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Cuba lanza una nueva conexión aérea entre La Habana, Holguín y Cayo Coco para revitalizar su industria del turismo, en medio de una crisis económica

Cuba apuesta por nuevas rutas aéreas para salvar el turismo

by Equipo de Redacción
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Una ruta dorada sobre una isla en apuros

Cuba lanza una nueva conexión aérea entre La Habana, Holguín y Cayo Coco para revitalizar su industria del turismo, en medio de una crisis económica

ACN

En un intento por reanimar su maltrecha industria del turismo, Cuba ha lanzado una nueva ruta aérea que conecta tres de sus principales destinos: el Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana, el Aeropuerto Frank País en Holguín y el Aeropuerto Internacional Jardines del Rey, en Cayo Coco.

Según informó Reinaldo Pavón Pérez, jefe de la Unidad de Operaciones Tierra del aeropuerto holguinero, a la Agencia Cubana de Noticias (ACN), la ruta operará dos veces los domingos: un vuelo matutino saldrá de La Habana, hará escala en Holguín y terminará en los exclusivos balnearios del norte de Camagüey; por la tarde, la aeronave regresará por el mismo recorrido en sentido inverso.

Los boletos, comercializados principalmente por la agencia estatal Havanatur, están enfocados en paquetes turísticos —especialmente para extranjeros— aunque los cubanos también pueden adquirirlos en los burós de reservación del turoperador.

Pavón Pérez precisó que el Aeropuerto Internacional Frank País gestiona entre 50 y 55 operaciones semanales, en las cuales los principales mercados que sustentan este flujo hacia los destinos de sol y playa de la región nororiental son Canadá, Polonia, Rusia y Estados Unidos.

A primera vista, parece una estrategia lógica: facilitar el acceso entre polos turísticos para ofrecer experiencias más integradas. Pero en el contexto actual, la medida levanta más preguntas que respuestas.

Turismo en picada: los números no mienten

Cuba lanza una nueva conexión aérea entre La Habana, Holguín y Cayo Coco para revitalizar su industria del turismo, en medio de una crisis económica

Swissinfo

Desde 2020, el turismo en Cuba ha vivido una contracción histórica. La pandemia fue solo el inicio. A esta se sumaron:

– El endurecimiento del embargo estadounidense bajo la administración Trump, mantenido en lo esencial por Biden.

– La crisis energética que paraliza hoteles y aeropuertos con frecuentes apagones.

– La escasez crónica de combustible, alimentos y medicinas, que disuade a los viajeros.

– La emigración masiva de trabajadores del sector, muchos de ellos calificados, hacia otros países.

Según datos del Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), Cuba recibió en 2023 apenas 1.6 millones de turistas, lejos de los 4.7 millones de 2019. En 2024, la cifra apenas repuntó a 2.1 millones, y las proyecciones para 2025-2026 siguen siendo modestas.

En este panorama, ¿tiene sentido volar un avión casi vacío entre tres destinos, cuando el grueso del turismo internacional ni siquiera llega a la isla?

El espejismo del “rescate turístico”

El gobierno cubano insiste en que el turismo es el “motor” de la recuperación económica. Pero su enfoque revela una desconexión grave con la realidad.

Mientras se invierten recursos —limitadísimos— en rutas aéreas de nicho, millones de cubanos enfrentan colapsos diarios en el transporte público, hospitales sin medicinas y cortes eléctricos de hasta 18 horas.

Peor aún: los propios cubanos no son el público objetivo. La nota oficial enfatiza que los paquetes están diseñados para “clientes nacionales y extranjeros”, pero en la práctica, el costo de un vuelo interno en Cuba —equivalente a varios salarios mensuales— los pone fuera del alcance de la inmensa mayoría.

Así, lo que se presenta como una “dinamización de la oferta” termina siendo un lujo simbólico, destinado a un turismo extranjero que, por ahora, prefiere destinos más estables como República Dominicana, México o Jamaica.

¿Dónde está la estrategia real?

No se trata de negar la importancia del turismo. Al contrario: es vital. Pero una política turística efectiva requiere más que un vuelo dominical entre aeropuertos bonitos. Requiere:

– Estabilidad energética para garantizar agua, luz y aire acondicionado en hoteles.

– Seguridad alimentaria para ofrecer comidas dignas a los visitantes.

– Acceso a divisas para que los negocios privados (casas de huéspedes, restaurantes) puedan operar.

– Conectividad real: internet estable, pagos digitales, vuelos internacionales directos.

Sin eso, cualquier nueva ruta aérea suena a gesto teatral en un escenario en ruinas.

El turismo no se salva con vuelos, sino con condiciones reales

Cuba lanza una nueva conexión aérea entre La Habana, Holguín y Cayo Coco para revitalizar su industria del turismo, en medio de una crisis económica

Hotel Cayo Coco /Cubasí

Cuba tiene playas de ensueño, historia fascinante y una cultura única. Pero ningún viajero regresa —ni recomienda— a un destino donde no hay agua en la ducha, donde el Wi-Fi cuesta el 10% del promedio diario de gasto, o donde el taxista pide dólares porque su salario en pesos cubanos no alcanza para un pan.

La nueva ruta entre La Habana, Holguín y Cayo Coco podría ser útil… si hubiera turistas suficientes para llenarla. Pero mientras el país no aborde las raíces de su crisis —económica, energética y de gobernanza—, estas iniciativas seguirán siendo parches sobre un agujero cada vez más profundo.

El turismo no se rescata con comunicados de prensa. Se rescata con estabilidad, respeto al consumidor y dignidad para quienes viven en la isla. Hasta que eso ocurra, los aviones pueden volar… pero los viajeros seguirán en tierra firme, lejos de Cuba.

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