “El Halcón” y “Los comandos del silencio”, donde interpretó desde héroes hasta antagonistas con una facilidad pasmosa. Brilló en telenovelas como “El pagador de promesas”, “Café Habana”, “La última mujer y el próximo combate” y en policiales como “Tras la huella”. Supo moverse con igual soltura de la tragedia a la comedia, conquistando sonrisas en “Vivir del cuento”, “A otro con ese cuento” y “La descarga”, tres espacios humorísticos que lo hicieron inolvidable para el gran público.

Carlos Quintas fue actor escuela

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Hablar de Carlos Quintas es hablar del rigor y la disciplina. Quienes compartieron estudio con él recuerdan la puntualidad casi británica, el respeto absoluto por el proceso creativo y la humildad de quien sabe que el arte verdadero se cocina en los ensayos y la constancia.

En muchas ocasiones asumió la dirección artística de espectáculos musicales y escénicos, realizando giras nacionales durante más de 40 años e impulsando proyectos teatrales y culturales con instituciones diversas.

Quintas fue maestro más allá del guion: formó y apoyó a generaciones de actores, animadores y niños payasos, dejando una huella pedagógica imborrable.

Nunca se despegó del cine, participando en filmes y cortometrajes producidos por la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, demostrando su camaleónica capacidad para adaptarse y reinventarse en cada etapa.

No hay espacio radial, televisivo o escénico en Cuba en el que Carlos Quintas no haya dejado su impronta. Se recuerda con especial cariño su versatilidad en la interpretación de personajes negativos, porque supo dotarlos de humanidad y profundidad, al punto de ser uno de los 15 actores con más papeles en el género “aventuras” de la Isla. Su paso por “El Conde de Montecristo” y otros dramatizados es ejemplo de ese oficio serio y honesto que lo acompañó desde sus inicios.

Quintas era, para sus colegas, ese amigo que te daba consejos sobre la profesión, que te aconsejaba estudiar y analizar cada personaje, y que te decía que actuar era más que aprender líneas: era sentir, vivir y transmitir la emoción al público.

En los pasillos de los estudios era el primero en llegar y el último en irse, siempre pendiente de los detalles y de ayudar a los más jóvenes a pulir la técnica.

Para quienes lo entrevistaron, era un hombre sencillo, nostálgico ante los tiempos dorados de Radio Hernández y emocionado cada vez que recordaba los festivales de teatro con el Conjunto Dramático de Oriente.

 

 

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