El arroz que no llega: EE.UU. quintuplica sus exportaciones a Cuba, pero el pueblo sigue sin comer

Imagen/ Cubadebate
Las ventas de arroz estadounidense a la isla se dispararon en los dos primeros meses de 2026, superando los 5 millones de dólares. Mientras tanto, en las bodegas y mercados cubanos el grano escasea o se vende a precios prohibitivos. Las donaciones de alimentos, que debían aliviar la crisis, también se pierden en el laberinto burocrático del régimen sin llegar a la mesa de las familias. La paradoja del «bloqueo» que no bloquea el comercio, pero tampoco alimenta al pueblo, se hace más evidente que nunca.
La incongruencia es mayúscula. Mientras el gobierno de Miguel Díaz-Canel insiste en que el «bloqueo» de Estados Unidos es la causa de todos los males de la isla, los productos agrícolas estadounidenses siguen entrando a Cuba en cantidades récord. Según datos de US-Cuba Trade, en enero de 2026 las ventas de arroz a Cuba ascendieron a más de 2 millones de dólares, y en febrero a casi otros 2 millones, totalizando más de 5 millones de dólares en apenas dos meses .
El volumen también es revelador: Peter Bachmann, presidente de USA Rice, confirmó que en los dos primeros meses de 2026 se enviaron a Cuba 5.000 toneladas métricas de arroz estadounidense, una cifra que quintuplica los apenas 1.000 toneladas enviadas en el mismo período de 2025 . El cereal se ha convertido así en el segundo producto alimenticio más exportado por Washington a Cuba, solo por detrás del pollo.
El arroz que desaparece en el camino
Pero hay una pregunta incómoda que nadie parece querer responder: si entra tanto arroz, ¿dónde está?
En los barrios de La Habana, en las colas de las bodegas, en los mercados agropecuarios de todo el país, la respuesta es la misma: no hay. O, si aparece, es a precios que la mayoría de los cubanos no pueden pagar. Un saco de arroz de 10 libras, que en cualquier país normal costaría unos pocos dólares, en el mercado informal cubano alcanza los 1.500 pesos (unos 6 dólares), una suma desorbitada para un salario mínimo de 2.100 pesos al mes .
«Eso del arroz americano es como el Yeti: todo el mundo habla de él, pero nadie lo ha visto», ironiza una ama de casa del municipio de Cerro. «Los políticos dicen que entra comida, pero nosotros aquí no vemos ni la cáscara».
El destino final de estas toneladas de cereal es un misterio que alimenta la desconfianza popular. Según fuentes consultadas, gran parte del arroz importado por el gobierno se desvía hacia el turismo (hoteles y restaurantes que cobran en divisas) o se revende en tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC), donde el precio está denominado en dólares, algo inalcanzable para quienes cobran en pesos cubanos .
Las donaciones que no llegan
La paradoja se extiende a la ayuda humanitaria. En febrero, México envió un donativo de alimentos y productos de aseo destinado a las provincias occidentales de Artemisa, La Habana, Mayabeque y la Isla de la Juventud, con prioridad para niños de 0 a 13 años, adultos mayores de 65, embarazadas y menores con bajo peso . El gobierno anunció con bombo y platillo la distribución, pero semanas después, vecinos de esos mismos territorios denunciaban en redes sociales que nada había llegado.
«En la Isla de la Juventud no ha llegado nada. Tengo una niña de 12 años diabética tipo 1 y se pone insulina 4 veces al día. Aquí no han dicho que vayan a dar nada», denunció una usuaria en Facebook . Otro comentario fue más directo: «En Cangrejera, Bauta, Artemisa, no han entregado ninguna donación para viejos vulnerables que viven solos» .
Las autoridades han tenido que salir a desmentir rumores de que la ayuda mexicana sería desviada a tiendas en MLC, pero el simple hecho de que exista esa desconfianza —y que tenga que ser desmentida oficialmente— dice más de la realidad que cualquier comunicado de prensa .
El negocio del «bloqueo»
Mientras el pueblo no come, el gobierno sí que come (y bien). La encargada de negocios de la embajada cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, reconoció que la producción de arroz en la isla ha caído un 40% por la crisis energética . Pero lejos de lamentarse, el régimen aprovecha esta coyuntura para redoblar su discurso victimista mientras, de fondo, el comercio con el «enemigo» sigue su curso.
De acuerdo con datos de la Coalición Agrícola de EE.UU. para Cuba, las ventas de productos del campo estadounidense a la isla han pasado de menos de 200 millones de dólares en 2020 a unos 500 millones de dólares en 2025 . El negocio es redondo para algunos, pero para las familias cubanas sigue siendo una quimera.
El principal escollo para que el arroz llegue a la mesa de los cubanos no es el «bloqueo», sino la incapacidad del gobierno para distribuir los alimentos de manera equitativa, la corrupción que desvía los recursos y un modelo económico que prioriza el turismo en divisas sobre el bienestar de la población .
Un mercado de oportunidades para unos pocos
El auge de las exportaciones agrícolas estadounidenses a Cuba ha beneficiado principalmente a un reducido grupo de actores. Por un lado, los agricultores de Arkansas y Texas, que encuentran en la isla un mercado cautivo para su producción. Por otro, los intermediarios y funcionarios cubanos que controlan la importación y distribución de los alimentos, y que obtienen jugosos márgenes en el proceso .
Para el cubano de a pie, la situación es desesperante. Las colas en las bodegas se alargan cada día, los precios se disparan y la comida, simplemente, no llega. Mientras tanto, los anuncios oficiales de «donaciones» y «récords de importación» suenan como una burla más en medio del desierto.
El economista cubano Pedro Monreal ha señalado en múltiples ocasiones que el problema alimentario en Cuba no es de producción ni de importación, sino de distribución y de un modelo económico que concentra los recursos en manos del Estado y sus élites . El arroz entra, pero no llega. Las donaciones existen, pero se pierden en el laberinto burocrático. Y mientras tanto, el pueblo sigue pasando hambre.
