La sombra del mosquito y la promesa de una vacuna inexistente
En enero de 2026, mientras el país enfrenta apagones prolongados, escasez de medicamentos y una ola migratoria récord, el gobierno cubano anuncia una “estrategia proactiva” contra el chikungunya. El arma elegida no es un insecticida, ni una campaña masiva de eliminación de criaderos, ni siquiera una vacuna —que no existe a nivel global—, sino Biomodulina T, un inmunomodulador desarrollado en Cuba hace más de una década.
Según un reporte publicado en Cubadebate, el fármaco, obtenido a partir del timo de pollo, está siendo administrado a “grupos vulnerables” en zonas con riesgo de brote, como parte de una política de “prevención inmunológica”. La noticia destaca que la medida forma parte de un “enfoque integral” frente al virus transmitido por el Aedes aegypti.
Pero en las calles de Santiago de Cuba o en los barrios periféricos de La Habana, donde los contenedores de agua se convierten en criaderos por la falta de suministro constante, la realidad pinta un cuadro muy distinto.
¿Qué es la Biomodulina T y qué dice la ciencia?

Cubadebate
Desarrollada por el Centro de Biomoduladores de la Universidad de La Habana, la Biomodulina T ha sido promocionada durante años como un refuerzo del sistema inmunológico, especialmente en ancianos y pacientes con infecciones respiratorias.
Sus defensores citan estudios publicados en revistas cubanas —y algunos en el extranjero— que sugieren un efecto inmunomodulador moderado. Sin embargo, no existe evidencia científica sólida, en ensayos clínicos aleatorizados y publicados en revistas indexadas de alto impacto (como The Lancet o NEJM), que respalde su uso específico contra el chikungunya.
Peor aún: el chikungunya no se trata con inmunomoduladores. No hay terapia antiviral aprobada. El manejo se basa en alivio sintomático (hidratación, analgésicos) y en la prevención mediante el control del vector. La idea de “prevenir” la infección con un refuerzo inmunológico carece de fundamento epidemiológico.
Mientras se inyecta Biomodulina, los mosquitos proliferan

Cuba Noticias 360
El verdadero problema no es la falta de fármacos experimentales, sino la desarticulación del sistema de salud pública que alguna vez fue modelo en América Latina.
– Desde 2022, los apagones impiden el funcionamiento de neveras para vacunas y sistemas de agua potable.
– La falta de cloro y larvicidas ha debilitado las campañas antivectoriales.
– Los trabajadores de la salud emigran en masa: más de 80,000 profesionales sanitarios han abandonado la isla desde 2021, según estimaciones independientes.
– En 2025, Cuba registró más de 300,000 casos sospechosos de dengue, y el chikungunya —menos vigilado— podría estar circulando en silencio.
En este contexto, priorizar la distribución de un medicamento de eficacia dudosa parece más una medida simbólica que una solución real. Sirve para proyectar la imagen de un Estado “científico y proactivo”, mientras el sistema colapsa desde las bases.
La paradoja de la “medicina cubana”: exportada, pero escasa en casa
Es irónico que Cuba, que exporta servicios médicos y fármacos a decenas de países, vea sus propias farmacias vacías. La Biomodulina T, por ejemplo, se ha vendido en países como Vietnam, Angola y Brasil. Pero en la isla, muchos cubanos no pueden acceder ni a paracetamol.
Y ahora, según fuentes en el sector salud consultadas de forma anónima, la Biomodulina T se está administrando sin consentimiento informado, en campañas masivas coordinadas por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), con el argumento de “proteger a la población”.
Sin transparencia sobre dosis, efectos adversos o criterios de selección, estas acciones bordean la medicalización forzada, disfrazada de protección sanitaria.
La salud pública no se improvisa con fármacos experimentales
Combatir enfermedades transmitidas por mosquitos requiere infraestructura, saneamiento, agua corriente, educación comunitaria y continuidad operativa. No basta con inyectar un compuesto biológico en medio de un apagón.
Cuba tuvo, en el pasado, uno de los programas de control de vectores más eficaces de la región. Pero hoy, ese sistema está en ruinas. Mientras tanto, el gobierno apuesta por narrativas de “resistencia científica” que distraen del deterioro real.
La Biomodulina T podría tener un papel en medicina geriátrica o inmunológica, pero no es la respuesta al chikungunya. Y mucho menos a una crisis sanitaria que tiene raíces económicas, energéticas y políticas.
La verdadera prevención empieza con luz, agua y transparencia
Los cubanos no necesitan más fármacos experimentales. Necesitan que el agua llegue a sus casas sin depender de contenedores que se convierten en criaderos de mosquitos. Necesitan electricidad para refrigerar medicinas. Necesitan que los médicos no se vayan.
Y necesitan, sobre todo, información veraz: cuántos casos de chikungunya hay, dónde circula el virus, qué medidas reales se están tomando.
Hasta que eso ocurra, cualquier “estrategia proactiva” sonará a eco vacío en un sistema que, por más retórica que use, sigue desangrándose en silencio.
