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El fracaso de la bancarización en Cuba: comerciantes prefieren no vender antes que aceptar una transferencia

El fracaso de la bancarización en Cuba: comerciantes prefieren no vender antes que aceptar una transferencia

by Fred
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El fracaso de la bancarización en Cuba: comerciantes prefieren no vender antes que aceptar una transferencia

El fracaso de la bancarización en Cuba: comerciantes prefieren no vender antes que aceptar una transferencia

Imagen/ Pluralidad Z

Los apagones, la escasez de efectivo y la desconfianza generalizada han convertido el sueño de la digitalización económica en una pesadilla cotidiana. Desde San José de las Lajas hasta Campechuela, pasando por Holguín y Villa Clara, la realidad es la misma: el dinero electrónico vale menos que el papel

El cartel con el código QR sigue pegado en el mostrador de la tienda La Esperanza, en San José de las Lajas, pero nadie parece dispuesto a usarlo. La dependienta lo señala con desgano, casi como si fuera un objeto decorativo. Cuando Yoel pidió pagar con su tarjeta de Bandec a través de una transferencia, la respuesta fue rápida: el sistema electrónico estaba «dando problemas» y en el establecimiento solo estaban aceptando efectivo .

El joven había llegado a la tienda de productos industriales con la intención de comprar varios útiles para el hogar, pero terminó saliendo con un único artículo en la mano y un gesto de frustración. «No tuve más remedio que pagar en efectivo lo poco que llevaba y dejar el resto», cuenta a 14ymedio. Su empresa le deposita el salario directamente en una tarjeta bancaria, una práctica cada vez más extendida en Cuba desde que el Gobierno comenzó a promover con insistencia el comercio electrónico.

Lo que en los discursos oficiales se presentó como un salto hacia la modernización económica se ha convertido, para muchos consumidores, en una trampa cotidiana. «Cuando me ponen el dinero en la tarjeta es como si tuviera una papa caliente en las manos que no se la puedo pasar a nadie», dice Yoel. Cada intento de pagar con una transferencia o escaneando un código QR termina casi siempre en una negativa. En parte, por la desconfianza de los comerciantes; en parte, por las fallas constantes de la conexión y los apagones que mantienen apagados los terminales electrónicos durante buena parte del día.

La realidad en otras provincias: el dinero que no se puede tocar

La situación que se vive en San José de las Lajas no es un caso aislado. En Holguín, los comentarios de los residentes coinciden en señalar una resistencia generalizada. Según reporta Radio Angulo, a diario crecen los reportes de que «en muy pero muy pocos negocios te dejan pagar por transferencia», o de que establecimientos solo aceptan este método en horarios específicos, «hasta las 09:00 a.m. que están los inspectores» .

Esta negativa, según explican los propios comerciantes, se debe a un problema de liquidez: si reciben dinero electrónico pero no pueden retirar el efectivo equivalente del banco para sus propias compras informales o pagos, el circuito se rompe. Dicha práctica no solo contraviene la Resolución 15/2025 del Ministerio de Comercio Interior (Mincin), que establece el uso obligatorio de medios de pago electrónicos para casi todas las transacciones comerciales, sino también el Decreto-Ley 100/2024 sobre el Sistema de Pagos, que prohíbe expresamente establecer precios más altos o condiciones desventajosas para quien pague con métodos electrónicos .

En Campechuela, municipio de la provincia de Granma, los residentes sufren una odisea similar para acceder a su propio dinero. Según publica el periódico local La Demajagua, los campechueleros enfrentan «largas colas (muchas veces, desde la tarde del día anterior) para conseguir lo que ganamos con tanto sacrificio y, en no pocas ocasiones, solo se adquiere una parte» . Peor aún, el municipio no dispone de cajeros automáticos, obligando a los residentes a trasladarse a Media Luna o Manzanillo, los territorios más cercanos, para poder extraer efectivo.

El drama de sacar efectivo: cajeros vacíos y filas interminables

Mientras el gobierno insiste en que el sistema bancario opera «con normalidad», la realidad en las calles cuenta otra historia . Los cajeros automáticos permanecen vacíos durante horas, obligando a los ciudadanos a esperar bajo el sol en filas que se extienden por cuadras enteras. Un reportaje del periodista Guillermo Rivera para Milenio describe escenas desgarradoras en La Habana: «Algunos árboles dan un poco de sombra, pero eso no quita que a unas 30 personas –incluso con niños– las domine la ansiedad» .

Un empleado alza la voz. Pide que se haga una fila, el servicio ya no tarda. Pero las muecas de irritación se multiplican. No es sólo hoy. Todos los días es lo mismo: esperas interminables, apagones, dinero insuficiente. «¡Llegué a las siete de la mañana, coño!», dice un hombre treintón, indignado, mientras se hace la fila de forma desordenada. Es ley: conforme llegas al banco debes preguntar quién fue el último en llegar, esperar y tomar tu lugar cuando el cajero funcione .

Cada cubano tiene derecho a sacar de su tarjeta 5 mil pesos de la moneda nacional. Se supone que al cajero le ponen dinero a más tardar a las 9 de la mañana, pero desde hace días no es así. La frustración se mezcla con resignación: «Ya no es resistencia, es rutina», comenta un vecino del Vedado .

