El engaño del viceministro: con combustible Cuba seguiría teniendo apagones, pero el régimen insiste en culpar a Trump

Imagen/ Cubadebate
Argelio Abad Vigoa aseguró en la Mesa Redonda que la crisis eléctrica es exclusivamente culpa del embargo petrolero de EE.UU. Los datos demuestran que, incluso con combustible, Cuba seguiría sufriendo déficits de cientos de megavatios. La verdad que el funcionario omitió: décadas de desinversión, centrales termoeléctricas con 50 años de antigüedad y un sistema que colapsaba mucho antes de la orden ejecutiva de Trump
La imagen es la de siempre: un funcionario detrás de un escritorio, frente a las cámaras de la Mesa Redonda, explicando por qué Cuba está sumida en la peor crisis energética de su historia. Esta vez le tocó al viceministro primero de Energía y Minas, Argelio Jesús Abad Vigoa, quien compareció este jueves con un argumento que el gobierno ha repetido hasta la saciedad: la culpa es del bloqueo, específicamente de la Orden Ejecutiva 14380 que Donald Trump firmó el 29 de enero de 2026 .
«No ha tocado ningún barco con combustible adquirido o comprado en el mercado internacional», afirmó Abad Vigoa, cifrando en más de 1.400 MW la capacidad instalada que permanece paralizada por falta de diésel, fuel oil y gasolina . Pero en su afán por responsabilizar exclusivamente a Washington, el viceministro dijo una verdad que probablemente no quería decir.
La confesión involuntaria de Abad Vigoa
«Si dispusiéramos ese combustible en el mediodía no hubiera apagón o tuviéramos niveles muy inferiores de apagón, y en el pico eléctrico los niveles de apagón fueran de 400, 500, 600 MW que son manejables», declaró el funcionario ante las cámaras .
La frase es reveladora. Incluso si Cuba tuviera todo el combustible que dice necesitar, seguiría enfrentando apagones de entre 400 y 600 MW en las horas de mayor demanda. Es decir, la crisis no se resolvería. Solo se reduciría a niveles que el propio régimen considera «manejables», pero que seguirían dejando a millones de cubanos sin electricidad cada día.
Lo que Abad Vigoa no dijo, o quizás no quiso decir, es que la crisis energética cubana es estructural y viene de mucho antes de que Trump firmara su orden ejecutiva.
La crisis que ya existía antes de Trump
En octubre de 2024, más de un año antes de la orden ejecutiva, Cuba sufrió un colapso total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) que dejó a más de la mitad de la población sin luz durante casi 100 horas .
En diciembre de 2024, los déficits eléctricos oscilaban entre 1.070 y 1.570 MW diarios . Y entre septiembre y noviembre de 2025, los déficits alcanzaron entre 1.800 y 2.147 MW, con apagones de más de 20 horas en gran parte del país .
El propio gobierno cubano había reconocido en diciembre de 2025 que «2026 será difícil, habrá apagones» . En ese momento, 97 centrales de generación distribuida ya estaban paradas por falta de diésel y fuel oil, representando más de 1.000 MW fuera de servicio . Y eso fue semanas antes de que la orden ejecutiva de Trump entrara en vigor.
Décadas de desinversión y centrales obsoletas
La verdad que el viceministro omitió deliberadamente es que las raíces del colapso son estructurales. Las siete centrales termoeléctricas principales del país tienen entre 35 y 50 años de antigüedad, y operan con una tasa de disponibilidad del 35-45%, cuando el estándar internacional supera el 80% .
Entre 2019 y 2024, el sector energético recibió menos del 10% de las inversiones estatales, mientras el turismo acaparó el 40% . La producción nacional de petróleo, de unos 40.000 barriles diarios, apenas cubre la mitad de las necesidades mínimas del país .
La dependencia del petróleo venezolano, que venía reduciéndose desde antes de 2026, solo empeoró una situación que ya era crítica por décadas de mala gestión .
El costo de la mentira: miles de millones para un problema que el régimen no quiere resolver
El Cuba Study Group, una organización independiente que analiza la situación de la isla, estima que la recuperación del sistema eléctrico cubano requeriría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares y entre tres y cinco años de inversión sostenida . Una cifra que el régimen, que ha llevado la economía al colapso, no puede ni quiere afrontar.
La estrategia de culpar al bloqueo tiene un objetivo claro: desviar la atención de la propia responsabilidad del gobierno en el desastre energético. Pero los datos hablan por sí mismos. La crisis no empezó con Trump. Empezó con décadas de desinversión, de priorizar otros sectores, de mantener centrales obsoletas sin el mantenimiento necesario.
Un país que ya no cree
Mientras Abad Vigoa hablaba en la Mesa Redonda, en las calles de La Habana los apagones seguían su curso. En Morón, donde la semana pasada manifestantes incendiaron la sede del Partido Comunista, los vecinos llevan semanas sin electricidad. En los hospitales, los pacientes oncológicos esperan tratamientos que no pueden recibirse por falta de energía. En las casas, la gente cocina con leña porque el gas no llega.
El discurso oficial, repetido hasta el agotamiento, ya no convence. «Siempre es culpa del bloqueo», dice un usuario en redes sociales. «Pero los apagones empezaron mucho antes de que Trump firmara nada». Otro comentario resume el sentir general: «El bloqueo no ayuda, pero la incompetencia de los que nos gobiernan lleva décadas matándonos. Ya no nos engañan».
El viceministro Abad Vigoa terminó su intervención con una frase que seguramente pensó que sonaría a resistencia patriótica: «Cuba resiste». Pero en la calle, la gente ya no habla de resistencia. Habla de hartazgo. Porque resistir implica una lucha contra un enemigo externo. Y el verdadero enemigo, el que ha dejado las termoeléctricas en ruinas, el que ha desviado las inversiones, el que ha preferido la propaganda antes que los cables, ese enemigo no está en Washington. Está en La Habana.
