Cupet anuncia distribución de gas en La Habana, Artemisa y Mayabeque, pero la crisis energética y el desabastecimiento marcan el contexto

Imagen/Tribuna de La Habana
La Empresa de Gas Licuado, perteneciente a Cupet, informó este martes que ha comenzado la distribución de gas licuado en La Habana, Artemisa y Mayabeque, luego de recibir un cargamento del combustible. El plan contempla repartir 15 mil cilindros diarios en los tres territorios, priorizando zonas de edificios y circuitos con más apagones.
Sin embargo, el anuncio llega en medio de una profunda escasez de combustible que afecta a toda la isla desde hace meses, y que ha obligado a miles de familias a cocinar con carbón, leña o incluso improvisando fogones en patios y aceras. La promesa oficial choca con la realidad cotidiana de largas colas en los puntos de venta, cilindros vacíos que se acumulan en las casas y una sensación generalizada de que el gas “llega cuando quiere”.
La propia nota de la empresa reconoce, de forma indirecta, las limitaciones del sistema. Habla de “lograr una distribución equitativa” y de “incidir en todos los municipios”, pero no detalla con qué frecuencia se repetirá el abastecimiento ni cuánto durarán las existencias actuales. Tampoco ofrece una solución estructural para un problema que se repite cíclicamente: el gas llega, se acaba rápido, y luego vuelven semanas de espera.
Mientras tanto, en muchos hogares habaneros la leña vuelve a ser parte del paisaje doméstico. En repartos del Cerro, Centro Habana y municipios de Artemisa, no es raro ver a vecinos encendiendo fuego en latas viejas o fogones de bloque para poder hervir agua o calentar algo de comida. Lo que debía ser una solución temporal se ha convertido, para muchos, en la nueva normalidad.
La empresa ha habilitado teléfonos y un correo electrónico para atender quejas, aunque la experiencia reciente demuestra que esas vías suelen saturarse o derivar en respuestas automáticas. En la práctica, cumplir con los 15 mil cilindros diarios implica un esfuerzo logístico enorme en un país con una flota de transporte deprimida, fallas eléctricas constantes y una red de distribución que hace aguas.
Cupet asegura que la prioridad son los edificios y las zonas más castigadas por los cortes de luz. Pero mientras el combustible llegue a cuentagotas y la población siga cocinando con lo que encuentra, cualquier anuncio oficial corre el riesgo de sonar más a gesto que a solución.
