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Alina Bárbara López denuncia casi diez horas de detención arbitraria, mientras el régimen niega que en Cuba haya presos políticos

Alina Bárbara López denuncia casi diez horas de detención arbitraria, mientras el régimen niega que en Cuba haya presos políticos

by Fred
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Alina Bárbara López denuncia casi diez horas de detención arbitraria, mientras el régimen niega que en Cuba haya presos políticos

Alina Bárbara López denuncia casi diez horas de detención arbitraria, mientras el régimen niega que en Cuba haya presos políticos

Imagen/ Árbol Invertido

La historiadora y activista fue retenida el sábado 18 de abril en Matanzas cuando intentaba ejercer su protesta cívica mensual, en un nuevo episodio de hostigamiento que se suma a una larga lista de arrestos, interrogatorios y medidas cautelares. Desde la comisaría, escuchó la versión oficial que Díaz-Canel repite ante la prensa extranjera: en Cuba no hay presos políticos. «Una de las oficiales que me custodió estaba con su niña de diez años, pues al parecer no tenía quién la cuidara», relató tras ser liberada.

La historiadora y activista Alina Bárbara López Hernández, de 58 años, fue detenida este sábado en Matanzas cuando se disponía a realizar su habitual protesta pacífica en el Parque de la Libertad, una acción cívica que repite cada día 18 desde marzo de 2023 . Permaneció retenida desde las 8:00 de la mañana hasta las 5:30 de la tarde, casi diez horas, en la Unidad de la Policía de la Playa, según denunció ella misma tras ser liberada .

La detención fue denunciada inicialmente por su hija, Cecilia Borroto López, quien alertó en redes sociales que su madre había sido trasladada a la unidad policial y mantenida incomunicada. En un primer momento, las autoridades negaron que la activista se encontrara allí, para luego confirmar su presencia sin ofrecer información clara sobre su situación .

El relato de Alina: una niña de diez años, un salón lleno de fotos de Díaz-Canel y una advertencia

Ya en libertad, López Hernández relató los detalles de este nuevo arresto con una mezcla de indignación y ternura. Lo más desagradable, dijo, fue el salón de reuniones de la PNR de la Playa, donde casi siempre la hacen esperar ese largo tiempo, y que está «lleno de fotos de Díaz-Canel, el mismo que mintió desfachatadamente en reciente entrevista a una periodista norteamericana al decir que en Cuba nadie es detenido por hacer críticas al gobierno» .

Pero lo más extraño fue el recibimiento: «Una de las oficiales que me custodió (que por cierto, ambas me besaron al llegar, cosa que me pareció rarísima y nunca antes había ocurrido) estaba con su niña de diez años pues al parecer no tenía quién la cuidara» . En atención a la presencia de la niña, la activista decidió no hacer la protesta a viva voz como las veces anteriores, para no asustarla. Se pasó las primeras siete horas leyendo de una sentada la novela de su amigo Carlos Zamora Rodríguez, que «tiene mucho que ver con el ambiente opresivo en que vivimos» .

La doble moral del régimen: «En Cuba no hay presos políticos»

Durante el interrogatorio, una instructora del Ministerio del Interior le advirtió sobre posibles consecuencias legales, mientras negaba la existencia de presos políticos en Cuba, una afirmación que la activista rechazó frontalmente . La escena resume la contradicción que denuncian organizaciones de derechos humanos como Cubalex y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH): mientras el gobierno insiste en que en la isla no hay presos de conciencia, las cárceles están llenas de personas condenadas por participar en las protestas del 11 de julio de 2021 o por ejercer el derecho a la protesta pacífica .

El propio presidente Miguel Díaz-Canel ha repetido en entrevistas con medios extranjeros que en Cuba «nadie es detenido por hacer críticas al gobierno». Las paredes de la comisaría donde Alina pasó el día, adornadas con sus fotos, eran un recordatorio de la distancia entre el discurso oficial y la realidad cotidiana.

Un patrón de hostigamiento que se repite desde 2023

Este episodio no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una cadena de represión que comenzó en marzo de 2023, cuando la historiadora empezó a realizar protestas pacíficas cada día 18 en el Parque de la Libertad de Matanzas . Sus demandas son claras: amnistía para los presos políticos, cambios constitucionales y el fin de la represión. La respuesta del régimen ha sido sistemática: detenciones recurrentes, vigilancia constante y procesos judiciales abiertos.

En febrero pasado, López Hernández ya había sido arrestada durante 12 horas en circunstancias similares, tras lo cual se le añadió un cargo por «desacato» . En junio de 2024, fue puesta en reclusión domiciliaria, una medida cautelar que ella considera ilegítima y que sigue desafiando cada mes .

Actualmente, la activista enfrenta, junto a la socióloga Jenny Pantoja Torres y el escritor Jorge Fernández Era (quien logró salir de Cuba recientemente), una petición fiscal de cuatro años de prisión por el delito de «atentado». El juicio, previsto para enero de 2026, fue suspendido sin nueva fecha por decisión judicial, lo que mantiene a ambas en un limbo legal que, según denuncian, prolonga su vulnerabilidad .

El contexto: una Cuba que arde y un régimen que aprieta las tuercas

Las detenciones de Alina Bárbara López no ocurren en el vacío. Se producen en medio de la peor crisis económica y social que ha enfrentado Cuba en décadas. Los apagones superan las 20 horas diarias, la gasolina en el mercado negro cuesta 6,000 pesos por litro, y las protestas se han extendido por varias provincias desde principios de marzo .

En este contexto, el régimen de Díaz-Canel ha intensificado la represión contra cualquier voz crítica. Organizaciones de derechos humanos han documentado al menos 50 detenidos tras las protestas de marzo, incluidos varios menores de edad. El caso de Alina es solo uno más en una lista que no deja de crecer.

Pese a todo, López Hernández reafirmó su determinación de continuar con sus protestas mensuales. «Nos veremos el próximo 18», escribió al ser liberada . Una promesa que, para quienes la conocen, es también una amenaza para un régimen que no soporta que una mujer de 58 años, con una novela en la mano y la dignidad intacta, le recuerde cada mes que la libertad es un derecho, no un favor.

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