Tren No. 11 a Santiago de Cuba sufre avería y sale con cuatro horas de retraso: la espera interminable de los viajeros cubanos

Imagen/ Rutas Nacionales
El Tren No. 11, que cubre la ruta La Habana – Santiago de Cuba, no saldrá esta noche a las 19:15 como estaba previsto. La Empresa Trenes Nacionales de Pasajeros informó que la locomotora presenta fallos técnicos y la nueva hora de partida será a las 23:30. Cuatro horas de demora. Cuatro horas en las que los pasajeros, muchos ya instalados en la estación central con sus bultos y su paciencia a cuestas, tendrán que esperar sin saber muy bien dónde sentarse ni hasta cuándo se alargará realmente la espera.
El parte oficial habla de «fallos técnicos en su locomotora». Una frase hecha que, en el argot ferroviario cubano, puede significar cualquier cosa: desde un motor que no arranca hasta una pieza que hay que buscar en otro tren, en otro taller, en otra provincia. Porque aquí, cuando un tren se rompe, la solución no está en un catálogo de repuestos ni en una llamada al proveedor. La solución está en el ingenio, en la búsqueda de una locomotora que pueda remolcar, en la espera mientras alguien, en algún taller, trata de revivir una máquina que debería haber sido jubilada hace años.
La Habana – Santiago: la ruta más larga, la más castigada
El trayecto entre La Habana y Santiago de Cuba es el más extenso de la red ferroviaria nacional. Más de 800 kilómetros que, en condiciones ideales, deberían cubrirse en unas 14 horas. Pero las condiciones ideales no existen en el ferrocarril cubano. Los viajeros saben que un retraso de cuatro horas a la salida puede convertirse en ocho, en diez o en una noche entera perdida en alguna estación intermedia, cuando la locomotora vuelve a fallar en mitad del camino .
Las locomotoras que tiran de estos trenes son, en su mayoría, equipos con décadas de servicio. Algunas llegaron de la Unión Soviética en los años 70 y 80; otras, más recientes, de China. Pero todas comparten el mismo destino: la falta de mantenimiento sistemático, la carencia de piezas de importación y el desgaste de kilómetros y kilómetros de vías en mal estado . El bloqueo estadounidense complica aún más la compra de repuestos en mercados internacionales, y la crisis económica ha reducido al mínimo las divisas destinadas al transporte .
La inseguridad como compañera de viaje
Los fallos técnicos no son el único peligro. Viajar en tren por Cuba implica asumir riesgos que van más allá de la demora. Los descarrilamientos, aunque no siempre aparecen en los partes oficiales, son más frecuentes de lo que se admite. Las vías, en muchos tramos, llevan años sin una renovación profunda. Los durmientes de madera se pudren, los rieles se desgastan, la velocidad se reduce a paso de hombre en los tramos más críticos .
Los vagones, por su parte, acumulan años sin una rehabilitación completa. Los sistemas eléctricos fallan, los baños se obstruyen, la ventilación depende de ventiladores que a veces funcionan y a veces no. Y cuando el tren se detiene en mitad de la noche, en un lugar apartado, la sensación de abandono se apodera de los pasajeros. No hay iluminación exterior, no hay personal que explique qué ocurre, no hay información .
La información, un bien escaso
Ante este panorama, la comunicación oficial se vuelve crucial. La Empresa Trenes Nacionales de Pasajeros insiste en que los viajeros se mantengan informados a través de sus canales oficiales. En Facebook, la página Rutas Nacionales—administrada por la Empresa Viajero— se ha convertido en una referencia para quienes necesitan saber si su tren saldrá, si llegará o si volvió a quedarse en la vía . Allí se publican los ajustes de horarios, las incidencias y, a veces, las fotos de los pasajeros que reportan desde las estaciones.
Las autoridades recomiendan seguir también los perfiles del Ministerio del Transporte, la Unión de Ferrocarriles de Cuba y las empresas territoriales como Ferrocarriles de Oriente o Ferrocarriles de Centro . Pero los viajeros habituales saben que la información oficial suele llegar después de que los rumores ya hayan corrido por los grupos de WhatsApp. Y que lo publicado en redes puede cambiar sin previo aviso, porque un tren que iba a salir a las 23:30 puede sufrir otra avería a las 23:00.
La espera continúa
Mientras tanto, en la estación central de La Habana, los pasajeros del Tren No. 11 esperan. Algunos buscan un banco libre, otros se sientan en el suelo apoyados en sus mochilas. Los hay que aprovechan para comprar algo de comer en los puestos cercanos, sabiendo que el viaje será largo y que dentro del tren la oferta es nula.
El aviso de la empresa termina con un «agradecemos la comprensión». Es la frase de siempre, la que se repite cada vez que un tren se retrasa, se suspende o cambia su recorrido. Detrás, quedan los pasajeros, que no tienen más remedio que comprender. Porque en Cuba, viajar en tren es un ejercicio de paciencia, de fe y de resistencia. Y porque, al final del día, el tren sale cuando puede, no cuando debe.
