Chikungunya y género: ¿Qué hace que las mujeres sean más propensas a enfermar?

Foto tomada de facebook
El chikungunya se ha convertido en una preocupación creciente en el ámbito de la salud pública y en la población en general debido a la intensidad de sus síntomas y al aumento de casos en diversas regiones.
Sin embargo, entre los datos que más llaman la atención destaca una diferencia significativa: las mujeres son diagnosticadas con mayor frecuencia que los hombres.
De acuerdo con informes recientes del Instituto Nacional de Salud de Colombia (INS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), la incidencia de esta enfermedad viral es claramente más elevada en pacientes femeninas.
Comprender las razones detrás de esta disparidad es fundamental para diseñar estrategias de prevención más específicas y efectivas.
Chikungunya y género

Factores biológicos que influyen en la incidencia
Los especialistas señalan que uno de los motivos principales de esta diferencia radica en la biología del sistema inmunológico femenino.
Las hormonas como los estrógenos tienden a potenciar la respuesta inmune, lo que puede hacer que los síntomas del chikungunya se presenten con mayor intensidad.
Estos cuadros más visibles facilitan el diagnóstico y aumentan la probabilidad de que las mujeres busquen atención médica.
Este fenómeno puede generar un mayor registro de casos sin necesariamente indicar que la exposición al virus sea exclusivamente femenina.
Roles sociales y mayores niveles de exposición
Otro aspecto relevante es el rol social que las mujeres desempeñan dentro del hogar.
En muchas comunidades, ellas pasan más tiempo en espacios domésticos donde el mosquito Aedes, transmisor del virus, encuentra condiciones ideales para reproducirse: patios, depósitos de agua y zonas con mala ventilación. Además, suelen asumir la responsabilidad del cuidado de niños, personas enfermas o adultos mayores, lo cual incrementa su presencia en entornos propensos a la proliferación del mosquito.
Las mujeres también tienden a acudir con mayor frecuencia a servicios de salud, lo que eleva el número de diagnósticos registrados frente a los hombres, quienes pueden minimizar o ignorar los síntomas.
Este comportamiento influye directamente en las cifras oficiales.
A esto se suma que el chikungunya puede causar artralgias prolongadas, y las mujeres suelen reportar mayor dolor crónico, lo cual contribuye a una percepción más evidente de afectación.
Es esencial aclarar que la mayor incidencia en mujeres no significa que los hombres estén menos expuestos al virus. En muchos casos, la falta de consulta o el subregistro en ellos puede distorsionar las estadísticas.
Por eso, hablar de diferencias de género en el chikungunya no implica señalar vulnerabilidades exclusivas, sino reconocer patrones culturales, sociales y biológicos que influyen en la detección y el registro de la enfermedad.
Comprender estas diferencias es clave para fortalecer las medidas de prevención.
Las campañas sanitarias deben enfocarse en la eliminación de criaderos en los hogares, la promoción del uso de repelentes, el manejo adecuado del agua almacenada y la consulta temprana ante síntomas sospechosos.
Es fundamental que las estrategias incluyan a toda la población, hombres y mujeres por igual, evitando sesgos que limiten la detección oportuna del chikungunya.
