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Sabanilla, el pueblo olvidado de Matanzas: casi cuatro días a oscuras, sin señal y sin esperanza

by Fred
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Sabanilla, el pueblo olvidado de Matanzas: casi cuatro días a oscuras, sin señal y sin esperanza

Sabanilla, el pueblo olvidado de Matanzas: casi cuatro días a oscuras, sin señal y sin esperanza

Imagen/ Facebook

La localidad de Sabanilla, en la provincia de Matanzas, acumula casi cuatro días consecutivos sin servicio eléctrico, sin comunicación telefónica y sin acceso a internet, en una situación límite que evidencia el colapso total de los servicios básicos en la isla. Los vecinos denuncian que no solo carecen de luz para cocinar o refrigerar alimentos, sino que también están incomunicados del resto del país por la ausencia total de señal de telefonía móvil, lo que agrava su situación de vulnerabilidad

Los testimonios recogidos por redes sociales describen una escena desoladora: familias enteras agrupadas en los portales de sus casas durante la noche, sin poder dormir por el calor asfixiante y la humedad, mientras las neveras se han convertido en muebles inservibles y la comida perecedera se ha perdido por completo. «No tenemos luz desde hace 96 horas. Los niños no pueden hacer las tareas, los ancianos no pueden cargar sus teléfonos y nosotros no sabemos qué darles de comer porque todo lo que teníamos en la nevera se dañó», relató una vecina de la zona en un audio difundido por WhatsApp

La «nueva normalidad» en la Cuba rural

El caso de Sabanilla no es una excepción, sino la regla en la Cuba profunda. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció esta semana que el sistema electroenergético nacional opera «sin ninguna reserva de combustible» y que el país enfrenta un déficit estructural que no podrá resolverse a corto plazo [citations:1]. Las termoeléctricas, en su mayoría construidas hace más de cuatro décadas, acumulan averías que se suceden unas a otras sin que haya un plan de mantenimiento capital a la vista.

En Matanzas, la crisis se ha ensañado con especial crudeza. La termoeléctrica Antonio Guiteras, ubicada en la provincia, ha sufrido 12 salidas del sistema en lo que va de 2026, acumulando más de diez días de inactividad. Cada avería de la planta, que es la principal del país, desestabiliza todo el sistema nacional y deja a provincias enteras sin servicio durante jornadas completas.

Sin señal, sin agua, sin esperanza

Pero lo que hace especialmente dramática la situación de Sabanilla es la ausencia total de comunicación. La falta de electricidad ha dejado inoperantes las antenas de telefonía móvil de la zona, aislando a los residentes del resto del país y del mundo. En una era donde la información es vital, los habitantes de este poblado matancero están desconectados de todo, sin poder recibir alertas, noticias o simplemente avisar a sus familiares que están bien.

«No podemos llamar a nadie, no sabemos qué está pasando fuera, estamos completamente solos», denunció otro residente. A esto se suma la falta de agua, otro servicio que depende de bombas eléctricas para su distribución. En muchos hogares de Sabanilla, el líquido escasea desde hace días, obligando a los vecinos a recorrer largas distancias en busca de fuentes alternativas.

La promesa incumplida y la desconfianza ciudadana

El contraste entre la agonía de los residentes de Sabanilla y los discursos oficiales no puede ser más brutal. Apenas el sábado 30 de mayo, un dirigente de Matanzas aseguró en la televisión estatal que se estaban realizando gestiones para reparar los puentes ferroviarios de Giratorio y Belsay, condicionando el inicio de las obras a una «mejora en el sistema eléctrico»

Los ciudadanos, hartos de promesas vacías, respondieron con escepticismo y burla. «Los puentes no se van a reparar porque si tenemos que esperar por mejoras en la energía, estamos perdidos», escribió un usuario en la página oficial de la televisión matancera. «Tenemos que esperar una mejora en el suministro eléctrico… perdimos los puentes también», lamentó otro

La ironía es cruel: mientras los funcionarios esperan una «mejora eléctrica» que nunca llega para reactivar la infraestructura, pueblos enteros como Sabanilla se pudren en la oscuridad y el aislamiento. La energía que prometen nunca se materializa, y los ciudadanos, atrapados en medio de esta negligencia estructural, pagan las consecuencias.

El «efecto dominó» de un sistema colapsado

El caso de Sabanilla es el espejo de lo que ocurre en decenas de comunidades rurales y urbanas a lo largo y ancho de Cuba. La falta de combustible y el deterioro de las termoeléctricas han creado un «efecto dominó» que paraliza sectores enteros: sin electricidad no hay agua, sin agua no hay higiene, sin higiene aumentan las enfermedades, y sin comunicación, la ayuda no llega.

Un informe de Naciones Unidas advirtió en febrero que «la escasez de combustible está poniendo en peligro los servicios esenciales en todo el país», incluyendo hospitales, bombeo de agua y distribución de alimentos En Sabanilla, esa advertencia se ha convertido en una pesadilla real.

Mientras los altos mandos militares posan para las fotos en reuniones con el Comando Sur y los burócratas en La Habana discuten planes económicos abstractos, en Sabanilla la gente sigue esperando. Esperando que vuelva la luz, que regrese la señal, que el gobierno que dice representarlos recuerde que existen.

Por ahora, la oscuridad y el silencio son los únicos dueños de la noche en este rincón olvidado de Matanzas.

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