El pasado 22 de agosto de 2025, Iryna Zarutska, una joven refugiada ucraniana de 23 años, fue brutalmente apuñalada mientras viajaba en la línea azul de tren ligero (Lynx Blue Line) en Charlotte, Carolina del Norte.
El ataque ocurrió en un vagón sin presencia de personal de seguridad, transformando un viaje cotidiano en una tragedia que ha desatado indignación, profundo dolor y críticas al sistema judicial y de salud mental estadounidense.
Aunque el hecho ocurrió hace algunos días, ahora es que el caso sale a luz. Algunos explican que las autoridades se justifican para evitar el pánico en la ciudad, al tiempo que otros argumentan otros motivos de seguridad por los que no se había dado a conocer en los medios de prensa.
El asesino de Iryna Zarutska : un hombre al que se dieron múltiples oportunidades

Decarlos Brown Jr., con antecedentes penales es acusado de apuñalar a una joven ucraniana en un tren de Charlotte (CMPD)
El presunto agresor, Decarlos Brown Jr., de 34 años, era homeles, con un historial criminal extenso —al menos 14 arrestos previos, incluyendo robo armado, allanamiento, agresión y abuso del sistema de emergencias—, además de problemas de salud mental diagnosticados, como esquizofrenia.
Pese a este historial, Brown fue liberado en enero de 2025 por la jueza magistrada Teresa Stokes, sin que se le impusiera fianza, lo que ha desatado fuertes cuestionamientos sobre cómo el sistema judicial maneja los casos asociados con enfermedades mentales.
Catorce veces tuvo oportunidad… y eligió terminar con una vida de Iryna

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Esa frase resume la tragedia: cada arresto, cada liberación fue otra oportunidad fallida de intervención. El sistema la ignoró, no protegió a Iryna, y permitió que alguien con historial y señales claras estuviera libre para cometer este crimen.
La jueza que lo liberó, Teresa Stokes, enfrenta acusaciones de posible conflicto de interés por su rol en una clínica de tratamiento, aunque no hay pruebas confirmadas de motivación personal. El público exige transparencia.
Y el fiscal Spencer Merriweather admite que, aunque existen reformas —como la Pretrial Integrity Act de 2023, que traslada decisiones a jueces—, los recursos son limitados y las fiscalías saturadas.
La muerte de Iryna Zarutska muestra desigualdad y negligencia judicial

Iryna Zarutska- Charlotte
Que un hombre con tantas oportunidades y señales claras de peligro haya permanecido en libertad plantea dudas éticas y jurídicas: ¿qué permitió que un sistema que falla en proteger vuelva a dejar en libertad a un potencial asesino?
Imaginemos a Iryna Zarutska, recién llegada de Kyiv en 2022, huyendo de la guerra que destruyó su vida. Llegó a Estados Unidos con sueños sencillos: trabajar, aprender inglés, continuar creciendo. Amiga de sus vecinos, amante de los animales, apasionada del arte y la moda, aspiraba a estudiar para convertirse en asistente veterinaria.
Una noche, alrededor de las 9:46 p.m., subió al tren con sus auriculares puestos, absorta en su teléfono. Cuatro minutos después, sin aviso, Brown sacó un cuchillo y la apuñaló tres veces en el cuello, en un acto inexplicable e injustificable. Sobrevive la impotencia de los testigos, el intento de ayudarla —un hombre envolviendo su camisa en la herida—, y el silencio fatal que siguió. Iryna murió en ese vagón, desvaneciéndose en un sistema que falló.
La muerte de Iryna Zarutska no es solo una tragedia individual; es un espejo que refleja las grietas de nuestros sistemas: salud mental desatendida, justicia permisiva y transporte público inseguro. Una joven que perdió su vida buscando refugio fue asesinada por un sistema que dejó pasar tantas señales.
Hoy, más que exigir justicia —que es urgente—, debemos exigir reformas profundas. Iryna merecía protección, oportunidades y una vida en paz. Su asesinato debe convertirse en un punto de inflexión para que esto no vuelva a suceder.