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Camagüey y la “solución” de la comida elaborada: cuando cocinar en casa se vuelve un lujo

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Camagüey y la “solución” de la comida elaborada: cuando cocinar en casa se vuelve un lujo

Camagüey y la “solución” de la comida elaborada: cuando cocinar en casa se vuelve un lujo

Foto: Cadena Agramonte

En medio del persistente deterioro del sistema eléctrico y la escasez de combustible que golpea a toda Cuba, las autoridades de Camagüey han decidido apostar por una medida que, según el discurso oficial, pretende “facilitar la vida” de la población: reforzar la venta de alimentos elaborados en diferentes puntos de los Consejos Populares de la provincia.

Camagüey y la “solución” de la comida elaborada: cuando cocinar en casa se vuelve un lujo


La iniciativa, reactivada desde el pasado 6 de marzo, se presenta como una alternativa práctica para quienes pasan horas sin electricidad o no tienen cómo cocinar en casa.

La propuesta parece sencilla: ofrecer platos conocidos como “completas”, que incluyen arroz, un plato fuerte, vianda y ensalada, con un precio tope de 150 pesos.
Sobre el papel, suena como una especie de salvavidas culinario en medio del caos energético.

En la práctica, sin embargo, la iniciativa ha despertado más ironías que aplausos entre muchos ciudadanos que ven cómo, poco a poco, cocinar en casa se convierte en una tarea casi imposible.

 La crisis energética convertida en política alimentaria

Según la información difundida, el servicio ahora recorre todos los Consejos Populares del territorio, ubicándose en zonas previamente determinadas por los delegados locales. El objetivo declarado es que la comida llegue directamente a los barrios, evitando que las personas tengan que gastar más energía —literal y figuradamente— buscando algo que llevar a la mesa.

Pero detrás de esta aparente solución se esconde una realidad mucho más compleja: los constantes apagones y la falta de combustible han reducido significativamente la capacidad de muchas familias para preparar sus propios alimentos.
Refrigerar comida, usar una cocina eléctrica o incluso conservar productos básicos se ha convertido en un desafío cotidiano.

En ese contexto, lo que se presenta como una “facilidad” termina siendo, para muchos, una confirmación de hasta qué punto la crisis energética ha transformado la vida diaria de los cubanos.

 Ajiacos, sopas y la creatividad estatal

La iniciativa cuenta con la participación de 33 entidades estatales que, según las autoridades, se han sumado al esfuerzo de garantizar estas ofertas gastronómicas.

Entre ellas figuran empresas del sector cárnico, lácteo, Flora y Fauna y unidades de la EMURE, que ahora contribuyen a preparar platos como ajiacos, sopas y caldosas.

El discurso oficial insiste en que todo es fruto de la “autogestión” de cada centro, garantizando además la calidad, la higiene y la atención a sectores vulnerables como los beneficiarios del Sistema de Atención a la Familia (SAF).

Sin embargo, en un país donde los mercados suelen estar desabastecidos y los precios continúan escalando, muchos se preguntan de dónde salen exactamente los insumos que permiten sostener estas iniciativas.

La pregunta resulta inevitable: si los productos existen para preparar cientos de raciones de comida elaborada, ¿por qué no aparecen con la misma facilidad en las tiendas o mercados donde las familias podrían comprarlos para cocinar en casa?

 La “solución” que confirma el problema

Aunque la prioridad de estas ofertas son los fines de semana, varias entidades mantienen la venta durante la semana siempre que las condiciones lo permitan.
Con el paso de los días, la iniciativa se ha ido extendiendo por diferentes municipios de la provincia, presentándose como un ejemplo de “soluciones locales” frente a las dificultades nacionales.

Sin embargo, para muchos cubanos la lectura es muy distinta.

Lo que se vende como innovación o creatividad institucional no es más que un parche temporal en medio de una crisis estructural que continúa agravándose.

Al final, la escena resulta casi surrealista: en lugar de garantizar electricidad estable o acceso normal a alimentos básicos, la respuesta oficial termina siendo vender platos de comida preparados porque, simplemente, cocinar en casa se ha vuelto demasiado complicado.

Y así, entre apagones, caldosas y discursos optimistas, Camagüey parece avanzar hacia una curiosa normalidad donde la solución a no poder cocinar… es comprar lo que el propio Estado decide cocinar por ti.

 

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