Crisis diplomática: Nicaragua y España expulsan a sus embajadores
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo expulsó de Nicaragua al embajador español Sergio Farré Salvá, quien apenas llevaba 20 días en el cargo, junto al número dos de la legación diplomática. En respuesta, el gobierno español anunció la salida del embajador nicaragüense en Madrid, Mauricio Carlo Gelli, y de su segundo al mando, en un acto de «estricta reciprocidad» por lo que calificó como una «injusta expulsión«.

Nicaragua y España
Esta crisis diplomática se venía gestando desde agosto de 2021, cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores de España llamó a consultas a su entonces embajadora en Managua, María del Mar Fernández-Palacios, tras ser acusada por el régimen de injerencia en la política interna. La embajadora no pudo regresar debido a la negativa de las autoridades nicaragüenses.
Aunque las tensiones parecieron disminuir en 2022 con el envío de una nueva representante española, Pilar María Terrén, se reavivaron cuando España se negó a reconocer los resultados de las elecciones de noviembre de ese año, en las que Ortega se proclamó vencedor tras encarcelar a varios candidatos presidenciales.
Una práctica recurrente del régimen
El periodista nicaragüense Edgardo Pinell señaló a Martí Noticias que esta acción evidencia el «desprecio por la diplomacia» y la «intolerancia ante cualquier tipo de crítica» del gobierno de Ortega. «La dictadura es implacable contra todos los que le adversan», afirmó.
La expulsión de diplomáticos y representantes internacionales se ha convertido en una herramienta habitual del régimen Ortega-Murillo para responder a críticas externas y confrontar a gobiernos y organismos multilaterales. Desde la represión de las protestas de 2018, Nicaragua ha expulsado o forzado la salida de misiones como la de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y delegaciones del sistema interamericano, acusándolas de «injerencia».
Esta política también ha afectado a embajadas de países europeos y americanos que han respaldado sanciones o declaraciones de condena contra Managua, mediante declaraciones de «persona non grata» o cancelaciones abruptas de credenciales.
Aislamiento diplomático
Expertos señalan que cada expulsión aleja más a Nicaragua de los canales tradicionales de diálogo diplomático y de los foros multilaterales, consolidándola como uno de los regímenes más cerrados del hemisferio occidental. El episodio con España refuerza este patrón de confrontación y aislamiento internacional.
