«Pedí por Cuba en cada paso»: la travesía espiritual de un cubano por el Camino de Santiago

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El santaclareño Yenkys González se convirtió recientemente en uno de los pocos cubanos en completar el tradicional Camino de Santiago, la emblemática ruta de peregrinación que atraviesa España hasta la ciudad gallega de Santiago de Compostela. Durante 40 días y 800 kilómetros recorridos a pie, González no dejó de pensar en Cuba y dedicó su caminata a pedir por un cambio en la isla.
«Yo ofrecí ese camino por la situación de este país. Todo el tiempo pedí por Cuba, por que hubiera un cambio de cualquier forma», confesó González en una entrevista publicada este miércoles. El santaclareño, que trabaja como gestor de redes informáticas del Obispado de Santa Clara y como ingeniero de sonido en la parroquia de El Carmen, emprendió la peregrinación gracias a la invitación de un amigo de su congregación de salesianos cooperadores.
Un privilegio al alcance de muy pocos
Aunque cada año llegan a Compostela cientos de miles de caminantes de todo el mundo, los cubanos apenas aparecen en las listas oficiales de la Oficina del Peregrino. Si bien existen testimonios aislados de emigrados que han recorrido la ruta, los registros confirman que la presencia cubana sigue siendo mínima, con apenas unos pocos peregrinos contabilizados cada año.
El alto costo de viajar a Europa y sostener la peregrinación durante varias semanas convierte la experiencia en un privilegio al alcance de muy pocos cubanos, en un contexto de crisis económica agravada por apagones de hasta 20 horas diarias, escasez de alimentos y medicinas, y una inflación descontrolada que erosiona el poder adquisitivo de la población.
«Aprendes a vivir con poco»
Yenkys inició su peregrinación en la localidad francesa de Saint Jean Pied de Port, punto de partida del emblemático Camino Francés. «En la misma oficina donde me registraron les llamó la atención que fuera cubano. Me dijeron que era el primero que esa persona había inscrito en sus 30 años trabajando allí«, relató.
Inicialmente eran dos peregrinos, pero luego se fueron sumando otros hasta llegar a 14. «Salíamos desde las 8:00 de la mañana hasta por la tarde. Por promedio se caminan entre 20 y 30 kilómetros diarios. Lo mismo puedes quedarte a dormir en albergues que en rentas. Lo esencial también es que aprendes a vivir con poco, a compartir. Te cambia la vida», explicó.
Un milagro en el camino
Casi al final del peregrinaje, Yenkys experimentó una vivencia especial en el pequeño poblado de O Cebreiro, lugar emblemático del Camino Francés considerado la puerta de entrada a Galicia. En la iglesia de Santa María la Real, donde la tradición recuerda un milagro eucarístico, el santaclareño prendió una vela y se quedó hasta que se consumió, pensando en Cuba.
«Empecé a llorar. Sentí que alguien me tocó por detrás y me preguntó si era cubano. Resulta que era precisamente un sacerdote, también cubano, que estaba peregrinando. ¿Qué posibilidad había de que algo así sucediera?», se pregunta Yenkys.
Al salir del templo, otro encuentro fortuito reforzó su fe: un vendedor de souvenires, al darse cuenta de que era cubano, le regaló dos pasadores con el escudo del camino y la bandera cubana que tenía reservados para alguien especial. «No fue casualidad. Tengo fe en que Dios me escuchó, porque de alguna manera siento que Cuba está cambiando», afirmó.
El regreso a Cuba y la labor social
A pesar de las dificultades, Yenkys decidió regresar a Cuba, donde continúa su labor social en el Obispado de Santa Clara. Colabora en el proyecto «Tuve hambre», orientado a suplir necesidades alimentarias de más de 400 personas, y en un dispensario de medicamentos de donación.
«La mayoría de las parroquias están enfocadas en ayudar a mucha gente y de muchas maneras. Seguimos con el proyecto, y los martes y jueves se les ofrece desayuno tanto a personas con pocos recursos como a ancianos que viven solos, o madres con niños que no tienen qué comer», explicó.
«Mucha gente me decía: ‘Si ya saliste, ¿cómo vas a regresar?’ Pero ese no era mi objetivo. Tengo muchas cosas pendientes por hacer. Mi labor ahora mismo está aquí», concluyó Yenkys, quien cuelga en su oficina la concha de vieira que identifica la ruta jacobea, como un recordatorio de su fe y su esperanza en un cambio para Cuba.
