Incidente entre aficionados de Holguín y jugadores de Artemisa
La pasión por el béisbol en Cuba es legendaria. Desde los barrios hasta los estadios nacionales, el sonido del bate al conectar con la pelota resuena como un himno colectivo. Pero en ocasiones, esa misma pasión puede desbordarse, y convertirse en un foco de tensión. Eso es exactamente lo que ocurrió durante un reciente encuentro entre los equipos de Holguín y Artemisa, cuando un altercado entre aficionados locales y jugadores visitantes obligó a la Comisión Nacional de Béisbol (CNB) a abrir una investigación oficial.
El incidente tuvo lugar tras el segundo partido del play off de cuartos de final de la 64 Serie Nacional de Béisbol entre Holguín y Artemisa. Hubo una confrontación entre aficionados locales y jugadores del equipo de Artemisa, que requirió la intervención de la policía para escoltar al equipo visitante. Según reportes en redes sociales, el lanzador Yunieski García fue acusado de agredir a un aficionado, aunque él niega la acusación.
Según testigos presenciales y videos que circularon rápidamente en redes sociales, un grupo de seguidores —visiblemente alterados por el resultado del juego— cruzó las barreras de seguridad y se acercó de forma agresiva al dugout de Artemisa, lanzando insultos y, en algunos casos, objetos hacia los jugadores.
La situación escaló rápidamente, y varios miembros del equipo visitante tuvieron que ser escoltados por personal de seguridad para evitar confrontaciones físicas.
Aunque no se reportaron heridos graves, el clima de hostilidad generó alarma tanto dentro como fuera del terreno de juego. Horas después, la CNB emitió un comunicado confirmando que ya se encontraba “analizando los hechos” y que tomaría “las medidas disciplinarias correspondientes” una vez concluida la investigación.
¿Qué desató la tensión?
Fuentes cercanas al partido indican que el clima ya estaba “caldeado” desde entradas tempranas. El encuentro era crucial para ambos equipos en la lucha por mantenerse en la zona de clasificación, y varias decisiones arbitrales polémicas —especialmente en la séptima entrada— encendieron los ánimos.
Además, rumores no confirmados sobre supuestas declaraciones previas de jugadores de Artemisa respecto a la afición holguinera habrían contribuido al malestar colectivo.
Posibles consecuencias y precedentes

Foto: Calixto N. Llanes/Periódico JIT
La CNB tiene antecedentes de actuar con firmeza en casos similares. En temporadas anteriores, se han impuesto multas a equipos, sanciones a jugadores involucrados en peleas e incluso suspensiones de partidos a puerta cerrada como medida disuasoria.
En este caso, se especula que podrían aplicarse sanciones tanto a los aficionados identificados —mediante cámaras de seguridad— como a responsables de la organización del evento en Holguín, si se determina que hubo fallas en el control de acceso o en la seguridad perimetral.
Además, el incidente ha reabierto el debate sobre la seguridad en los estadios cubanos, muchos de los cuales carecen de protocolos modernos de gestión de multitudes o sistemas de videovigilancia integral. Organizaciones civiles ligadas al deporte han llamado a una revisión urgente de estas políticas, especialmente en un momento en que el béisbol cubano busca recuperar su prestigio internacional.
El béisbol como espejo social
Más allá del reglamento y las sanciones, este episodio refleja tensiones más profundas. En un contexto de crisis económica y escasez, el béisbol sigue siendo uno de los pocos espacios donde los cubanos pueden expresar orgullo colectivo. Pero esa misma carga emocional puede volverse peligrosa si no se canaliza adecuadamente. La verdadera lealtad a un equipo no se demuestra con gritos ni agresiones, sino con apoyo constante, respeto al rival y defensa del espíritu deportivo.
Mientras la Comisión Nacional de Béisbol avanza en su investigación, la afición cubana observa con expectativa. Lo que ocurrió en Holguín no es solo un problema local; es un recordatorio de que el deporte, en su esencia, debe unir, no dividir.
Esperemos que las medidas tomadas sirvan no solo como castigo, sino como enseñanza. Porque el béisbol, ese ritual casi sagrado en la isla, merece ser protegido —no solo en el campo, sino también en el corazón de quienes lo aman.