El círculo vicioso de las Mipymes: atrapadas entre la ley y la realidad

Para los pequeños y medianos empresarios, la situación es aún más compleja. Muchas Mipymes, surgidas oficialmente en 2021, dependen del dinero físico para operar en un mercado donde gran parte de los proveedores sigue en la informalidad . Esto provoca que eviten pagos por transferencia mediante excusas recurrentes: códigos QR que no cargan o están deteriorados, jefes que no autorizan transferencias, conexiones que fallan justo al cobrar.

Y aunque estas prácticas pueden ser sancionadas, revelan una economía que no está lista para sostenerse exclusivamente sobre plataformas digitales. Un actor económico privado advierte: «Si cojo las transferencias después es un dilema para extraerlo para poder pagar los productos que luego saco a la venta» .

Ana, por su parte, explica que si únicamente aceptara transferencia, después utilizar ese dinero es casi imposible hoy día, como si su dinero por no estar en billete valiera menos . El efectivo se convierte así en la única certeza en medio de un sistema inestable.

La compra de dólares en el mercado informal: el eslabón perdido

Para reabastecer sus negocios, muchos comerciantes se ven obligados a comprar dólares en el mercado informal, donde la divisa estadounidense ronda los 450 pesos cubanos por dólar, frente al tipo oficial de 24 pesos por dólar al que están obligadas a operar las personas jurídicas . Esta brecha cambiaria, de más del 1.800%, crea una distorsión insostenible.

Las empresas extranjeras radicadas en la Isla también experimentan serias dificultades por la falta de liquidez del sistema bancario estatal. El Gobierno cubano ha consolidado un «corralito» cambiario que impide a estas compañías extraer o transferir al exterior las divisas que ya tienen depositadas en bancos cubanos . La medida supone un reconocimiento explícito de la crisis de liquidez bancaria en la isla.

La respuesta oficial: entre el reconocimiento y la propaganda

El presidente Miguel Díaz-Canel ha reconocido en su podcast «Desde la Presidencia» que «existe una insatisfacción por la necesidad de las personas de seguir requiriendo dinero, o sea, en efectivo, para hacer los pagos» . Alberto Quiñones, vicepresidente del Banco Central de Cuba, admitió que el proceso de bancarización «siempre partió de la premisa de que debía ser mejor de lo que teníamos, lo cual no se ha logrado» .

Sin embargo, el mandatario insiste en que «la bancarización no es la causa de estos problemas. La causa de estos problemas es no haber conducido, o no haber controlado, adecuadamente, este proceso» . Para los cubanos de a pie, esta distinción es irrelevante: lo único que importa es que, al final del día, el dinero que tienen en sus tarjetas no sirve para comprar lo que necesitan.

El contraste entre la propaganda y la realidad

En una pequeña cafetería improvisada en un portal cercano a San José de las Lajas, un grupo de clientes espera su turno apoyado en el mostrador de metal. Detrás, el dependiente coloca refrescos y paquetes de galletas mientras cobra únicamente con billetes. Nadie menciona siquiera la posibilidad de pagar con el teléfono.

«Al final el que más pierde es el consumidor», explica Gabriela. «Hay gente que tiene que hacer cola de madrugada en el banco para sacar dinero y después ir a comprar lo que sea, aunque sea una cosa pequeña».

En otros establecimientos del municipio las respuestas son más bruscas. Yenia, estudiante universitaria, asegura que ha vivido situaciones incómodas cuando intenta pagar con transferencia. «Varias veces me ha pasado que cuando pido pagar por Transfermóvil me quitan lo que voy a comprar de las manos», cuenta. La reacción suele ser inmediata, como si hubiera dicho algo inapropiado. «Prefieren dejar de vender antes que aceptar una transferencia».

La joven tiene instaladas en su teléfono las aplicaciones Transfermóvil y Enzona, dos de las plataformas digitales que el Gobierno ha promovido con más insistencia para fomentar la llamada «bancarización». En la práctica, sin embargo, esas herramientas se han vuelto casi inútiles en muchos puntos de venta. Los apagones frecuentes interrumpen la conexión, los teléfonos pierden señal o simplemente los comerciantes se niegan a aceptar pagos electrónicos.

«Puedes tener todas las aplicaciones del mundo, pero si el que vende no quiere recibir una transferencia, no hay nada que hacer», dice Yenia.

El contraste entre la propaganda oficial y la realidad cotidiana es evidente. En los últimos años, las autoridades cubanas han insistido en que el comercio electrónico es una herramienta clave para modernizar la economía y reducir el uso de efectivo. Pero en San José de las Lajas, como en Holguín, Campechuela y media isla, la idea parece haberse quedado en los carteles pegados en los mostradores.

«Yo fui de las que sacó todas las tarjetas magnéticas habidas y por haber», dice Yenia mientras guarda su teléfono en el bolso. «Ahora las tengo vacías». Para ella, las tarjetas bancarias se han convertido en un problema más que en una solución. «Es una nueva manera de complicarle la vida al cubano», afirma.

En una economía donde cada peso cuenta y cada compra requiere paciencia, la tecnología prometida como avance se ha transformado en otro obstáculo. El comercio electrónico se aleja poco a poco de los mostradores. En su lugar vuelven los viejos billetes doblados en los bolsillos, las cuentas hechas a lápiz y la certeza de que, al menos por ahora, pagar con el teléfono sigue siendo en Cuba más una promesa que una realidad.

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