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La brigada de la postal: periodistas oficialistas, levantados de madrugada para mostrar una "calma" que no existe

La brigada de la postal: periodistas oficialistas, levantados de madrugada para mostrar una «calma» que no existe

by Fred
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La brigada de la postal: periodistas oficialistas, levantados de madrugada para mostrar una «calma» que no existe

La brigada de la postal: periodistas oficialistas, levantados de madrugada para mostrar una "calma" que no existe

Imagen/ DeposIt

Mientras en Morón aún humean los restos de la sede del Partido Comunista y los cacerolazos resuenan en media isla, una legión de reporteros afines al régimen salió a las calles de La Habana con sus cámaras y libretas para documentar… bueno, para documentar que no había nada que documentar. La tranquilidad, como la gasolina, parece haber aparecido de la nada

La noche del viernes fue larga. En Morón, Ciego de Ávila, el pueblo convirtió la sede del Partido Comunista en una fogata que iluminó más que todos los apagones de la semana . En La Habana, los cacerolazos se extendieron por séptima noche consecutiva. Pero cuando el sol salió este sábado, una nueva brigada entró en acción: los periodistas oficialistas, esos soldados de la pluma que el régimen despierta a las 6 de la mañana con una misión imposible.

La orden, al parecer, era clara: salir a las calles, tomar fotos, grabar videos y demostrar que todo está en calma. Que lo de Morón fue un «hecho vandálico» aislado, como ya se apresuró a calificarlo el Ministerio del Interior . Que los cacerolazos son cosa de «grupúsculos contrarrevolucionarios» financiados desde Miami. Que la gente está tranquila, feliz, desayunando tranquilamente en los portales mientras el sol brilla sobre La Habana.

El problema es que la realidad, esa testaruda, se empeña en colarse por las rendijas.

El héroe involuntario: Henry Omar Pérez y la épica de lo inexistente

Entre los convocados a esta cruzada de la credibilidad destaca la figura de Henry Omar Pérez, periodista oficialista conocido por su estilo vehemente y su defensa cerrada de la Revolución. Henry Omar, que seguramente había dormido poco después de una semana de cobertura «objetiva» de la crisis, se levantó antes del amanecer para cumplir con su deber patriótico.

Las primeras imágenes comenzaron a circular en redes sociales cercanas al régimen: calles vacías, amaneceres tranquilos, algún que otro perro cruzando la calle. La postal de una Habana en paz, ajena a los disturbios, indiferente a la hoguera que aún ardía en Morón. «La población transita con normalidad», debió pensar Henry Omar mientras enfocaba a un señor que barría la entrada de su casa con una parsimonia que parecía ensayada.

Lo que las fotos no mostraban, claro, era lo que ocurría apenas unas cuadras más allá, donde los vecinos aún tenían los calderos en la mano y la bronca en el pecho. Tampoco reflejaban la ironía de que, para este despliegue de «normalidad», el combustible apareciera como por arte de magia, mientras las ambulancias siguen sin poder moverse y los camiones de la basura acumulan semanas de retraso.

La paradoja del combustible: para la postal sobra

Los comentarios en redes no tardaron en señalar la contradicción. «Qué rápido aparece la gasolina cuando hay que salvar la imagen del régimen», ironizó un usuario tras ver las fotos de los reporteros oficiales desplazándose en vehículos estatales. «Para las ambulancias no hay, para los periodistas que vienen a decir que todo está bien, sí» .

La misma paradoja que se vive en el parque El Curita, donde decenas de patrullas policiales recorren las calles en una exhibición de fuerza que, según el periodista Mario J. Pentón, confirma que «el miedo cambió de bando» . Si hay combustible para intimidar, ¿por qué no lo hay para llevar comida a los hospitales?

El manual del perfecto periodista oficialista

La escena de esta mañana parecía sacada de un manual de propaganda de los años 70, actualizado para la era digital. Los pasos son simples:

1. Ignorar el elefante en la habitación: No mencionar que en Morón la gente prendió fuego a la sede del Partido Comunista . No hablar de los cinco detenidos que ya reportan las autoridades . No mencionar al joven herido de bala que los vecinos tuvieron que rescatar .

2. Enfocar lo irrelevante: Una calle vacía es una calle en calma. Un señor barriendo es un pueblo trabajando. Un amanecer es una metáfora de la esperanza revolucionaria.

3. Usar el lenguaje adecuado: Lo de Morón no fue una protesta, fue un «acto vandálico» . Los manifestantes no son ciudadanos desesperados, son «grupúsculos contrarrevolucionarios». Los apagones no existen, son «afectaciones en el sistema electroenergético nacional».

4. Publicar rápido: La mentira, como la noticia, viaja a la velocidad de la luz. Lo importante es que las fotos de la «calma» lleguen antes de que los videos de la «tormenta» se vuelvan virales.

El pueblo que ya no cree

El problema para Henry Omar y sus colegas es que el público ya no traga. Los comentarios en las propias publicaciones oficialistas se llenan de escepticismo, de ironía, de preguntas incómodas. «¿Y eso lo publicas con luz eléctrica o con un generador?», preguntó un usuario en una de las fotos del amanecer habanero.

La desconexión entre el discurso oficial y la realidad cotidiana nunca había sido tan evidente. Mientras los periodistas oficialistas fotografían la calma, en los barrios de La Habana la gente sigue haciendo colas para comprar lo poco que queda en las bodegas. Mientras ellos escriben sobre «el pueblo unido», en Morón los vecinos aún procesan la imagen de la propaganda del Partido ardiendo en una hoguera .

El epitafio de una mañana cualquiera

Cuando dentro de unos años alguien quiera entender cómo colapsan los regímenes, debería mirar las fotos que Henry Omar Pérez y sus colegas tomaron esta mañana. No porque muestren la verdad, sino porque evidencian hasta qué punto el poder puede llegar a desconectarse de la realidad.

Las imágenes de la «calma» en La Habana quedarán para la historia como el testimonio de un gobierno que, mientras el país ardía, mandó a sus periodistas a fotografiar las cenizas y llamarlas «paisaje».

Afuera, en el mundo real, los calderos siguen sonando. El miedo, como dijo Pentón, ya cambió de bando. Y ni las fotos más bonitas del amanecer habanero podrán ocultar que, esta noche, cuando el sol se ponga, la gente volverá a las calles.

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